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Música

Virtuosismo didáctico

Virtuosismo didácticoD.N.

Los conciertos que se celebran en Civivox Condestable, algunos domingos y en horario matutino, son un verdadero lujo, tanto por el lugar, dotado de una acústica envidiable, como por el nivel de los artistas que allí se dan cita. Y encima, gratis. El pasado fin de semana le tocó el turno a Mario Mas, excelso músico catalán, maestro de las seis cuerdas, investigador incansable y siempre metido en un sinfín de proyectos. El que trajo a Pamplonafue uno titulado Redonda encrucijada, con el que homenajea a guitarristas de antes de la guerra civil. Conocedor de la historia de la ciudad en la que actuaba, fue engarzando las canciones con breves y jugosas explicaciones, que muchas veces tenían relación con nuestro Sabicas. Es de agradecer que no se limitase a deslumbrar a la concurrencia con su arte como guitarrista, sino que también aportase ese aspecto didáctico. Así, por ejemplo, explicó que la guitarra que había traído, que tenía ciento un años de antigüedad, combinaba cuerdas de distintos orígenes animales (gusanos de seda tripas de cordero), lo que le otorgaba, evidentemente, una sonoridad especial.

CONCIERTO DE MARIO MAS

Fecha: 24/01/2026 Lugar: Palacio Condestable. Incidencias: Sala llena. Setenta minutos de actuación a cargo de Mario Mas (guitarra y voz).

Comenzó con un homenaje a Sabicas y al pueblo palestino, inspirado en la música andalusí, y aquellas melodías nos transportaron a la Granada de Lorca, la misma que embrujó a Leonard Cohen, músico con el que tocó el padre del intérprete que, este domingo, estaba deleitando con su arte al público de Condestable. Terminada esta primera tonada, que hizo las veces de introducción, continuó con Sevillana blues, que tuvo más de sevillana que de blues. El público, que se mantuvo en respetuoso silencio durante toda la actuación, prorrumpió en un espontáneo aplauso ante la velocidad y precisión que alcanzaron los dedos de Mario. Y no solo tocó, sino que también cantó en varias de las piezas, y lo hizo francamente bien, sin excesos ni viguerías, pero con sumo tino.

Volvió a mencionar a su padre, Javier Más, cuando dijo que gracias a él se enamoró del flamenco. Fue cuando Javier tocaba con Raimundo Amador, y a este gitano iconoclasta estuvo dedicada la siguiente, Tanguillo blues. Cabe mencionar que su padre no solo tocó con Raimundo, sino con multitud de artistas como Carlos Cano, María del Mar Bonet o el mismísimo Leonard Cohen. Su progenitor nació en Zaragoza y comenzó en una rondalla, pero había por allí una base militar americana, y eso le hizo descubrir el rock y otros estilos adyacentes. Con todos esos ingredientes, Mario escribió una nana para su hijo, Las dos lenguas de la luna, a modo de árbol genealógico musical de su familia.

El guitarrita continuó asomándose a distintos estilos, narrando historias de otros grandes como Fernando Alonso, Miguel Lloret, Manolo de Huelva o Ramón Montoya, asombrando al público con la adaptación de Candilejas (de Chaplin) o los poemas musicados que cantó (Machado, Cernuda y Lorca, en adaptaciones de Paco Ibáñez). Se despidió con un bis, Vals fandango, después de setenta minutos de actuación. Ojalá vuelva pronto.