Como antes que cine fue teatro, los diálogos de Lapönia saben a caldo curtido. Dicho de otro modo, rebosa de palabras reposadas, bien texturadas. Un enófilo ocasional de catas dominicales, diría que el texto de Lapönia se ha enriquecido gracias a una oxigenación lenta y controlada a través de los poros, no ya de la madera de la barrica, sino de las tablas del escenario. Diría de manera pedante, pero diría de manera acertada. Lo que Serrano obtiene en esta obra que hace de la ilusión y la mentira, de la razón y la fantasía, sus columnas dialécticas, funciona estupendamente por el poder del verbo y por la energía de sus duelos actorales.
A David Serrano (Madrid, 1975) su solvencia en el oficio de la comedia le viene de lejos. En 2002 escribió el guion de El otro lado de la cama dirigida por Emilio Martínez-Lázaro, y desde entonces no para. Dramaturgo, guionista y director, Serrano alterna televisión, teatro y cine –incluido el musical–, escribe y dirige y, como tituló una de sus películas, parece decidido a pasárselo bien.
Lapönia
Dirección: David Serrano Guion: Cristina Clemente y Marc Angelet a partir de su propia obra
Intérpretes: Natalia Verbeke, Julián López, Àngela Cervantes y Vebjørn Enger
País: España. 2026
Duración: 89 minutos.
Si en el escenario Lapönia dejaba satisfecha desde el paraíso a la platea, como propuesta cinematográfica no se queda atrás. Sabedor de que la comedia necesita comediantes con carisma, Serrano los encuentra en Natalia Verbeke, Julián López y Ángela Cervantes. A priori esa selección provoca extrañeza; tras ver la película cuesta trabajo pensar en otros intérpretes. Se cierra la cuadrilla con Vebjørn Enger, un noruego que interpreta a un finlandés y cuya procedencia le confiere a la propuesta el cierre ideal, cien por cien convincente.
El pretexto argumental es simple. Una nochebuena se juntan en las frías tierras del norte europeo, en la tierra natal de Papa Noel, dos matrimonios y sus respectivos hijos pequeños. Solo uno de ellos es de Finlandia, se dedica a inventar juegos, aunque su extraordinaria racionalidad le lleve a haber aprendido correctamente el castellano y a sostener un discurso tan cabal como políticamente correcto. Ellas son hermanas y el marido de la que vive en España se dedica a la enseñanza.
Con solo esos cuatro personajes, los niños apenas tienen presencia, el texto de Cristina Clemente y Marc Angelet, con una sólida carpintería teatral, desarrolla un duelo de comportamientos y actitudes capaz de girar sobre sí mismo y aportar humor y reflexión, empatía y humanidad. Sin pretensiones, Serrano sigue al pie de la letra lo que ésta impone y la sublimación de unos actores bien dirigidos hace el resto. Una suma perfecta.