La sala Corona de Baluarte acogerá este miércoles, 22 de abril, a partir de las 16.00 horas, el segundo programa del foco que Punto de Vista dedica a Alia Syed (Swansea, 1964), diseñado por María Palacios. A través de cuatro títulos creados entre 2014 y 2015, y al igual que con la sesión del martes, el público podrá profundizar en el imaginario de esta cineasta cuyas historias se nutren de realidades personales e históricas para abordar la relación subjetiva con el género, el lugar, la migración y el colonialismo

Viene a un festival en el que se apuesta por dar espacio y tiempo a nuevas miradas. Parece encajar perfectamente con su trabajo, caracterizado por la paciencia y la experimentación. 

–Sí, y me encanta la idea de este festival y su apuesta por poder pensar en las cosas de una forma nueva, distinta. Las primeras impresiones a veces no lo son todo, porque hay veces que creemos que sabemos cosas, pero no las sabemos. Mis películas funcionan en torno a esta idea de cuestionar lo que vemos y cómo lo vemos. Por eso creo que mi obra creo que está alineada con la idea del festival. Encaja bien.

¿Es este festival una manera de resistencia, una declaración política en ese sentido?

–Estos días es difícil saber cómo resistir... Los tiempos en los que vivimos son muy malos. Todo se simplifica cuando la gente piensa en términos binarios. Blanco o negro. Al mismo tiempo, yo sé dónde estoy, pero la situación es difícil... Ahí tenemos el genocidio de Palestina, ahora los ataques en el Líbano; y en Occidente no estamos haciendo nada. También hay desastres ecológicos por todas partes... Cuando era jovencita nunca pensé que podríamos estar viviendo una situación tan oscura como esta. Muchas veces damos demasiadas cosas por sentadas, y deberíamos ser más conscientes de que los derechos y las libertades siempre están en peligro. 

“Damos muchas cosas por sentadas; deberíamos ser conscientes de que los derechos y las libertades siempre están en peligro”

María Palacios ha programado dos sesiones sobre su trabajo, con películas que van desde 1986 hasta 2025. ¿Cómo sienta ver sus películas en retrospectiva?

–Para mí, es interesante ver mi obra desde el comienzo y comprobar cómo se ha ido desarrollando y cambiando. Aunque sigo pensando que hay elementos vinculados a la materialidad del cine, de la película, que me siguen interesando; y lo mismo me pasa con el deseo de contar historias. Esas son las constantes que hay en mi trabajo desde el principio hasta el final. Además, ver las películas en 16 milímetros me emociona. Me apetece mucho estar en las sesiones porque así es como aprendí yo. Así me formé, con cámaras de 16 milímetros. Yo misma procesaba mis películas en la habitación oscura y también las imprimía con una impresora de contactos. Lo hacía todo.

Ha mencionado las constantes que podemos encontrar en su obra, ¿cuáles diría que son los aspectos que más han cambiado?

–Ahora me interesa más la historia. Historias imperiales o imperialistas, migraciones... En los comienzos, mi obra era más personal y ahora se ha abierto un poco más. Creo que la diferencia principal es el interés por la historia, sobre todo por las historias que permanecen ocultas. 

La historia es cíclica, en parte como su cine, en el que a menudo utiliza el recursos de la repetición. 

–Así es, y más si pensamos en lo que está pasando hoy en día aquí, en Europa, pero también en Gran Bretaña. Hemos vuelto a los privilegios de los ricos, de los que pueden pagar. Tenemos una comunidad internacional en la que sus ciudadanos están estudiando Educación Secundaria o yendo a la universidad, y aquí, los únicos que van a la universidad son la élite. Así que solamente formando y educando a los hijos de los ricos. Esa idea de que todo el mundo tiene que tener acceso ha resultado no ser cierta, no se aplica. 

¿A qué se refiere?

–Después de la Segunda Guerra Mundial, en Gran Bretaña el sistema de educación se centró mucho en dar educación y acceso a la clase trabajadora, pero ahora parece que todo eso está desapareciendo de nuevo. Así que sí, todo es cíclico.

Siendo una mujer mestiza, de ascendencia galesa e india y criada en Escocia, Alia Syed nunca ha buscado ser la representación de nadie. Sin embargo, su obra, que es muy personal, a la vez destaca por ser profundamente política. Se ve en su última película.

–Sí. Mi última obra (The Dhaba Chapter One: Mr Sharif) retrata la gran ola de migrantes indios y pakistaníes que en los años 50 y 60 llegaron a Glasgow (Escocia). Para hacerla, entrevisté a personas que trabajaban en el sistema de transportes. Glasgow era industrial, necesitaba mano de obra, pero nadie quería trabajar allí porque se consideraba peligroso. Y como hacía falta gente, la ciudad invitó a personas de India y del Caribe a trabajar. Sin embargo, al mismo tiempo, en Bristol (Gran Bretaña), el alcalde decidió que la buena gente de la ciudad no quería ser atendida por gente de color. En aquel entonces, el término político black se usaba así. Por eso, mientras allí no se les permitía trabajar en los autobuses, en Glasgow se les intentaba atraer. 

¿Qué salió de esas entrevistas?

–Entrevisté a algunas personas de las que llegaron en esa época y a sus descendientes. Me interesaba la transformación y la magia; cómo se transmiten las historias que escuchamos de niños en India o Pakistán. Las personas llevan consigo esas imágenes al lugar donde emigran y crean una especie de idea de magia que los protege y amortigua la realidad. Me atraía saber cómo se van creando y reteniendo esos paisajes.

En sus películas la abstracción está muy presente. ¿Hasta qué punto tienen cierta influencia pictórica?

–Me interesa mucho la pintura. Turner, por ejemplo. Estudié Bellas Artes y empecé por ahí; fui pintora, así que me interesa mucho la textura y eso seguramente se percibe en mis películas.

'Swan' (1986). Alia Syed

¿Cómo se relaciona con esta era digital en la que recibimos miles de imágenes cada día?

–Está claro que hoy en día todo es hipervisible. En cambio, mi obra trata de hacer las cosas menos visibles y mostrar cómo se ocultan y aparecen, como si hubiese una serie de velos que se van levantando para revelar una sorpresa o un cuestionamiento. Sobre mi relación con lo digital... pues no me gusta. Creo que nos vuelve estúpidos tener este suministro constante de imágenes.

Tocar la película, pintarla, manipularla... El celuloide sigue siendo muy importante para usted.

–Así es. Recuerdo que cuando estaba haciendo Priya sumergí y enterré la película en mi jardín para destruir el celuloide. Cuando éramos estudiantes, siempre se nos decía que la película tenía que estar muy limpia para tener la mejor imagen. Después, con la tecnología digital, me di cuenta de que las marcas, los rastros que dejas en la película son valiosos. Frente a la perfección del píxel, el deterioro del celuloide es hermoso.

'Fatima's Letter' (1992). Alia Syed

¿En qué trabaja ahora?

–Estoy editando esas entrevistas que grabé en Glasgow, y voy a empezar a hacer una película en India, que durante mucho tiempo formó parte del proyecto colonial de Gran Bretaña. Pero dentro de la India estaba Hyderabad, de donde procede parte de mi familia. Era un estado independiente de religión mixta, pero con un príncipe musulmán, y no había sido parte del imperio británico. Cuando India se independizó, la invadió. Aquello se llamó Operación Polo y murió muchísima gente. Mi padre me contó esta historia cuando ya era mayor y me interesa porque veo cómo el nacionalismo puede convertirse rápidamente en fascismo. Creo que hay que proteger esa memoria porque la gente que aun recuerda es muy mayor y pronto no estará. Al contar sus experiencias, las proteges.