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Ángel Ruiz

"El cabaret me permite hablar de tragedias desde un lugar de disidencia y encuentro"

El actor pamplonés regresa este jueves, 30 de abril, al Teatro Gayarre con 'El rey de la farándula', un "gazpacho dramático" que “refresca la conciencia, alimenta el intelecto y es sano"

"El cabaret me permite hablar de tragedias desde un lugar de disidencia y encuentro"Javier Naval

Un espectáculo que funciona de puente entre el Siglo de Oro y el presente. Un cabaret barroco con su imprescindible punto de disidencia, toques de humor y foco en las injusticias de la época y la decadencia del poder, tan de ayer y de hoy.

Así define Ángel Ruiz (Pamplona, 1970) El rey de la farándula, una propuesta que escribe, dirige y protagoniza que le ha valido la nominación al Premio Talíade la Academia de las Artes Escénicas de España. En concreto, el próximo 18 de mayo se sabrá si obtiene el galardón en la categoría de actor principal.

De momento, este jueves, 30 de abril, hará disfrutar al público con este cabaret que, a través de la sátira y la sensibilidad, “nos recuerda que el escenario, en todas sus formas, ha sido siempre un espejo de la grandeza y las contradicciones humanas”.

¿Le resulta especial actuar en Pamplona?

–Claro. Pamplona es la ciudad de mi infancia. Además, al Gayarre vengo mucho con mi trabajo y es un lugar al que llega casi toda la producción de España. Para mí tiene algo especial: me asomo por la puerta principal y veo al fondo la imagen de Cristo Rey, que es donde estudié.

No hubo suerte en las nominaciones a los Max de ayer, a los que aspiraba con Mejor autoría teatral, pero sí llega con una nominación a un Premio Talía, y con otro que ya ganó el año pasado con ‘La rosa del azafrán’.

–Efectivamente. La verdad es que no esperaba que me fueran a nominar. Era muy difícil porque había muchos candidatos con trabajos excelentes y autores de larga trayectoria. Lo que me sorprendió y me resultó gratificante fue simplemente haber sido seleccionado como candidato.

" El dolor nos hace humanos, nos permite empatizar y nos aleja de ser máquinas o superhéroes"

Sabe lo que es ganar un Max, ya que lo obtuvo en 2018 con ‘Miguel de Molina al desnudo’, y conoce muy bien la gala porque ha ejercido de maestro de ceremonias en cuatro ediciones. ¿En qué medida ayudan los premios en este sector?

–Ayudan mucho en la promoción; es algo fundamental que ocurre también con los Goya. Se trata de interesar al público para que vaya a las salas. Como artista, supone un reconocimiento a tu trabajo. Si eres desconocido, te prestan un poco más de atención y a veces sale más trabajo, aunque curiosamente, en ocasiones, te llaman menos porque piensan que has subido tus pretensiones. Aun así, mediáticamente es un alivio porque te afianza, aunque la alegría sea un momento emocionante que se olvida pronto para seguir trabajando al día siguiente.

Dada su trayectoria de 35 años sobre los escenarios, ¿puede elegir los proyectos escénicos en los que participa?

–Tengo la suerte de poder elegir, sobre todo porque puedo crear mis propios proyectos. Al tener la posibilidad de seguir el camino de la creación, se abren muchas puertas, aunque también me obliga a decir que no a cosas que me gustaría hacer por falta de tiempo. Por ejemplo, he tenido que rechazar dos propuestas recientes que me apetecía hacer porque me coinciden con mi estancia en el Teatro de la Comedia con El rey de la farándula. ¡Por qué me llamáis todos a la vez! (Ríe) Después de 35 años, poder elegir es un privilegio.

¿Qué tipo de historias le hacen desnudarse y entregarse ante el público?

–Me interesan las historias relacionadas con la injusticia. Todo aquello que deba ser reivindicado me llama la atención. Tanto Miguel de Molina al desnudo como El rey de la farándula tienen eso en común: hechos históricos que requieren una defensa. Cuando noto que algo debe ser contado o defendido, se desata en mí la pasión y la obsesión por llevarlo a cabo.

Ha comentado en diversas ocasiones que los artistas deben mojarse en la defensa de los derechos humanos. ¿Es fácil hacerlo en estos tiempos actuales de ‘prioridad nacional’ y otras barbaridades?

–Nos lo ponen muy fácil porque hay mucho por lo que luchar. Defiendo que el teatro se comprometa; ese es su origen desde la tragedia griega, desde Esquilo y Los persas. Los clásicos hablaban de la parresía, que viene a ser denunciar, ponerse en el lugar del otro y actuar como un espejo para que la sociedad vea sus defectos. El teatro debe ser reflexivo. Quienes defienden que el artista no debe posicionarse, son, a mi juicio, entretenedores, no artistas. El entretenimiento es necesario, pero hay que comprometerse con los asuntos sociales que nos afectan como seres humanos.

¿Le ha pasado factura expresar tus opiniones, especialmente en ciertas comunidades o ciudades?

–No excesivamente, más que nada porque no soy un gran líder de opinión, pero, por ejemplo, con este espectáculo sí lo he notado. Hay teatros a los que sé positivamente que no voy a ir porque no les interesa a sus responsables culturales, muchos de ellos de Vox. Existe una censura y, sobre todo, una autocensura por parte de programadores que tienen miedo a que les rechacen el espectáculo, lo cual es tremendo.

Tiempo de esplendor y decadencia

El reinado de Felipe IV representó el máximo apogeo de las artes en el Imperio español, con figuras como Lope de Vega, Calderón de la Barca, Quevedo y Velázquez brillando en la corte. Sin embargo, también marcó el inicio del declive del imperio, con guerras, corrupción y la decadencia de la Casa de los Habsburgo. En este contexto, surge un personaje misterioso y fascinante, mezcla de actor, cómico, cantante y bufón, que sirve de hilo conductor en El rey de la farándula. A través de este cabaré del Siglo de Oro, este personaje —amante, confidente y espía—transporta al público entre épocas, revelando secretos y anécdotas de la corte de Felipe IV. Con un tono sarcástico, provocador y a la vez conmovedor, nos ofrece una visión humana y emocional del monarca y su tiempo.

Con una estética andrógina y barroca, y acompañado de su inseparable pianista, interpretará canciones renacentistas y barrocas de Monteverdi, José Marín y Juan Hidalgo, además de temas contemporáneos. Recitará poemas de Quevedo e interpretará pasajes de Lope y Calderón, construyendo un espectáculo versátil, vibrante y lleno de gracia, donde el pasado y el presente se funden sin barreras temporales.

¿Cree que el público actual busca reflexión o mero entretenimiento?

–El público de teatro busca reflexión. Entretenimiento ya tenemos de sobra en la televisión y en las redes sociales. Los espectadores busca la verdad, el contacto directo y la autenticidad en un mundo donde la información se manipula constantemente. Por eso las salas están llenas: la gente busca realidad.

En ‘El rey de la farándula’ concentra todas sus pasiones: el Siglo de Oro, la música, el humor y la provocación. 

–Mis proyectos suelen tener esos elementos. El teatro, la música y el humor son básicos para mí porque, por ejemplo, desde el humor es mucho más fácil abordar temas serios, denunciar hechos y conectar con el público mediante el distanciamiento.

En este montaje aborda la decadencia del poder en tiempos de Felipe IV. ¿Existe un paralelismo con la actualidad?

–Efectivamente. Lo más interesante de nuestra profesión es contemporalizar los textos para que apelen al presente. Al investigar la relación entre el poder y el arte en la figura de Felipe IV, me sorprendieron los paralelismos: la corrupción, la censura, la persecuión y la necesidad del poder de servirse del arte siempre y cuando que no sea criticado por él.

Ángel Ruiz, el actor, y su rey de la farándula.

¿Qué puede decirme del vestuario y de la puesta en escena?

–Hemos intentado recrear una atmósfera de clásico contemporáneo. Es un espacio mítico, abierto, ya que la historia no sucede en un lugar concreto, buscando el claroscuro y un carácter de cabaret. Es un espectáculo visualmente delicado gracias al trabajo de escenografía de Beatriz San Juan; del vestuario de Almudena Rodríguez, y de iluminación de Rodrigo Ortega.

Parece que sentirse especialmente cómodo en el formato de cabaret, como si hubiera nacido para ello.

–(Ríe) Sí, porque el cabaret me permite mezclar géneros, romper la cuarta pared y establecer una comunicación directa. Facilita hablar de tragedias desde un lugar de disidencia y encuentro. En este montaje, el cabaret es una herramienta, aunque el formato es muy teatral y requiere una gran parafernalia técnica.

¿Qué han dejado en Ángel Ruiz personajes tan intensos como Miguel de Molina, Lorca o este rey de la farándula?

–Conecto con ellos a través del dolor. El dolor nos hace humanos, nos permite empatizar y nos aleja de ser máquinas o superhéroes. Del dolor sale el sarcasmo. Las grandes obras de la literatura siempre hablan del dolor y de la intolerancia de la sociedad. Ahí es donde surge la intensidad de estos personajes.