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Casa Jenaro: más de 3.000 objetos que hacen brotar los recuerdos

En la era del consumo rápido, la colección de Jenaro Laborra visitable en su casa-museo en Sangüesa muestra que la funcionalidad y el ingenio son atemporales

Casa Jenaro: más de 3.000 objetos que hacen brotar los recuerdosInaki Porto

A Jenaro Laborra (Sangüesa, 1944), el artífice del museo que lleva su nombre, siempre le han llamado la atención las formas de vida de sus antepasados, así como la manera en que se fabricaban los objetos, sus usos y costumbres.

Entrar en su museo, fruto de la pasión de toda una vida por recopilar objetos –se exhiben más de 3.000 que muestra la evolución desde 1850 hasta nuestros días–, no es simplemente hacer un viaje en el tiempo; es reconocerse en los ojos de quienes nos precedieron.

El esfuerzo del trabajo manual

Los objetos que se custodian en Casa Jenaro “no son piezas muertas en una vitrina, sino testigos de una forma de vida que, aunque parezca lejana, sentó las bases de nuestra modernidad”, destacan Jenaro Laborra y Carmen Roncal –el matrimonio que regenta el museo– y su hija Isabel Laborra.

Jenaro Laborra, con una máquina para hacer mantequilla casera de forma manual que se usaba entre 1930 y 1950.

Diecinueve estancias se recrean en este singular museo. La tienda, la antigua taberna, barbería, carpintería, escuela, capilla, laboratorio, dormitorio, cocina; el taller del zapatero, el cuarto de los juguetes, el de la música y el de la costura; la colección de latas de hojalata (más de 1.900), la colección de botones, antiguas máquinas de discos; objetos como un fonógrafo, el primer dispositivo capaz de grabar y reproducir sonido utilizando cilindros, inventado por Thomas Edison en 1877; una máquina para hacer mantequilla casera -y mayonesa- de forma manual que se usaba entre las décadas de 1930 y 1950; o un proyector de cine para niños que data de 1934 y en el que la combinación de imagen y sonido se encuentra en la propia película, y del que hasta sale música, sorprenderán al visitante de esta casa-museo.

Piezas a través de las cuales podemos reconstruir el pulso de otra época: el esfuerzo del trabajo manual, la maestría de los artesanos que daban forma a la materia prima y la calidez de los hogares de antaño.

Herederos de otras manos y otros pensamientos

“A menudo caemos en el error de pensar que vivimos en una era de invenciones sin precedentes. Sin embargo, al observar detenidamente estos objetos, descubrimos una verdad fascinante: la idea original ya estaba ahí”, dice la familia Laborra Roncal.

Proyector de cine para niños que data de la década de 1930.

Muchos de los utensilios que utilizamos hoy en día —desde molinillos hasta sistemas de pesaje— ya habían sido perfeccionados hace siglos. "Lo que hoy consideramos alta tecnología suele ser la evolución natural de un mecanismo manual. Hemos añadido electricidad, microchips y conectividad, pero el concepto básico, la solución al problema cotidiano, nació de las manos de alguien que no conocía el interruptor de la luz", dice Isabel Laborra.

Ver cómo fabricaban sus objetos nuestros antepasados “es entender su capacidad de resiliencia y su respeto por la durabilidad. En un mundo de consumo rápido, estas piezas nos recuerdan que la funcionalidad y el ingenio son atemporales”, destacan desde Casa Jenaro. Un museo que es, en definitiva, un espejo.

“A menudo caemos en el error de pensar que vivimos en una era de invenciones sin precedentes"

Jenaro Laborra . Artífice del Museo Casa Jenaro

“Al mirar estos objetos, no solo vemos cómo vivían ellos y ellas; comprendemos mejor por qué nosotros vivimos como lo hacemos. Es el reconocimiento de que somos, simplemente, herederos de unas manos y pensamientos que comenzaron hace mucho tiempo”.