Colette (Laetitia Casta), profesora de la Sorbona de análisis fílmico, da una clase magistral sobre el significado latente de La ventana indiscreta de Hitchcock al comienzo de Asesinato en la tercera planta. Explica que, cuando Grace Kelly encuentra el anillo de la mujer asesinada y se lo muestra desde la ventana a James Stewart que la vigila con el teleobjetivo de su cámara, el gesto encierra un doble sentido. De eso, del juego de las apariencias y los simulacros abunda este filme tan fervoroso de Hitchcock que incluso recrea uno de sus célebres cameos en un fugaz plano de la película.
Maestro de maestros, Alfred Hitchcock sembró su cine con un ingenioso y deslumbrante artificio que convertía muchas de sus películas en relatos inagotables, en textos susceptibles de segundas y terceras lecturas. Rémi Bezançon, director del filme, al igual que Colette, su protagonista, evidencian alta cinefilia. De hecho, La ventana indiscreta se erige como la pieza clave, aunque no la única, de la que se sirve este homenaje al mundo del genial cineasta británico.
Asesinato en la 3ª planta (Le crime du 3e étage)
Dirección y guion: Rémi Bezançon.
Intérpretes: Gilles Lellouche, Laetitia Casta, Guillaume Gallienne, Isabel Aimé Gonzalez Sola y Jenna Knafo.
País: Francia. 2026.
Duración: 104 minutos.
Han pasado 72 años del rodaje de la película que unió por una sola vez a James Stewart con Grace Kelly. Y Bezançon ahora une a Gilles Lellouche y Laetitia Casta en una parodia de aquella aventura armada por el humor y la ironía. Lellouche y Casta, al estilo de los Michael Douglas y Kathleen Turner de los años 80, se mueven con destreza de funambulista por la insinuación y la caricatura. En cuanto a Bezançon se sube al mismo barco que pilotó el Woody Allen de Misterioso asesinato en Manhattan.
Sin alcanzar el nivel de las películas señaladas, Asesinato en la 3ª planta, sobrevuela por el legado de Hitchcock y transmite la sensación de poder competir con solvencia frente a las adaptaciones del legado de la Aghata Christie de Kenneth Branagh, saga que ha ido languideciendo pese a su buena acogida. La complicidad entre el personaje de Lellouche, una especie de acartonado escritor de novelas policíacas a la vieja usanza, y Laetitia Casta, una dinámica académica entusiasmada con el análisis textual, oxigenan bien un texto que rezuma citas y guiños al legado de Alfred Hitchcock. Y con eso es suficiente porque incluso asumido sin ambición, en las antípodas de los esfuerzos-homenajes de Brian de Palma, aquí todo se convierte en caricatura amable, en cine de fin de semana. No aporta gran cosa, pero provoca sonrisas.