Goya al mejor cortometraje del año de la pandemia, 2021, A la cara ha crecido como largometraje con los mismos protagonistas. Javier Marco y Belén Sánchez Arévalo, director y coguionistas, han vuelto a contar con Manolo Solo y Sonia Almarcha para expandir lo que en apenas quince minutos se mostró como un inteligente relato sobre los acosos en la red y sus consecuencias.
Marco y Sánchez Arévalo han desarrollado lo que en el formato de cuento breve muestra una ejemplar contundencia. Pasar del cuarto de hora a la hora y media obligaba a poner concreción a lo que en su formato breve se movía en cierta abstracción. Recordemos –el cortometraje se puede ver en Youtube de manera gratuita– su argumento.
A la cara
Dirección: Javier Marco.
Guion: Javier Marco y Belén Sánchez-Arévalo.
Intérpretes: Manolo Solo, Sonia Almarcha, Roberto Álamo, Helena Zumel y Mario Zorrilla.
País: España. 2025.
Duración: 95 minutos.
Un hombre de mediana edad y triste vida recibe la visita de una famosa periodista. Lleva tiempo acosándola en las redes y, por su falta de pericia, ha utilizado el mismo nombre para poner en venta la casa familiar. De ese encuentro a la cara surge un intercambio de opiniones que nada tiene que ver con la perversión de los mensajes escritos desde el anonimato y la distancia.
Desnudar esas prácticas de acoso daba a la versión del cortometraje una pertinencia muy oportuna. Sus dos actores principales, Manolo Solo y Sonia Almarcha resultaban convincentes y en la tensión de ese breve (des)encuentro la película justificaba el Goya ganado con méritos evidentes.
En esta nueva recreación, en este cambio de escala, los guionistas han explicitado lo que pertenecía al mundo de lo sugerido. Han dado a los personajes un contexto y han forzado un alargamiento de ese breve encuentro en un triple salto mortal que deja el verosímil en una situación muy delicada. Como la nueva situación planteada ofrece dudas razonables al sentido común, la contención deja paso a la hipérbole; el matiz a lo explícito y el tema central a una subtrama que al avanzar el nuevo relato parece quedarse sin consistencia.
Casi nada ha cambiado Javier Marco con respecto al planteamiento inicial, pero todo resulta diferente, extraño, con rebabas. Con A la cara ocurre lo que pasó con Madre de Sorogoyen y Cerdita de Carlota Pereda. Que, con respecto a sus semillas germinales, las largas duraciones aportan poco y añaden ganga.
No obstante, A la cara, con un Manolo Solo abonado a personajes de cara de palo y mucha tristeza, ofrece recovecos interesantes que diseccionan la crisis de los padres de hoy con hijos en plena adolescencia.