La estructura ósea que sostiene el argumento de Un mundo frágil y maravilloso apenas difiere, en su esencia, de la que armaba el Vidas pasadas (2023) de Celine Song. Pero aquí entre el interés y el amor acontece lo contrario. Por lo demás, su contenido avanza sobre un argumento de gran predicamento en el género romántico: mostrar el amor a través del tiempo. Es decir, estamos ante la promesa de que nos aguarda un buen folletín sentimental.

De hecho, desde Cumbres borrascosas, obra magistral de una Brontë hiperbólica y algo esotérica, ese hilo invisible que teje la atracción de una pareja enamorada desde su infancia hasta su madurez, constituye un ideario o/y una condena. Una agridulce mezcla que depende de cada relato, pero, sobre todo, de quién y cómo lo fabula.

La historia que Cyril Aris (Beirut, 1987) despliega en su primera aventura en el cine de ficción pivota sobre el ruido de fondo de las bombas israelíes y navega sobre el murmullo íntimo de una pareja de enamorados libaneses en tiempo de guerra. O sea, toda su vida desde hace más de tres décadas. Su mala suerte es compartir frontera con Israel y claro está, es de lamentar que, para el gobierno de Netanyahu, el único vecino bueno sea el vecino por enterrar. A ello se dedica, a asesinar con sed bíblica con la complicidad de medio mundo y el miedo de la otra mitad.

Así, con guerra, en medio de estallidos y polvareda, con gemidos y llantos, arranca Un mundo frágil y maravilloso. Con el nacimiento de dos bebés, el mismo día, con apenas unos minutos de diferencia. Provienen de familias muy diferentes, pero ambos son alumbrados en circunstancias terribles, en un conflicto sobre el que Cyril Aris apenas pormenoriza. En realidad, su película reduce el conflicto político y bélico, a un trueno con sordina, una amenaza latente de la que apenas se explica nada.

Un mundo frágil y maravilloso

Dirección: Cyril Aris.

Guion: Cyril Aris y Bane Fakih

Intérpretes:  Mounia Akl, Hassan Akil, Julia Kassar y Camille Salameh.

País: Líbano, Alemania y Arabia Saudí. 2025.

Duración: 110 minutos.

A lo largo de más de tres décadas, en ese mundo bello y triste, el director libanés desgrana la historia de Nino y Yasmina. Él regenta un restaurante familiar, un espacio de encuentro y gozo que año a año se vacía. Ella es una reconocida ejecutiva cuya empresa también da señales de debilidad conforme avanza la historia. Ambos representan el Tú y yo de un love story corroído por la tragedia. Como en la reciente Todo lo que fuimos de Cherien Dabis, asistimos a un nuevo testimonio cinematográfico de las víctimas inocentes del miedo israelí y su ira divina.

Líbano como Palestina, aparece como el objeto de deseo de las ambiciones expansionistas de los hijos de Sión. Allí la vida vale poco y, poco a poco, sus habitantes se saben condenados a elegir entre el exilio –los que puedan– o la muerte y la pobreza.

Aris, formado en Bellas Artes por la Universidad de Columbia, hasta ahora se había distinguido por su cine documental. Películas de no ficción como The Swing y Dancing on the Edge of a Volcano preceden a esta película coescrita junto a Bane Fakih y, en la que se ha dicho, que Cyril Aris ha proyectado algunas vivencias propias.

Con ellas como sostén emocional, Aris se mueve con cierta dificultad en su primera mitad en su conjugación entre humor, romance y melodrama. Temeroso quizá de que el trasfondo político, la voz de las armas, oscurezca demasiado su historia de amor, Aris aplica un indisimulado toque de comedia gruesa. Contada en saltos temporales, con idas y venidas, lo que esa obra del Líbano muestra crece sobre los encuentros y separaciones de sus dos principales protagonistas.

Mientras Mounia Akl y Hassan Akil asumen la identidad de los amantes en la edad adulta, con eso que antiguamente se llamaba química, los jóvenes actores que los representan en la niñez, no les van a la zaga. Alimentado por interpretaciones convincentes, el filme trata de moverse con la frescura con la que cineastas como el iraní Asghar Farhadi muestran en sus retratos sobre gentes anónimas.

Con esa espontaneidad, Un mundo frágil y maravilloso, en sintonía con su título, avanza a lomos de un proceso dialéctico en cuyo devenir, las sombras de la decadencia y la miseria, dibujan una sociedad en descomposición, un mundo que se resquebraja hasta el punto de poner en peligro incluso el férreo amor de una pareja de cine. Una pareja como las de antes, de esas que, al decir de María Dolores Pradera, se quieren tanto que “ya no se estilan”.