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Cristina Moreno VitasPremio a la Promoción del Talento Artístico de Navarra 2026

“Cada vez acudimos más a ChatGPT para que piense por nosotros, y eso es muy triste”

La ilustradora tudelana recibirá este miércoles, 3 de junio, el Premio a la Promoción del Talento Artístico del Gobierno de Navarra por “su capacidad para tratar temas sociales con ironía y cercanía”

“Cada vez acudimos más a ChatGPT para que piense por nosotros, y eso es muy triste”Iban Aguinaga

“Muy agradecida” con el reconocimiento que le ha concedido el departamento de Cultura, ya planea su novela gráfica Caparazón de cristal, en la que empleará los 10.000 euros del premio. La libertad para imaginar mundos es una más de las herramientas que utiliza Cristina Moreno Vitas(Tudela, 2000) para expresar sus inquietudes, que son las de toda una generación. Quizá pronto exponga en el Salón del Cómic de Navarra. “Ojalá”, desea.

¿Cuándo y cómo recibió la noticia de que había sido reconocida con este premio?

–Me llamó Iñaki (Apezteguía, director general de Cultura) el miércoles (20 de mayo) y me lo comentó. Recuerdo que me sentí como en una nube, pero tenía que guardar el secreto y solo se lo podía contar a tres personas máximo, así que se lo conté a mi pareja y a mis padres. Y ya el viernes a las 12.00h pude difundirlo.

¿Por qué decidió presentarse a este premio?

–Me mandó la convocatoria mi hermano. Yo había visto que lo había ganado Celia Carrasco, a la que conocí de pequeña cuando íbamos a clase de flauta; leí las bases y vi que no había que presentar algo nuevo, sino una memoria para que pudieran valorar la trayectoria. La hice y la presenté, aunque la verdad es que tenía cero confianza en que me fueran a elegir. Fue una sorpresa.

¿Por qué es importante para las/os artistas jóvenes que existan este tipo de convocatorias, becas o premios que se centran en respaldar proyectos?

–Porque, muchas veces, cuando te enfrentas al mercado laboral no hay oportunidades desde la individualidad. La cultura es muy importante, es la base de la sociedad, lo que cimenta nuestra colectividad. Sin embargo, por un lado no se valora, y, por otro, no hay trabajo suficiente. Por ejemplo, laInteligencia Artificialafecta en muchos sentidos; ahí está la denuncia que ha hecho Paco Roca de que una Feria del Libro le ha copiado con IA el cartel que hizo para la Feria de Valencia. Desde este tipo de programaciones se debería fomentar la cultura local, pero no se hace.

¿Y no le parece que la cultura es ahora incluso más importante que nunca, en un momento en que vivimos deprisa, metidos en el móvil, sin tiempo ni espacio para pensar?

–Y no solo por la aceleración de la vida, sino porque cada vez acudimos más a ChatGPT, a Gemini o al buscador que prefieras para que piense por nosotros, y eso es muy triste. La imaginación no se valora lo suficiente, cuando es la base del pensamiento crítico. Una IA está volcada en un análisis de lo que ya ha pasado, pero el pensamiento humano se vincula al futuro y a las posibilidades que ofrece ese mañana. Si queremos pensar en un futuro mejor,tenemos que comprometernos individualmente.

“En esta sociedad, la imaginación no se valora lo suficiente, cuando es la base del pensamiento crítico”

¿Cómo se inició Cristina Moreno Vitas en el mundo del cómic y de la ilustración?

–A los 8 años empecé a ir a clases al estudio de pintura con Susana Ramos, en Tudela, y desde entonces no he dejado de pintar. Me decanté por esto porque sentía que el conservatorio de música era más académico, mientras que el estudio de pintura era más libre y daba más rienda suelta a la creatividad. Luego estudié Historia del Arte en la Complutense. Ahí me di cuenta de lo importante que es conocer nuestro pasado desde el punto de vista del arte. Después me formé en Ilustración, porque sabía que ese era mi campo. En ese tramo entre unos estudios y otros di mis primeros pasos y expuse en alguna galería, pero cuando más me embarqué en mis propios proyectos fue al terminar mi formación. Mientras trabajaba en una librería de cómics hice dos fanzines.

‘La sociedad de las ratas’ y ‘Vida galleta’.

–Eso es. Presenté un proyecto a una convocatoria editorial y me publicaron La sociedad de las ratas. Luego, de manera autoeditada, publiqué Vida Galleta. A la par, presenté este último trabajo al festival de Puwberty de La Casa Encendida y gané el Premio Bandeja de Entrada. Y como pedían algo de artes vivas y yo hacía fanzines, planteé una charla y un taller donde montamos un salón entero en el Laboratorio de La Casa Encendida. Colgamos carteles que criticaban la situación de la vivienda bajo una premisa: ‘Este es mi salón, pero ¿bajo qué coste lo está siendo?’ 

'La sociedad de las ratas'.

La temática social está muy presente en su trabajo. Cuando anunciaron el premio, dijeron que representa la voz de una generación preocupada por una serie de problemáticas como la de la vivienda, por ejemplo. 

–Es lo que me sale casi inevitablemente, porque soy joven y me preocupa lo mismo que a otros jóvenes. Todo está atravesado por el mundo que nos rodea. Incluso en La sociedad de las ratas, que es ficción, se refleja la condición de estar vigilados y cómo nuestra privacidad mengua con las redes sociales. El humor también es muy generacional.

¿Cómo definiría ese humor?

–Un poco absurdo, pero a la vez crítico e inevitablemente irónico, porque se mete con la situación actual. En Vida Galleta, el casero se llama Bizcochito de limón, un nombre que le hace parecer muy inofensivo, pero al final les está duplicando el alquiler. Es llevar la metáfora al extremo para destacar la crítica.

“Para mí, el arte no es algo intocable; intento jugar con él sin miedos ni prejuicios, disfrutarlo y que el resto disfrute”

En su página web destaca que se ha decantado por la ilustración editorial. 

–Cuando estudiaba Ilustración era lo que más me llamaba, aunque pensaba que era lo más difícil para dedicarse a ello. Al terminar, me contrataron en la librería de cómics y pensé ‘tengo que tirar por ahí. Si no me contratan como ilustradora, me creo yo mis historias y las voy publicando hasta ganar la visibilidad suficiente para vivir de esto’. En ese sentido, este premio va a ser un gran impulso para seguir creando y publicando y espero que, después de un tiempo, pueda mantenerme con mi trabajo, porque ahora no me da un sostén mensual. El respaldo institucional es importante.

¿Cómo calificaría su ilustración?

–Mi ilustración ha cambiado mucho de estilo. Al principio era realista por lo que aprendí en el estudio de Susana, pero en los últimos años hago una ilustración donde no hay realismo, aunque tampoco es abstracta. Siempre quiero comunicar algo y a la vez me gusta imaginarme mundos, como un laboratorio de ratas o galletas de alquiler. Intento no limitarme. Para mí el arte no es algo intocable; intento jugar con él sin miedos ni prejuicios, disfrutarlo y que el resto disfrute. Cuando estudié Historia del Arte sentí que había una sacralización elitista en torno a los circuitos artísticos. Me interesé por el cómic porque creo que está fuera de ese elitismo y es mucho más libre. 

En ese sentido, ¿cuáles diría que son sus referentes actuales?

–Tengo muy presente a María Medem. También aBea Lema, que con El cuerpo de Cristo, me hizo pensar: ‘Si se puede hacer un cómic con bordados, ¿por qué no con galletas?’ A nivel temático, para Caparazón de cristal, me están ayudando mucho Brunilda en La Plata, de Genis Rigol.

'Vida Galleta'.

En los últimos años están destacando mucho las mujeres dentro de la novela gráfica, el cómic y la ilustración, arriesgándose con temas que antes no se llevaban a estos formatos. ¿Por qué cree que es así?

–A mí me alegra, pero no me sorprende. En Historia del Arte éramos el 95% mujeres, y en Ilustración, más de lo mismo. Lo raro era lo de antes, que los únicos que triunfaran fueran los hombres. 

La preocupación por la pérdida de la intimidad y de la privacidad en el mundo virtual es una constante en

su obra. ¿A qué se debe?

–Sobre eso hice mi primera exposición individual en Tudela, Conexiones inconexas, que trataba sobre las relaciones interpersonales atravesadas por Internet. Yo soy nativa digital, pero las redes sociales me llegaron un poco más tarde y notaba cómo influían en nuestra forma de ser y de relacionarnos. En mis fanzines abordo este tema desde el humor, pero pretendo que sea una reflexión. Vivimos con una disociación entre la realidad de tú a tú y las pantallas. En persona no te faltaría al respeto, pero bajo la máscara del anonimato mucha gente se ve con la potestad de machacarte sin piedad. Esto antes no pasaba. Las redes exacerban todo; intensifican las conductas, haciendo que el reservado sea más reservado y el extrovertido lo sea aún más.

¿Teme que la IA quite el trabajo a ilustradoras y ilustradores? 

–Nos lo quitará en la medida en que a las empresas u organismos no les interese la autenticidad. Los organismos públicos que ahora recurren a la IA para hacer carteles de ciertas fiestas o de ferias son los mismos que antes hacían concursos con bases indignas, ofreciéndote “invitaciones a festivales” en lugar de un pago justo. Yo no quiero ir a un festival gratis, quiero que me paguen y vivir de lo que hago. Además, las imágenes que hace la IA por ahora son homogéneas, estandarizadas y planas. a IA no tiene un criterio formal, compositivo ni técnico porque no es humana. Y espero que no llegue a tenerlo, porque, entonces, sí que nos quitará el trabajo a todos.

¿En qué va a emplear los 10.000 euros del premio? 

–Llevo bastante tiempo planeando una novela gráfica llamada Caparazón de cristal e inspirada en el mito de Apolo y Marsias. Habla sobre los procesos creativos y sobre una pregunta que los artistas se han hecho a lo largo de los siglos: el origen de la creatividad; de dónde viene esa chispa. El mito no se expone de manera explícita o divulgativa, sino intrincado en la trama. Lo voy a hacer con gouache, que es una técnica tradicional. Ahora estoy buscando editorial; tengo una entrevista pendiente, pero todavía no hay nada fijo.