Este domingo, Deep Purple y Burning en el Navarra Arena. Noche de clásicos…
–Sí, totalmente. Oro, oro auténtico. Para nosotros es un placer ir a Navarra, a Pamplona, que es una ciudad que ama el rock, lo sabemos porque nosotros llevamos cincuenta años en esto y hemos visitado vuestra tierra un montón de veces. Allí se siente especialmente el rock and roll. Siempre son conciertos muy auténticos. Hemos tocado en salas y también en algún San Fermín y siempre muy bien, muy animado. Tengo muy buenas sensaciones cada vez que subo a Pamplona. Y esta vez con la guinda de Deep Purple. Estoy en el ajo desde el 74, que es cuando empezó Burning, pero antes de empezar con el grupo ya estaba enamorado y vivía intensamente la música. Cómo no, cayó en mis manos aquel Machine head tan legendario, con aquella portada tan rara, pero con esas canciones que aún las sigues poniendo y dices, joder, macho, qué bien lo hicieron. Creo que ese y el Made in Japan fue su cúspide.
¿Le marcaron esos discos?
–Esos dos discos marcaron a todo el se dedique a esto del rock and roll. Me acuerdo de que los compré y flipaba. Además, había un grupo en nuestro local de ensayo que ya eran más mayores que nosotros, tocaban más, y hacían todo el álbum. Nos quedábamos allí viéndoles, tengo muy buenos recuerdos. Tocar con Deep Purple en el Navarra Arena puede ser bestial. El día anterior ya tocamos con ellos en el festival Músicos en la Naturaleza, en Ávila; ese será el primer encuentro. Lógicamente, no me lo perderé; quiero decir que estaré ahí entre bambalinas, viéndoles tocar, porque todas esas canciones que se te meten dentro del corazón y del cerebro, cuando tienes 15 o 16 años, perduran para siempre. Eso que vives las primeras veces se sigue manteniendo en tu cuerpo toda la vida.
Para los aficionados a la música, Deep Purple son una auténtica leyenda. Cuando uno lleva 50 años en esto, como es el caso de Burning, y ha coincidido con tantas bandas, ¿sigue manteniendo esa mirada un poco mitómana?
–Absolutamente. Tenemos una sensación de respeto, de ilusión, de emoción. Te comentaba hace un momento que cuando te ocurre algo así, cuando tienes poca edad y son las primeras canciones que no paras de oírlas, porque cuando te comprabas aquellos discos, te sabías hasta la última coma, quién colaboraba… las tarareabas durante todo el día. Desde el más absoluto respeto y emoción te digo que para nosotros es una suerte estar ahí con esta gente y la gente que vaya a verlos. Va a ser una noche redonda, con todo su legado musical y también el nuestro, desde otro sitio, desde España, pero nosotros también abrimos camino, de alguna manera, desde hace cincuenta años con algunas canciones clásicas que todo el mundo conoce y que seguimos tocando. Uno, cuando elige ser músico, lo es para toda la vida y se siente muy orgulloso de lo que hace. En las bandas hay momentos que arañas el cielo y otros que besas el infierno. Ahora mismo Burning está en un gran momento. Tengo unos músicos envidiables, la banda está cañón y tocar en el Navarra Arena, con esta gente tan grande… es un planazo, yo no dudaría en asistir, desde luego. Y como te digo, veré a los Purple, desde luego.
“Burning está en un gran momento. Tengo unos músicos envidiables, la banda está cañón y tocar con Deep Purple es un planazo”
Desde sus comienzos, Burning ha respetado mucho la liturgia y la mitología del rock’n’roll. Siempre han venerado a los Stones, a Lou Reed, a Bowie, el glam… ¿Le da vértigo saber que otros que han venido después ven en Burning lo que ustedes veían en esas referencias?
–Qué grande, cómo sabes que soy muy de los Stones, muy de Lou Reed, muy Bowie… es verdad, tío. Como decía Pepe Risi: oros, copas, espadas y bastos; estos son los cuatro palos. Efectivamente, a mí me da un poco de vértigo. Prefiero seguir mi camino, no mirar ni a un lado ni a otro. Lógicamente, nosotros hemos mamado de toda esta gente que has citado, hay aromas que se quedan en tus canciones. Cuando compones, queda un poso de lo que has escuchado. Sabemos que, por edad, estamos de los primeros, pero no me he parado mucho a pensar en esta historia de que somos míticos o leyendas. Prefiero mirar al futuro, aunque es inciertísimo siempre, y no dejar de intentarlo. Nuestro destino es el próximo escenario, la siguiente canción, que esté de puta madre, y seguir viviendo esta locura tan maravillosa que es el rock and roll.
Siguiendo con esos cuatro palos de los que hablaba Risi, ¿cree que en la actualidad se van a forjar leyendas del calibre de aquellos Bowie, Stones y demás?
–No lo sé. Lo que sí sé es que no estoy muy conectado con la música que más se promociona hoy en día, la que llena los estadios y todo eso. La conozco, la oigo, pero yo estoy con lo mío, con mi trozo de tarta, con mi trozo de música. Estoy satisfecho. Sobre lo que preguntas de si surgirán más mitos de ese calibre… intuyo que no. Me da la impresión de que las cosas ya no se disfrutan, no se aprecian. Ya no le dedicamos el mismo tiempo que antes a escuchar un disco, ahora todo va muchísimo más rápido e incluso pueden caer en tus manos grandes obras maestras y hay tal aluvión de cosas que casi no te das ni cuenta. Tienes que andar muy fino para dar con las joyas que hay por ahí. Va todo demasiado deprisa y lo que más se promociona no me interesa demasiado, la verdad.
Decía que su destino siempre es el próximo escenario y la próxima canción. ¿Qué me puede contar de eso? El último disco, que lo firmó como Johnny Burning, es de 2020…
–Pues efectivamente, no se puede apartar la figura de Johnny Burning del grupo Burning. Soy el que hace las canciones, tienen ese marchamo. Después de llevar cincuenta años en la banda, ¿a qué otra cosa van a sonar que no sea a Burning? Aquello fue como dejar que la locomotora descansara, pero en realidad no tiene ningún sentido. Era como diversificar un poco, hacer un pequeño lío a la gente. Al final decidí seguir con lo que todo el mundo conoce. Como dicen los americanos, si algo funciona, no lo toques. Estamos preparando un disco que hemos grabado en directo por nuestros cincuenta años. Lo grabamos en una sala de Madrid, en la Riviera. Fue un concierto mágico. Llevamos alrededor de tres mil conciertos desde que empezamos y en nuestro camino, en el camino, como diría Kerouac, ha habido noches estupendas, magníficas, maravillosas. También ha habido noches de desastre. Una de las noches más mágicas fue este concierto de cincuenta años, con una serie de invitados. Tuvimos la suerte de haberlo grabado, está con una emoción y una pasión y una autenticidad increíble. En poco tiempo tendremos noticias al respecto.
Deep Purple tiene su ‘Smoke on the water’ y Burning tiene su ‘Qué hace una chica como tú en un sitio como este’, entre otros muchos clásicos. ¿Sus canciones favoritas de Burning coinciden con las preferidas del público? ¿Podría elegir una canción de Burning?
–Pues te lo diré en la misma noche del concierto, porque las canciones tienen vida propia y según se interpreten, según estén los músicos, según sea el sitio, el equipo, el técnico de sonido… Será ese territorio que yo llamo mágico, que ocurre pocas veces. Cuando acabe el concierto podré decirte: esta noche ha sido esta. l