Dos noticias de ayer. 1. Dice un club de la regional asturiana (San Luis de La Nueva) que “no condena” la agresión de un jugador suyo al árbitro porque sus decisiones “propician este tipo de comportamientos”. Les faltó poco para añadir “Más le tenía que haber sacudido”. 2. El entrenador del Mérida de Primera RFEF es expulsado por zarandear al médico de su propio equipo, que se negaba a dejar volver al campo a un jugador que había sufrido un golpe en la cabeza...
Quienes dicen que el fútbol es un sentimiento se quedan muy cortos, porque lo que vemos es que es un catalizador de todos ellos. Y según se van acercando los momentos claves de la temporada –los de conseguir o no los objetivos deportivos–, el sentimiento de la crispación se dispara y la gente hace cosas inverosímiles por desaforadas.