Agónica y vital victoria

El Helvetia Anaitasuna se sobrepone a un final con lesiones, exclusiones y suspense y amarra los dos puntos ante un Valladolid con el que amplía la distancia en la tabla

06.03.2022 | 00:35
Ibai Meoki, que se retiró en el tramo final con su tobillo izquierdo lesionado, busca la portería rival ante la defensa de Freitas (i) y Fischer.

Helvetia33

Valladolid32

HELVETIA ANAITASUNA (16+17) Juan Bar (portero), Edu Fernández (4), Ganuza (2), Meoki (5), Aitor García (2), Mikel Redondo (1) y Del Arco (5) –siete inicial–. También jugaron Cancio (portero), Bazán (1), Etxeberria (1), Chocarro (5, 4p), Pereira (5), Bonanno (2) y Ortiz.

RECOLETAS ATL. VALLADOLID (13+19) César Pérez (portero), Borja Méndez (3), Ramos (5), Miguel Martínez (6), Jorge Serrano (10, 8p), Fischer y Miguel Camino (2) –siete inicial–. También jugaron Yeray Lamariano (portero), Dani Pérez (1), Patrianova (2), Álvaro Martínez (3), Basualdo, Manu García, Freitas y Pisonero.

Marcador cada cinco minutos 3-4, 4-5, 7-8, 9-9, 12-10, 16-13 (descanso); 20-18, 22-22, 27-24, 31-27, 32-30 y 33-32 (final)

Árbitros Roberto Carlos Mendoza y Juan Pablo Visciarelli (Andalucía). Excluyeron a Bonanno, Pereira, Aitor García, Bazán y Chocarro por los locales; y a Méndez por los visitantes.

Pabellón Anaitasuna. Antes del partido , miembros de la Asociación Alas de Ucrania recibieron el cariño y el respaldo del público y de ambos equipos tras la invasión rusa.

Tardó demasiado, pero por fin el Helvetia Anaitasuna pudo cantar victoria en La Catedral y lo hizo en un partido al que no le faltó de nada, incluido un final casi de película, de infarto, con tensión, donde los navarros hicieron frente a todo tipo de adversidades, pero cuya resolución fue la más satisfactoria: dos puntos vitales, ante un rival como el Recoletas Valladolid, al que hunden en la tabla mientras asoman la cabeza por la parte bonita de la clasificación.

No es de extrañar la explosión de júbilo que se vivió en la pista cuando sonó la bocina final. Al Helvetia se le acumularon las desgracias en los instantes finales. Primero, con la lesión de Ibai Meoki, pieza clave del equipo, que a falta de cuatro minutos se retiró con su tobillo izquierdo dañado; le siguió la exclusión de Antonio Bazán y también la de Carlos Chocarro, que propició un golpe franco para los pucelanos a escasos segundos del desenlace, con el 33-32 en el marcador, y que acabó desbaratado gracias a que Juan del Arco, cual centinela, se opuso entre el lanzamiento de Freitas y la portería de Cancio. No hubo gol y el triunfo se quedó en casa, donde no se ganaba desde el 8 de diciembre.

Hasta que eso ocurrió, hubo que sudar. Valladolid no lo puso nada fácil, inmerso como está en la lucha por eludir el descenso, y con Méndez dirigiendo desde el central, César Pérez asomándose por momentos y apoyándose en un excelso Jorge Serrano –anotó diez goles, ocho de ellos desde los 7 metros– no se despegaba del partido. Anaitasuna, por su parte, no atinaba en algunos lanzamientos, pero la aparición de Juan Bar en la portería supuso un revulsivo. Cuatro paradas del meta argentino, junto a la eficacia ofensiva de Pereira y Meoki, propiciaron un 4/0 de parcial que obligó a Pisonero a pedir tiempo muerto (12-9, m.23). El Valladolid intentó reducir distancias, pero se topó con un Helvetia con confianza, que se iba con un 16-13 al descanso.

El equipo pucelano reaccionó tras el paso por vestuarios, sustentado en buena medida por la eficacia de Serrano desde los 7 metros, donde seguía intratable. Aunque redujo la brecha (20-20, m.36), la salida de Marcos Cancio en l a portería supuso todo un revulsivo para los navarros. El asturiano comenzó a parar, Pereira, Del Arco y Meoki se contagiaron en ataque y el marcador comenzó a romperse (29-24, m.48).

Sin embargo, el cambio defensivo del Valladolid, a un 5/1 y por momentos a un 4/2, hizo mucho daño al Helvetia. No encontraba con comodidad el pase, la finalización, el tiro, lo que aprovechó su rival para acercarse con peligrosidad. El partido entró con un 32-30 en los últimos cinco minutos, donde se produjeron todo ese cúmulo de adversidades en forma de lesiones y exclusiones. El Valladolid, con esa última posesión para empatar, atacó con siete. Anaitasuna se defendía con cuatro. Y Del Arco se erigió como héroe, impidiendo la igualada, y amarrando la victoria para los suyos.

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