Osasuna: Leandro Villafranca: El venerable hincha rojo obligado a cavar su tumba

Leandro, aficionado rojillo y padre del directivo de José Javier Villafranca, solía acompañar al equipo en sus desplazamientos. En 1936 fue fusilado en Barcelona, no sin antes ser obligado a cavar su propia tumba

21.05.2021 | 08:38
Montaje de Leandro en primer plano

Aunque su paso por la directiva osasunista fue fugaz (sólo tres días), Leandro Villafranca (Aoiz, 1871-Urroz, 1936). fue uno de los más fieles seguidores y animadores del equipo rojo. En su faceta pública, fue todo un referente en la política progresista navarra: liberal de joven y republicano de izquierdas de mayor. Esta militancia le llevó a la muerte, y de una forma que no se puede calificar más que como estremecedora. No fue el único osasunista de la familia, su hijo José Javier, directivo del equipo, solía acompañar al equipo en los desplazamientos.

Los Villafranca, una familia liberal progresista


José María, el padre de Leandro, era sargento del Ejército y participó en la sublevación del General Prim contra la Monarquía de Isabel II. La intentona fracasó, siendo fusilados 76 sargentos que habían tomado parte en la revuelta. Jose María sorteó la pena capital pero fue trasladado a Filipinas. A su regreso, se casó con Josefa Los Arcos y se instalaron en Aoiz, donde fue alcaide de la prisión. Tuvieron nueve hijos e hijas y al fallecer Jose María, la viuda se trasladó a Pamplona con los hijos. Un estanco en la Plaza del Castillo no fue sustento suficiente por lo que decidieron trasladarse a Barcelona a principios de siglo, donde continuaron con la tradición liberal progresista y democrática del padre. Pero aún avanzaron más, acercándose a la vanguardia política, los movimientos de renovación pedagógica, la Escuela Moderna y el movimiento libertario, relacionándose con líderes revolucionarios como Ferrer y Guardia. Años después, algunos de ellos se aproximaron al trotskismo y personalidades relevantes como Andreu Nin. Estas amistades ayudaron también en el futuro a su señalamiento y persecución.

Técnico de Hacienda y figura del liberalismo navarro


Leandro nació en Aoiz en 1871, siendo el único de los hermanos que permaneció en Navarra, pues el resto se trasladó a Barcelona. Estudió en el Instituto Bachiller Normal de Pamplona. En julio de 1885, la publicación Lau Buru dio cuenta de su sobresaliente en ciencias y de que fue el único graduado de Bachiller.

Se casó con Camino Alfonso en julio de 1898 en Irurtzun, de cuyo matrimonio nacieron dos hijos, José Javier y María Luisa, que falleció al año de nacer. Por esas fechas lo encontramos trabajando en la Administración especial de Hacienda de Navarra. Años más tarde, se desempeñó como comerciante, comisionista, representante, agente de negocios y exportación, sin que tan variada actividad le reportara beneficios dignos de señalar. En 1903 el periodista Canuto Mina Guelbenzu lo señala a través de las páginas del Diario de Navarra diciendo que es funcionario de Hacienda y que se halla envuelto en algún fraude. ¿Acusación real o impostada? No lo sabemos. En cualquier caso, Leandro continúa trabajando dentro de la Administración. En abril de 1905 el Diario Oficial de avisos de Madrid lo adscribe a la depositaria de pagaduría de Navarra con cuatro años de servicios a la casa y seis al Estado. Encontramos pequeñas referencias a su figura en el mismo medio en 1909 como inspector de Hacienda cesante en Tenerife e inspeccionando las cuentas municipales de Arguedas al poco tiempo. En 1914, de nuevo Canuto Mina Guelbenzu, en lo que parece ya una persecución que raya en lo personal, arremete contra Leandro como representante en Navarra del partido liberal, algo que "no se puede permitir". Le llama profeta.

Las referencias a nivel profesional van cambiando: En 1915 aparece como inspector de la Mutual franco-española. En 1918 supernumerario en los Jurados de Aoiz. Años después, en 1924, inspector de los secretarios de los ayuntamientos del valle de Larráun, por designado por la Diputación. Es por estos años cuando fallece Camino, su mujer. En 1930, la Diputación lo nombra inspector de la gestión del Ayuntamiento de Lecumberri.

En las memorias de Fermín Pascal, nieto de José Orradre, que fue amigo de Leandro, cuenta cómo gracias a su intermediación consiguió vender parte de su ganado y regularizar algunas deudas con las que obtener el dinero suficiente para pagar el pasaje de siete de sus once hijos a Estados Unidos. Además de hacer frente a las dificultades económicas propias de la época en la montaña navarra mediante la emigración, evitaron también la realización del servicio militar obligatorio, provocando la furia del comandante de la Guardia Civil del puesto, que perdió cinco reclutas.

Liberal del Frente Popular


A sus ocupaciones sumó también la de redactor en El Liberal Navarro y el Heraldo de Navarra. Asimismo, comenzó a colaborar en política de la mano del diputado y senador liberal Valentín Gayarre (sobrino del famoso tenor roncalés Julián Gayarre), y más tarde con Joaquín Iñarra (alcalde de Pamplona en 1923). En la prensa de Madrid aparecía como candidato a liderar el Partido Liberal en Navarra con los romanonistas. Según el historiador García-Sanz, la relación familiar de su hermana Soledad con el anarquista Ferrer i Guardia y otras conexiones familiares con movimientos revolucionarios, no le ayudaron demasiado. Posteriormente fue evolucionando hacia el republicanismo, lo que ocasionó que definitivamente gran parte de la sociedad pamplonesa le manifestara su animadversión. Anticlerical, emparentado con Ferrer i Guardia, republicano. Lo tenía todo en una sociedad ampliamente tradicional.

Conferenciante, en marzo de 1933 pronunció una conferencia sobre "El problema de la Tierra" en las Escuelas de San Francisco en el marco de las "Conferencias culturales" organizadas por la Casa del Pueblo de Pamplona y la Asociación de Trabajadores de la Enseñanza. El semanario Trabajadores!!, invitaba a asistir a la misma a los obreros manuales e intelectuales.

En septiembre de 1935 firmó una solicitud en el Gobierno Civil junto a su hijo Jose Javier, Ramón Bengaray y Eucario Redín para establecer una sección de la Liga de los Derechos del Hombre en Navarra, cuyo presidente era Miguel Unamuno. La asociación había logrado ser reconocida como organización consultiva de las Naciones Unidas para promocionar la cooperación y desarrollo económico, social e internacional. La sede en Pamplona se estableció en el propio domicilio de Leandro. Varias coincidencias entre los cuatro, la relación con el fútbol: Jose Javier y Ramón directivos de Osasuna, habían practicado fútbol amateur; Eucario era árbitro de la Federación Navarra de Fútbol y Leandro, aunque descartamos su pertenencia a la dirección del club rojo, además de socio, estuvo muy implicado en la actividad del club. Así nos lo ha contado muchas veces su nieto Txomin, que escuchó muchas anécdotas de su abuelo por boca de su madre. Curiosamente, o no tanto, los cuatro miembros de la Liga compartieron militancia izquierdista en el Frente Popular y terminaron asesinados o desaparecidos en diferentes circunstancias tras el golpe. Ramón Bengaray estampó su firma como presidente del Frente Popular, y García-Sanz señaló también en su día que Leandro había ocupado parecida jefatura.

Los Villafranca y el fútbol


Txomin Villafranca nieto de Leandro e hijo de Jose Javier cuenta que su padre marchó a estudiar a Barcelona junto a sus tíos. De joven debía simpatizar con el nacionalismo vasco, pero la experiencia de Barcelona le debió poner en contacto con los movimientos revolucionarios. Jugó a fútbol en la capital catalana en el Sants y al regreso a Pamplona lo hizo en el MKDT, equipo del que formaba parte quien con el tiempo sería un jugador icónico de Osasuna: Catachú. Txomin recuerda las anécdotas que escuchó de pequeño sobre los viajes de su padre con Osasuna en Primera.

Julio de 1934, Diario de Navarra: "Junta General en el Osasuna. Queda constituida así: Presidente, don Natalio Cayuela; Vicepresidente, don José Olaso; Secretario don Pablo de la Fuente; y vocales los señores Villar, Goñi, Urrisarri, Bengaray, Royo, Astiz, Marcotegui y Villafranca (don Leandro). Pocos días después, "G.", a la sazón Ángel Goicoechea, rectifica: "¡Ah! Y el directivo de Osasuna, recientemente nombrado señor Villafranca no es el venerable hincha rojo don Leandro sino su hijo José Javier. Y colorín colorado...".

La prensa conservadora local, rival en lo político, tan pronto le acusaba de comprar votos a base de cenas, como le agradecía su generosidad y detallismo regalando habanos y licores: "Leandro Villafranca y Pepe Unsain, dos navarros de pro, obsequia a los jugadores y acompañantes con licores y habanos en el viaje a Madrid, 0-5 de Osasuna contra el Atlético, los jugadores lo agradecieron de todo corazón". También hubo puros para el periodista del Diario de Navarra, que no le duele en reconocer prendas a la vez que pide que cunda el ejemplo y que se repita.

Mikelarena y Moreno se hacen eco de una polémica en mitad de la guerra sobre si Osasuna era un club fascista o no. Hay cruce de comentarios entre el periodista Machari de Euskadi Roja, Pachi de Unión y Tierra Vasca: "Sus jugadores, en gran mayoría, no sólo eran simpatizantes, sino que estaban afiliados a partidos antifascistas. Y sus socios, comunistas, socialistas, republicanos y nacionalistas que aquí se hallan refugiados, algunos cuyos nombres le podemos dar, no tienen ningún pelo de tonto para suponerles incapaces de fijarse en una campaña de zapa, fascista, que solo ha existido en la imaginación de Machari. Y los que en Navarra han quedado, para su desgracia, sean del partido que sean, dentro del Club, como políticos, no tenían influencia". Es imposible saber si el general Mola se encontraba entre los 8.000 espectadores de las semifinales de Copa del 7 de junio de 1936. Fuera del palco, en algún lugar, habrá una lista con los 1.500 socios y socias de 1936. Podríamos entonces aclarar la vieja polémica, y a su vez, conocer la dimensión de la represión entre sus seguidores. En Argentina, algunos clubes de fútbol han iniciado las campañas de "socios eternos", aquellos futboleros trágicamente desaparecidos durante la dictadura.

En el recuerdo de los Orradre, la abuela cuenta varias historias que relacionan a los Villafranca con el fútbol. Deporte que también practicaba su abuelo, el ferroviario Mariano Esteban, compañero de militancia de José Javier en la OIC troskista de Pamplona. Los ferroviarios además de organizarse políticamente y sindicalmente para reivindicar sus derechos laborales, jugaban a fútbol en sus ratos libres, como podemos ver en una foto que nos enseña Fermín Pascal. Txomin Villafranca, nieto de Leandro e hijo de José Javier, cuenta como en un desplazamiento a Zaragoza pararon el autobús de Osasuna en un convento en la Ribera, y las monjas les obsequiaron con un garrafón de vino, gracias a la amistad que tenían con Leandro, que les ayudó en el papeleo de unos terrenos. En la fotografía, en la segunda fila tercero por la derecha, con un cigarrillo entre los dedos, aparece Jose Javier rodeado de la plantilla de Osasuna: Julio Iturralde, los Bienzobas, los Urdíroz, Catachú y Vergara con txapelas a la izquierda...Desplazamiento para disputar eliminatoria en Badalona en 1935, Osasuna llegó a semifinales de Copa de la República, cayó ante el Sevilla sin conlcuir el partido porque fue suspendido. Foto del Fondo Zaragüeta, Museo de Navarra.

Socorro rojo internacional


Pasados unos meses de la revolución asturiana, en 1936 se celebró en las Escuelas de San Francisco de Pamplona la primera asamblea del Socorro Rojo. Trabajadores!! informaba en su primer número de febrero: "Con el local completamente lleno de antifascistas de todas las corrientes políticas y sindicales así como muchos sin partido". Presiden Eduardo Maestro (Firpo) y Juan Arrastia, recalcan la ayuda prestada por Socorro Rojo a las víctimas de la revolución de octubre en Asturias y el esfuerzo en Navarra para conseguir que todos los antifascistas se unieran en una única organización: el Frente Popular. Es elegido presidente Leandro Villafranca, y acompañado por comunistas, socialistas, miembros de Izquierda Republicana y personas sin partido. Al comité electo fue incorporada una mujer, la viuda del socialista Biordeaux, como "secretario femenino" y le acompañaban Enrique Astiz (Izquierda Republicana), Isidro Pidal (sin partido) y otros. Enrique, Juan, Isidro y Eduardo serían asesinados, el padre de "Firpo" fue a protestar por la muerte de su hijo y lo mataron también.

Significativas las muestras de solidaridad con los presos del Fuerte y sus familias, traemos aquí otro pasaje de las memorias de Fermín sobre abuelo José Orradre: "Una cosa que mi madre resaltaba del abuelo era su humanidad, contaba que por lo menos dos veces se despertó a la noche al oír voces en casa. Una de ellas era una mujer, había ido a visitar a su marido, preso en Pamplona, y como no tenía familiares ni dinero para ir a un hotel estaba durmiendo en un banco de la estación donde la había encontrado su padre y le dio tanta pena que la llevó a casa a dormir". Eran familiares de los presos asturianos en el Fuerte.

Leopoldo Garmendia Goicoechea, que se escapó a Francia tras el golpe, logró regresar y fue condenado por un Tribunal con una sanción de 25.000 pesetas, 10 años de inhabilitación por estar afiliado al PNV, ceder su casa a la directiva de Izquierda Republicana y ¡haber felicitado al extremista Leandro Villafranca por su triunfo en las elecciones de 1936!

El final... Como ya contamos en un anterior artículo sobre su hijo Jose Javier "Villafranca, el directivo de Osasuna y trotskista que muere en prisión" la familia se escondió en una borda cerca de Oroz Betelu. La familia Orradre les ayudaba llevándoles comida y escondiéndolos en una doble pared. Jose Javier huyó a Francia y de allí pasó a Catalunya. Formó parte de los Tribunales Populares y debido a una falsificación de documentación fue encarcelado y murió en Barcelona. Quería canjear a su familia. Leandro se entregó y a pesar de su edad, fue obligado a cavar su propia tumba. Lo contó el párroco de Urroz Villa que le asistió en su fusilamiento a la familia. Txomin en los brazos de su madre y con una hermana de pocos años, crecieron ajenos a la historia de su padre y su abuelo, desconocedores de tanto horror. La madre de Txomin creyó así "protegerlos". Marchó como misionero a África y tras dejar los hábitos, se casó. Fue entonces cuando conoció toda la historia. Un desconocido, que había pasado varios años de prisión y conocía a su padre y abuelo se la contó. Txomin y su sobrina Ane, tras un año sin apenas salir de casa, acudirán hoy al homenaje a sus familiares y al resto de osasunistas que sufrieron la represión. Además, nos lanza una propuesta: que la calle donde estaba el campo de San Juan, adonde le llevaba su madre para continuar con la afición del padre y del abuelo, se llame Osasuna. ¡Aúpa Osasuna! ¡Aúpa los Villafranca!

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