Las otras cordadas

11.09.2021 | 00:52

El 12 de septiembre de 2021, en el marco del 50 Aniversario del Refugio Ángel Olorón de Belagua, la Federación Navarra de Deportes de Montaña y Escalada va a homenajear, entre otros alpinistas, a varias de las pioneras del montañismo.

En 1949 Simone de Beauvoir escribió El segundo sexo. En este libro referente del feminismo concluye que la mujer siempre ha sido "la otra" con relación al hombre, posicionado en el centro del mundo. Este androcentrismo ha ocasionado a lo largo de la historia que las mujeres hayan sido obviadas, sus logros silenciados y sus grandes avances, entre ellos, algunas hazañas como las que hoy nombraremos, ignoradas por la historia. Y sí, claro que es una injusticia. Algo que genera más desigualdad en todos los ámbitos; también en la historia del alpinismo. Y por eso estamos hoy aquí. Para reparar esa invisibilidad. Ha habido muchas mujeres que han destacado en el mundo de la montaña, en este artículo solo citaré algunas de ellas.

Durante los siglos XVIII-XIX las primeras mujeres que se acercaron a las montañas con el objetivo de ascender a sus cimas fueron mujeres ricas, burguesas y con un espíritu romántico. Muchas de ellas eran lectoras voraces, escritoras en silencio y aventureras a pesar de todo. Mujeres que con su inquietud transgredieron espacios y se adentraron en mundos salvajes y desconocidos. Por ejemplo, la inglesa, viajera y escritora, Ann Lister (1791-1840) fue la primera mujer en ascender al monte Perdido el 26 de agosto de 1830. Pero además en 1838 subió al Vignemale ganándole la delantera al pretencioso Príncipe de la Moskova y siendo la primera mujer en alcanzar su cima. Y la cosa tuvo su debate. Entre nosotras, tenemos a una pionera entre las pioneras. Se llama Paquita Bretos Andueza (Pasai Antxo, 1 de septiembre de 1927) y comenzó a subir y trepar montañas en los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo. Fue una de las primeras federadas del Club Deportivo Navarra. Pero esta pasión no era gratis. Y es que, en esos años dominados por el nacionalcatolicismo español, ni entrar en los bares, ni vestir pantalones estaba bien visto. Eso era transgredir las normas. Y más. Antes de cualquier excursión montañera, había que ir a misa.

Paquita, compañera de Ángel Olorón López, tiene en su mochila centenares de cimas en Pirineos y Alpes. En 1977 subió al Mont Blanc plantando una ikurriña en su cima, cuando el alpinismo era todavía una actividad muy alternativa, entre la rebeldía y el altruismo. Propia de gentes como ella que buscaron ahí libertad, belleza y solidaridad.

Pero sigamos. En 1975, en el año Internacional de la Mujer, la japonesa Junko Tabei asciende junto con el sherpa Ang Tsering la cima del Everest, al año siguiente, en 1976, desde nuestra tierra Trini Cornellana Puigarnau (Sant Ramon-Lleida, 6 de marzo de 1950), ha hecho parte de su vida montañera integrada en las primeras expediciones, sube al Shakhaur (7.116 mt.) en el Hindu-Kush afgano, primera cumbre de 7.000 del montañismo vasco, siendo, además, la segunda mujer del estado que asciende a más de 7.000 metros. Asimismo, en 1979 forma parte de la expedición navarra al Dhaulagiri (8.167 mt.) como médica y alpinista, llegando al campamento IV (7.180 mt.) como segunda cordada para alcanzar la cumbre y en 1987 participa en la expedición al Everest (8.848 mt.) por el Pilar Sur junto al equipo del Al Filo de lo Imposible.

Trini pertenece a la misma generación que Pilar Ganuza Goñi (Pamplona, 11 de octubre del 1948) quien comenzó a realizar ascensiones en 1966 con el club de montaña Donibane, club al que ha seguido siempre vinculada. En el año 1967 empezó a ascender cimas de 3.000 metros en el Pirineo. En 1968 realizó un curso de escalada en Etxauri. Allí conoció a Gregorio Ariz, su compañero de vida y también de cordada montañera. En 1969 ya encadenaba vías de escalada míticas en Pirineos, como las Agujas de Ansabere. En 1970 dio el salto a los Alpes en donde escaló el Mont Blanc (4,807 mt.) y el Cervino (4.505 mt.), montaña mítica que hacía cien años había subido por vez primera por una alpinista británica llamada Lucy Walker. Entre los años 1975 y 1977 fue al conteniente africano. Allí ascendió el Kilimanjaro (5.895 mt.) y al Toubkal (4.165 mt.). En 1978 dio el salto al continente americano subiendo en los Andes del Perú el Chopicalqui (6.400 m.). En 1979, viaja por primera vez al Himalaya para ascender el Dhaulagiri (8.167 mt.). Y allí coincide con Trini Cornellana.

En los años 80, y siendo madre de dos hijas, viaja como expedicionaria a Cachemira, al Pinnacle Peak (6.930 mt.) cuya cumbre había sido pisada por una mujer con faldas, Fanny Bullock, en el año 1899. En 1985 en los Andes del Perú asciende al Yanapacha Chico (5.131 mt.) con sus hijas. Al año siguiente, en 1986 sube al Aconcagua (6.959 mt.) y en 1989 intenta la cima del Gasherbrum II (8.201 mt.) en el gran Karakorum. Aquí conoce a la gran alpinista polaca Wanda Rutkiewicz (1943-1992), una de las mejores alpinistas de todos los tiempos, que falleció en el Kangchenjunga (8.598 mt.). El mismo año que Pili logra su gran hazaña, la ascensión al Cho Oyu (8.201 ms) convirtiéndose en la primera navarra en subir un ochomil. Era el 20 de septiembre de 1992. En 1995 intenta la ascensión del Shisha Pangma (8.008 mt.) y en 1996 asciende al monte más deseado por ella, el Mc. Kinley (6.194 ms.). Esta enorme montaña es para ella la más bella, donde más disfrutó.

Cuando le preguntas a Pili por el miedo dice que solo pasaba miedo en los previos a las expediciones. Pero que una vez en marcha siempre sintió la seguridad de ir en la mejor compañía. Así que su gran carrera deportiva tiene un doble mérito. Pili siempre ha llevado dos mochilas: la del material y la de la culpabilidad inducida. Y es que siendo madre se atrevió a ocupar un rol deportivo que transgredía los códigos sociales asignados a una mujer en nuestra sociedad. Y eso pesa y ata mucho. Más que todas las cuerdas y mosquetones que llevaba encima.

Otras cordadas, también escasamente reconocidas, de la historia montañera siguieron a estas pioneras. Es el caso de Miriam García Pascual (Tafalla, 14 de julio de 1963-25 de mayo de 1990), mujer pionera escaladora en roca, quizás la mejor de su generación. En los años 80 ya escalaba en las grandes paredes de Verdón, Riglos, Midi d'Ossau y Yosemite. En 1988 coronó el Gran Capitán. Fue además una gran viajera y escritora de gran sensibilidad, autora del libro "Bájame una estrella" con ilustraciones de su amiga y compañera de escalada, Mónica Serentill Rubio. Miriam murió demasiado pronto siendo muy joven, el 25 de mayo de 1990. Su cuerpo descansa desparecido en el Pico Meru Norte (6.450 mt.) en la India.

Para finalizar, reseñar que, aunque en montañismo de base, es decir, la afiliación en los Clubes, las mujeres representan el 36%, en la profesión de guías de montaña ellas son absolutamente minoritarias. Y es que el centro de la profesión lo ocupan los hombres, ellos son el 97% frente al 3% de mujeres guías de montaña. Y de esto sabe mucho la bilbaína afincada en Navarra, Sonia Casas, primera guía de alta montaña y escalada de España, titulada en España (2006, TD2AM) quien sabe que la profesión de guía necesita agenda feminista y una apuesta decidida en pro de la paridad en la profesionalización del alpinismo. Así que para terminar definitivamente: que las cordadas de mujeres salgan a la luz, que quede constancia en la historia del alpinismo la actividad de las mujeres.La autora es vocal de Igualdad de Género de laFederación Navarra de Deportes de Montaña y Escalada/Mendi eta Eskalada Kirolen Nafar Federakundea

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