Dos firmas de Barcelona, dos premios. Todo lo que lleva el nombre de esta ciudad arrasa estos días, sea empresa o equipo de fútbol. Era la comidilla en las mesas de la cena que anoche cerró la ceremonia de entrega del premio Joven Empresario 2010, organizado por la Confederación Española de Jóvenes Empresarios (CEAJE). Tomás Diago Esteve, de Softonic, y Cristian Rovira Pardo, del Grupo Sifu Integración Laboral, ambas empresas con sede en la capital catalana, recibían el máximo galardón, en el primero caso, y el accésit al Compromiso Social, en el segundo. Dos de dos, y porque no había más candidatos catalanes, que si no hasta cinco, la manita, vamos.
Que la noche iba tener sabor catalán se veía venir. Mientras los aproximadamente 600 invitados esperaban con paciencia y apetito la llegada de los Príncipes de Viana a la Sala de Exposiciones de Baluarte, habilitada como comedor para la ocasión, el resultado del partido que enfrentó el lunes al Barcelona y al Madrid coleaba. Que si un espectáculo magnífico, que si una lección de fútbol, que la venganza del Madrid será de órdago, que si voy a pedir una Mou cinco estrellas para acompañar la cena...
las plantillas de shakira Pues sí, los empresarios no son diferentes al resto de la gente y un partido antológico, no tanto para los seguidores merengues, es un buen motivo para amenizar la espera a la que obliga el rígido protocolo que acompaña a los actos de la Casa Real. Pero además de una afición, para algunos el fútbol es una ocasión de negocio, de hecho, uno de los finalistas al premio se publicitaba como fabricante de unas plantillas que utilizan Cristiano Ronaldo, Kaká, David Villa o la propia Selección Española de fútbol... bueno y también Shakira, pero de ella no se habló en los premios.
Una cosa sí denotaba que en la cena de anoche la presencia de empresarios era masiva, casi un alivio cuando lo normal es que sean los políticos los que copan estos actos: el uso del móvil. Tanto en la entrega de galardones, como durante la cena, los teléfonos, en modo silencioso, por supuesto, no abandonaron la mano de muchos de los invitados. Ni la intervención del presidente del Gobierno foral, Miguel Sanz, ni la de la alcaldesa de Pamplona, Yolanda Barcina tan entusiasta al dirigirse a los Príncipes que de un manotazo casi cercena de cuajo un micrófono, ni la del mismísimo don Felipe logró frenar las incesantes comunicaciones telefónicas de algunos invitados. Son tiempos de recesión y los empresarios no pueden bajar la guardia.
Y a lo que casi no sobrevive algún invitado no fue a la crisis, omnipresente en los discursos, sino al calor. La sala, donde grandes lonas ocultaban los anuncios de la exposición dedicada al Titanic, que permanecerá en Baluarte hasta enero, estaba más que caldeada. Quizás para que los invitados no murieran de frío - como ocurrió con decenas de pasajeros que viajaban en el transatlántico, hundido tras chocar con un iceberg-, la calefacción estaba desbocada. Hasta pasada la mitad de la ceremonia no se notó una bocanada de aire fresco en la sala, quizás como la que quiso llevar a la ceremonia la delegada del Gobierno, Elma Saiz, con una minifalda desacostumbrada entre las autoridades que acuden a los actos de la Casa Real. Mucho más discretos fueron el resto de invitados. Los tonos negros, grises y azules oscuros, propios de la temporada y del día, con una llovizna intermitente sobre Pamplona, fueron los protagonistas. Destacó, como siempre, doña Letizia, con un elegante vestido azabache cubierto de pedrería y sus acostumbrados tacones de vértigo.
alcachofas y vino navarro Y de vértigo fue también el menú, servido por Maher-Baluarte y con toques navarros, como correspondía: corazones de alcachofa, relleno de mariscos, ragout de ternera, parmentier trufado, torrija caramelizada y crema de yogur ácido con canela. Los vinos: Gran Feudo blanco Chardonnay sobre lías 2008 y Chivite Expresión varietal de tempranillo 2007. Un ejército de 45 personas se ocupó de atender a los invitados.