parís. El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean Claude Trichet, insistió ayer en que el problema de la eurozona, donde las perspectivas económicas son cada vez mejores, es la política presupuestaria y la prioridad para los gobiernos es hacer creíbles sus objetivos de déficit para 2011.

"Tenemos un mensaje para todos los países europeos": poner en práctica "todas las medidas que hagan creíble los objetivos en materia presupuestaria" y "todas las medidas de reforma estructural que permitan elevar el ritmo de crecimiento potencial" a un nivel superior al actual, subrayó Trichet en París.

El presidente del BCE destiló una receta común para todos los países de la moneda única: "La consolidación del crecimiento (...) depende de la confianza" en la "capacidad de cada país de continuar su programa de consolidación presupuestaria" y de "reformas estructurales".

Para lograr la recuperación, consideró que "hay que llegar a tener el equivalente a una casi federación" en la gestión de las políticas presupuestarias y macroeconómicas, con "una activación casi automática" de la supervisión y de las sanciones. A falta de un gobierno único, "es indispensable" el Pacto de Estabilidad y Crecimiento que fija las reglas de control del déficit público, señaló. También hizo notar que los niveles de déficit de la zona euro son "netamente inferiores" a los de otros países desarrollados.

Trichet esquivó una cuestión sobre si la entidad emisora había hecho ayer compras masivas de deuda irlandesa y portuguesa, como filtró la prensa, y se limitó a recordar que las cifras de esas intervenciones "no convencionales" se harán públicas la semana próxima.

El BCE, que inició esas adquisiciones de títulos de deuda soberana en mayo pasado, "continúa" con esas medidas con el objetivo de "ayudar a restaurar un mecanismo de transmisión de la política monetaria" en un contexto en que "ciertos mercados no funcionan" correctamente, explicó. Pero puntualizó que esas intervenciones deben hacerse sin alterar la política monetaria, cuya razón de ser es garantizar la estabilidad de precios.

Trichet intentó evitar posibles dudas sobre el futuro del euro, y tras recordar que se creó hace 12 años "en un clima de gran escepticismo", replicó que "los observadores y los mercados nos dan crédito sobre la estabilidad de precios para los próximos 5 años". Una prueba, a su juicio de que desde el BCE "hemos hecho lo que los países europeos nos habían pedido".