tODO cambia, pero lo esencial se mantiene. Navarra cierra una década que ha transformado su economía, que ha conocido la verbena del ladrillo y su posterior resaca, el desarrollo y la congelación de las energías renovables, la desaparición de sectores enteros como el textil o la creación de otros nuevos, como el biofarmacéutico, surgido al amparo de un gasto en innovación creciente. Pero lo básico, la industria del motor, la agroalimentación y el cemento de las grandes obras públicas sostienen una economía que vivió el pleno empleo y que hoy es incapaz de generar un puesto de trabajo para más de 42.000 parados.

Diez años después, Volkswagen ha enterrado los fantasmas del pasado y sigue siendo la principal fábrica de la Comunidad Foral. Cierra 2010 con las mejores perspectivas, invirtiendo y ampliando su capacidad productiva, dando empleo directo a más de 5.000 personas y arrastrando a unas exportaciones que, afortunadamente, se han diversificado. El material de transporte suponía a comienzos de siglo la mitad de las ventas al exterior. Hoy, en términos generales, rondan el 41 o el 42%. Nuevas empresas y nuevos sectores, como el de componentes electrónicos o el propio agroalimentario, han demostrado ser capaces de competir en nuevos mercados, de abrir otros caminos.

La industria ocupa hoy a unas 2.100 personas más que hace una década, pero su peso relativo en el empleo ha caído cinco puntos (del 30% al 25%), en beneficio del sector servicios, que no deja de crecer. En diez años, ha ganado 50.000 ocupados y ha visto cómo los nuevos modos de vivir, consumir y divertirse alteraban las estructuras tradicionales del comercio. La llegada de El Corte Inglés a Pamplona y la ubicación de grandes centros comerciales a las afueras de las ciudades han transformado el paisaje, al menos de Pamplona.

Menos lineal resulta la evolución del sector constructor, que ha perdido en tres años la ocupación que ganó durante los siete anteriores. La obra pública vive también meses de depresión y sólo el Canal de Navarra continúa avanzando a un ritmo visible en su búsqueda del valle del Ebro y transformando la agricultura navarra. La Autovía del Camino llega ya a las puertas de Logroño y a los lejos, aún sin movimiento de tierras, se dibuja la forma aerodinámica del AVE. La siguiente debe ser su década.

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