El alza de precios deja en el aire una decena de obras públicas en Navarra

La facultad de Medicina de la UPNA (24 millones), así como diferentes proyectos municipales o del Gobierno foral quedan desiertos ante la incertidumbre de las empresas, que no se atreven a calcular los costes

21.03.2022 | 21:58
Solar donde está previsto construir la Facultad de Medicina de la UPNA

Situación límite en el sector constructor de Navarra. El alza de precios de los materiales en los últimos seis meses, al que se está sumando el retraso en las entregas como consecuencia del paro en el transporte y un incremento de costes adicional por la guerra en Ucrania, amenaza con dilatar el incluso paralizar la actividad. En el caso de la obra pública, al menos una decena de licitaciones relevantes han quedado desiertas en los últimos meses. Y la situación, lejos de mejorar, empeora.

El caso más relevante, según los datos del propio portal de contratación de Navarra, es el edificio de la Facultad de Medicina de la Universidad Pública de Navarra, cuya construcción está prevista junto al complejo hospitalario. El proyecto, de algo más de 24 millones de euros y uno de los proyectos más relevantes que iban a arrancar en la actual legislatura, ha quedado desierto.

Lo mismo ha sucedido en las últimas semanas y meses con al menos una decena de proyectos de obra pública licitados por diferentes administraciones o entidades públicas. En el listado figuran, por ejemplo, las obras de acondicionamiento de un polígono industrial en Andosilla; la reforma integral del frontón de Caparroso; la renovación de los caudalímetros de la estación depuradora de Arazuri; el mirador turístico de Buñuel; diferentes actuaciones en Cener (Centro Nacional de Energías Renovables), el edificio del coworking de Ochagavía, en proceso ya de nueva licitación por parte de Nasuvinsa o la variante de Burutáin, que ha vuelto a ser licitada en las últimas semanas.


Sin ayudas en Navarra


La situación es general en toda España, donde algunos gobiernos autonómicos, como el aragonés, ya están tramitando líneas de ayudas para evitar la paralización de la actividad, que es el riesgo último al que se enfrenta el sector. Y es más grave en los casos en los que la adjudicación ya ha sido realizada, como ha sucedido con un nuevo edificio de la facultad de Medicina de la UPV (44 millones), o con obras ya iniciadas, que se enfrentan a una posible paralización.

Los primeros casos de adjudicaciones desiertas comenzaron a producirse a finales del pasado año. En enero enero y febrero la situación no mejoró. Y, en marzo, la invasión rusa ha instalado el caos en los mercados.

"Ahora mismo la situación es de máxima incertidumbre. La semana pasada no había ni siquiera precio de acero, por lo que muchas no pueden dar precio. No saben cuánto les va a costar una obra, no tienen información", explican desde una de las entidades licitadoras de Navarra.


Retrasos de meses

En el caso de la obra pública, que afronta un proceso administrativo y de transparencia mucho más estricto que en la obra privada, esta situación puede generar retrasos "de meses". Así, ante una adjudicación que ha quedado desierta, una entidad pública tiene dos vías: abrir un procedimiento negociado con las empresas o abrir otra vez el proceso de licitación.

Puede suceder asimismo que, si la adjudicación depende de una partida presupuestaria concreta, el proceso se demore todavía más. Es lo que ha sucedido, por ejemplo, con las licitaciones relativas a la instalación de pantallas antirruido en Mendillorri (PA 30) y Berriozar (PA 34) han quedado desiertas. En este caso, Obras Públicas no prevé su licitación en 2022 al no tener disponibilidad presupuestaria para ello, por lo que los vecinos seguirán soportando el ruido del tráfico al menos un año más.

Los problemas no afectan solo a la obra pública. El sector privado y la construcción residencial afrontan también proceso de tensión en los costes que está impulsando al alza de manera ya clara el precio de la vivienda nueva, lo que a su vez amenaza con tensionar todavía más el mercado de la vivienda usada. Los constructores no descartan además tomar ya una medida sin precedentes en los últimos años: revisar al alza el precio de viviendas ya vendidas y en proceso de construcción. Una decisión que obligaría a los compradores a aportar una cantidad extra de dinero a la inicialmente prevista.

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