UAGN denuncia la “inacción” del departamento de Medio Ambiente en la plaga de conejos que está sufriendo el Sur y la zona Media, una comarca a la que ha llegado esta invasión que desde hace más de 20 años crea graves problemas a los agricultores que ven peligrar su futuro por las pérdidas que sufren cada año. Esta plaga, que no ha dejado de estar presente en la Ribera, con mayor o menor intensidad, generó serios problemas ya en 2008 y puso a los agricultores en pie de guerra, “ya entonces nos quejábamos de la plaga y no solo no se ha solucionado sino que se ha trasladado hacia la zona media. La responsabilidad es de Medio Ambiente del Gobierno de Navarra y tienen que poner solución. Los paganos son los agricultores de la zona, por lo que el Gobierno debe o exterminarlos, porque son una auténtica plaga o pagar los daños a los agricultores”, indicó Félix Bariain, presidente de la UAGN.
El IKA y los seguros
El Índice Kilométrico de Abundancia (IKA) se considera preocupante y que genera perjuicios a partir de 4 y en la Ribera en varias ocasiones se han superado los 20, como en 2007 o en 2016 en que se llegó a 21,60 en la zona de Tudela. “No sabemos por qué, quizás por las lluvias o porque este año hay más cosecha pero el índice está disparado”, han alertado desde UAGN. Para analizar la comparativa, en el resto de Navarra el IKA más elevado del año punta (2016) correspondió a Estella y llegó a 1,45 por los 21,6 de la Ribera. En los último 20 años en más de 10 ocasiones la Ribera ha superado la cifra de 10 IKA y los agricultores aseguran que en este 2026 en muchas localidades como Cintruénigo, Cascante o Murchante se superan los 20. “Hay municipios en la margen derecha del Ebro que tienen 15, 20, 12 un año cualquiera, y el problema se va extendiendo por otras zonas de Navarra”, analizó Navarro. Desde el sindicato agrícola mostraron campos entre Murchante y Cascante donde los conejos han acabado con el 100% del cultivo de cereal. Además se da el doble problema de que Agroseguro no cubre los daños al cuarto año en que éstos se repiten y solo cubren a partir del 20% de las hectáreas afectadas. “Los seguros con 2 años seguidos reducen un 25% de las indemnizaciones, con tres años un 50% y con 4 años dejan sin pagar el 100%. Muchos agricultores terminan por no asegurar los campos”.
Según Bariain “habría que habilitar partidas presupuestarias suficientes. No puede ser que ahora, fruto de la inacción del departamento, quien esté pagando las consecuencias del problema sean los agricultores”. A este respecto señalaron que la gestión cinegética debe garantizar un “equilibrio” entre la conservación de la fauna y la sostenibilidad económica de los agricultores y que este año los daños en cultivos podrían superar los 2 millones de euros. Además el problema no se limita a los conejos, sino también a corzos y jabalíes, “en 2024 se registraron más de 1.000 accidentes de tráfico y en 2025, con datos hasta septiembre se contabilizaban 730. Hace 10 años había la mitad de accidentes por esta causa que las actuales cifras”. Como solución proponen crear un “fondo foral cinegético” que permita llevar a cabo medidas de prevención eficaces y una compensación de daños “más ágil además de reducir la tensión social provocada por la superpoblación de la fauna. La gestión de la fauna no puede hacerse a espaldas de quienes sufren los problemas en el medio rural. Debe haber un equilibrio”. A todo ello se añade el problema de las infraestructuras, ya que los conejos suelen buscar el amparo de autopistas, carreteras, vías de tren, canales, ya que tienen un margen de protección. “Pueden socavar todas estas infraestructuras y convertirse en focos de muchos problemas graves. Hay muchos lugares abandonados donde campan a sus anchas”. Algunos para evitarlo ponen redes metálicas alrededor del campo, pero el coste es muy elevado, hay que revisarlo cada 3 ó 4 días y no siempre es efectivo porque cavan por debajo, “no se pueden poner puertas al campo”.
Afectados
Alberto Alfaro, un joven agricultor que posee 300 hectáreas de cereal en Cascante y en algunas de ellas el daño llega al 100%. “Se siente una gran impotencia. Este año había llovido mucho y esperábamos una gran cosecha, pero de nuevo se ha disparado la plaga. Todos los años hay afecciones. Los olvidos hay que protegerlos porque roen el tronco y secan el árbol”. Más desmoralizado se encuentra Jesús Sola con 80 hectáreas, que a sus 57 años, y después de 40 años trabajando en el campo, no encuentra motivos para seguir. “Cosas como ésta consiguen que no haya relevo generacional, vemos que no tiene futuro. Así no podemos vivir, de nosotros no se acuerda nadie. Tengo un hijo de 21 años y no quiero que me siga. Vienen cazadores y se llevan 40 o 50 consejos, pero se cansan de cazar ya no les resulta atractivo”.