Una gestión de la crisis bajo el paraguas del estado de alarma

El sábado 14 de marzo pasará a la historia como el día en que el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, decretó bajo el paraguas del estado de alarma un estricto confinamiento domiciliario

23.02.2021 | 13:23
Arriba, Pedro Sánchez conversa con Aitor Esteban. Debajo, minuto de silencio en el Congreso. A la derecha, Fernando Simón y, sobre estas líneas, el Parlamento Europeo.

Era un viernes 13 de marzo cuando Pedro Sánchez anunció en La Moncloa que al día siguiente el Consejo de Ministros declararía por segunda vez en la historia de la democracia -la anterior fue con la huelga de los controladores aéreos- el estado de alarma por la alerta sanitaria buscando cobertura legal para adoptar medidas frente a la pandemia y que se prorrogaría hasta el 21 de junio. Una alerta sanitaria que tanto Iñigo Urkullu como María Chivite también declararon en sus correspondientes territorios. Al día siguiente, Pedro Sánchez anunció un estricto confinamiento domiciliario bajo el paraguas de ese estado de alarma. Un régimen excepcional que ha planteado muchas dudas y críticas, pero que se decretaría en otras dos ocasiones, en la Comunidad de Madrid después de que Díaz Ayuso se negara a implantar restricciones de movilidad, y días después en todo el Estado para permitir el toque de queda.

Sánchez decreta el estado de alarma el 13 de marzo de 2020. Vídeo Youtube /EP

El catedrático de Derecho Administrativo de la UPV/EHU, Iñaki Lasagabaster, afirma que el estado de alarma fue "una respuesta forzada por una situación desconocida y por la ausencia de legislación en una situación de riesgo sanitario". Considera "un error que en un principios se hiciera tabla rasa y no se tuviera en cuenta a las comunidades autónomas". Una anomalía que, según Lasagabaster, se ha corregido ya que las autoridades delegadas son ahora los presidentes autonómicos.

Lasagabaster cree que, a pesar de los errores del inicio, se ha avanzado en la cogobernanza, aunque "se han manifestado problemas derivados de una práctica anterior muy limitada, de una falta de tradición y cultura en cómo se produce la gestión de una situación de este tipo desde la perspectiva de la cogobernanza". Rechaza el argumento de los que, ante la pandemia, reclaman más centralización y pone el ejemplo de Alemania donde el Gobierno federal y los länders han tomado las decisiones conjuntamente. "Me sorprenden los que reclaman mayor centralización. Jurídicamente es una barbaridad, pero fácticamente también", advierte.

El papel de los tribunales en la pandemia


En los últimos seis meses, el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco (TSJPV) ha tumbado hasta tres restricciones aprobadas por el Gobierno vasco. De ahí, que el lehendakari estudie la aprobación de una Ley antipandemia. Iñigo Urkullu tuvo que volver a decretar la alerta sanitaria después de que el TSJPV rechazará en agosto la limitación del horario de pubs y discotecas.

En octubre, este mismo tribunal vetó la restricción de las reuniones a seis personas y este mismo mes ha avalado el recurso de las asociaciones de hostelería contra el cierre de bares y restaurantes en municipios en zona roja. El Gobierno foral también tuvo que asumir que los tribunales rechazara la prohibición de fumar en las terrazas, aunque en cambio avaló el cierre del interior de los bares.
"Los mensajes han sido contradictorios y, en muchos casos, los ciudadanos no sabían ni qué medidas estaban vigentes en sus territorios". Marta Rebolledo. Experta en Comunicación Política


Para Lasagabaster, este tipo de resoluciones han provocado que se decretara de nuevo el estado de alarma, ya que considera que hubiera sido suficiente con la normativa vigente de Sanidad y de Protección civil para adoptar decisiones sanitarias. "La intervención de los tribunales ha sido caótica. Los gobiernos limitan derechos de personas para poder garantizar el derecho a la vida de otras personas, o de todos. Estas sentencias parece que olvidan a los fallecidos", destaca.

El catedrático también recordó el papel que jugaron algunos tribunales en los primeros meses de la pandemia cuando se intentó procesar al subdelegado del Gobierno en Madrid por el 8-M o a miembros del Ejecutivo por su gestión de la crisis. "Sus intervenciones daban hasta miedo, este activismo judicial tenía un objetivo político contra el Gobierno del Estado", cree.

Política de comunicación


La pandemia ha generado una aumento del consumo de información cuyo máximo exponente se vivió durante las semanas de confinamiento domiciliario. La profesora y experta en Comunicación Política de la Universidad de Navarra, Marta Rebolledo, señala que a lo largo de este año el Gobierno español ha pecado de un exceso de triunfalismo en sus mensajes cuando la primera regla de la comunicación dice que deberían haber sido "claros, realistas, coherentes y cautos".

Sin embargo, Rebolledo no cree que este error vaya a pasar factura al Gobierno de Sánchez después de haber delegado la gestión en las comunidades autónomas. "Puede alegar que si algo no ha funcionado es responsabilidad de estos gobiernos. Ha sabido jugar", señala. La experta en Comunicación también mantiene que en muchas ocasiones los mensajes del Gobierno español y de los ejecutivos autonómicos han sido contradictorios, provocando que "en muchos casos, los ciudadanos no sabían ni qué medidas estaban vigentes en su territorio".

Sobre la controvertida figura de Fernando Simón, Rebolledo admite que no es fácil haber estado expuesto ante los medios durante tantos meses, pero considera que debería haber sido cesado hace tiempo ya que su figura está "quemada" al haber ido perdiendo credibilidad y, en especial, después de haber realizado "afirmaciones poco afortunadas" en programas de televisión que nada tenían que ver con la pandemia.
"Si no hubiera UE, ¿dónde estaríamos cada Estado luchando en el mercado de las farmacéuticas?". Jesús González Mateos. Director de la revista 'Aquí Europa'


"La UE no estaba preparada"


Europa se ha convertido en el epicentro de esta pandemia superando hasta el momento los 25 millones de casos y el medio millón de fallecidos. La covid-19 ha puesto a prueba a la UE. El director de la revista 'Aquí Europa', Jesús González Mateos, afirma que en los primeros momentos las instituciones europeas reaccionaron de forma "nefasta" mostrando "la peor expresión de lo que la Europa no unida es". Recuerda la dura situación por la que atravesó Italia y cómo "todos miraron hacia otro lado".

Sin embargo, considera que, pasado ese primer momento, la UE empezó a tomar medidas de coordinación a pesar de no existir una política común de salud y de que "la unión no estaba preparada par enfrentarse a una pandemia". González rechaza las críticas vertidas sobre el Consejo Europeo por la compra de vacunas. "La UE ha logrado una compra masiva, al mejor precio y ha garantizado la igualdad de acceso a la vacuna de todos los ciudadanos. Si no hubiéramos tenido UE ¿dónde estaríamos cada uno de los Estados luchando en el mercado contra las farmacéuticas?" se pregunta.

González considera que la UE sí ha estado a la altura en la respuesta dada a la crisis económica: "Se ha logrado algo impensable, que se mutualice la deuda de los europeos hasta 2054, priorizando la solidaridad con los más golpeados por la pandemia. Se han dado pasos de gigante en algo en lo que antes se hubieran tardado años o no se habría conseguido".

Cosas que nos enseña la pandemia sobre la política
Por Mikel Mancisidor | Miembro del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU

LA ambición del título es grande y el espacio reducido, así que les ahorro las introducciones: selecciono media docena de ideas e intentaré decir algo con sentido sobre cada una de ellas. Al final usted decidirá si lo he conseguido.

La pandemia no se deja retratar con una cámara de fotos. Una foto atrapa un momento, sin embargo la política y la pandemia, lo mismo que nuestros conflictos y nuestros miedos, nacen, se transforman, en ocasiones se reproducen, mueren y a veces hasta resucitan. Retratar este cambio requiere introducir el elemento temporal en la fórmula. No basta el dato de un momento dado, necesitamos ver el proceso largo, como una serie televisiva que no podemos entender si nos empeñamos en analizar un fotograma. Hace unos meses Portugal era ejemplar y luego rozó el desastre. Un día Suecia nos deslumbra por su originalidad y al día siguiente se pone discretamente a la cola e imita al resto. Necesitamos de prudencia para analizar realidades complejas que cambian y de mucha modestia para comprender que nuestros juicios de ayer quizá deban cambiar hoy.

Lamentablemente la pandemia ofrece una oportunidad de oro para el simplismo y la irresponsabilidad. Es terreno abonado para el populismo. Estamos cansados y confundidos. Desconfiamos. Las llamadas a la responsabilidad, a la prudencia y al rigor han consumido nuestro capital de resistencia. Frente a la complejidad y las mil variables contradictorias que en cada asunto se relacionan y evolucionan de una forma impredecible, preferimos el dato simple, de lectura única y plana. Para eso están los populismos: para darnos respuestas tan fáciles como inútiles.

Hemos aprendido a demandar de los políticos que fundamenten sus decisiones en el mejor conocimiento científico disponible, pero para entender esta frase se necesita cierta cultura científica y aceptar que el conocimiento científico no agota el espacio de la política aunque lo delimite. Un estado de derecho exige que sus políticos respeten la ciencia, pero no los sustituye por el gobierno de los expertos. Estos días hemos aprendido que también los tribunales deberían fundamentar sus decisiones en el mejor conocimiento científico.

Las redes sociales son fuente de información y de desinformación. Son foro en que intercambiar conocimiento solvente y bien trabajado, pero también sirven para difundir y alimentar miedos, odios, ignorancias y prejuicios. Deberíamos revisar nuestros contactos en las redes: que no refuercen nuestros prejuicios, que tengan miradas plurales, limpias, críticas, abiertas, que sean más capaces de admirar que de odiar, que sean prudentes en sus juicios y que nos ayuden a identificar buenas prácticas, que no presuman con prepotencia de tener siempre toda la razón ni que pontifiquen sobre lo que ignoran, que no repliquen ese rencor que en las redes quiere envenenar nuestros corazones, que añadan un poquito de luz a nuestro día.

La pandemia nos obliga a tomar medidas muy duras y a unos les toca sufrir más que a otros: a los sanitarios, pero también a los hosteleros, a quienes viven de lo presencial y del directo, a las agencias de viajes... Debemos ser muy estrictos con las medidas pero al tiempo proteger a los sectores más agraviados. Esta pandemia tampoco afecta a todas las personas por igual, a ricos que a pobres, a sanos que a enfermos, a dependientes que a no dependientes, a quienes asumen tareas de cuidado que a los que no. No dejemos a nadie atrás.

Finalmente deberíamos haber entendido que vivimos en una comunidad global. Una enfermedad a miles de kilómetros termina por hacernos perder el trabajo o con la muerte de un ser querido. Deberíamos aceptar que los problemas globales (salud, clima, seguridad) han entrado en casa y debemos afrontarlos con respuestas al tiempo locales y globales.