Es probable que cuando el balón eche a rodar (el próximo jueves a las 21.00 horas, con el México-Sudáfrica) nos centraremos en el fútbol y todo lo demás pasará a un segundo plano, pero también es evidente que las vibraciones que llegan del Mundial no son buenas, como en la canción de los Beach Boys, sino malas, malas, malas. Desde los disparatados precios de hoteles y entradas (a la hostelería local y a la FIFA se les ha ido la mano al exprimir a la gallina de los huevos de oro) al temor de muchos aficionados de ser arrestados por el ICE, la agencia que en teoría controla la inmigración y en la práctica es famosa por sus detenciones arbitrarias (y por ser de gatillo fácil). Y con Irán obligada a alojarse en México, pese a jugar en EEUU. Y con un presidente impredecible en busca de protagonismo. Y con una lista así de larga (en la que, ojo, España está muy arriba) de países a los que la Administración Trump le tiene muchas ganas...