Karlos Arguiñano se acuerda de uno de sus países favoritos: "De ensueño..."
El cocinero vasco se emocionó en Cocina Abierta al preparar una carbonada
Una carbonada (guiso típico de varios países Sudamericanos) en la olla fue suficiente para que Karlos Arguiñano dejara la receta a un lado durante un momento y se pusiera a hablar de Argentina. "Qué bonitos recuerdos me traen estas carbonadas", dijo el cocinero de Beasain en su programa Cocina Abierta. Su comentario sobre Argentina fue la prueba de que el país claramente le dejó huella.
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Arguiñano recordó que cuando vivió o visitó Argentina, los fines de semana eran de turismo rural. "Hacíamos mucho turismo rural los fines de semana cuando estábamos allí y visitábamos estancias", explicó. Para quien no lo sepa, el cocinero aclaró qué son: "estancias son casas de campo con ganado y así". La dinámica era ir el viernes y quedarse hasta el domingo: "ibas igual viernes, sábado, y hasta el domingo a la tarde, estabas en una estancia allí viendo caballos, viendo animales de todo tipo". Y siempre en compañía: "íbamos cuadrilla, íbamos 4 o 6 personas". El momento cumbre de esas escapadas era la comida: "cuando te ponían estas carbonadas para comer en cuadrilla, era una auténtica maravilla".
Un país gigante
Del recuerdo personal, Karlos Arguiñano pasó a intentar transmitir la dimensión de Argentina a sus espectadores. "Argentina es 6 veces España en tamaño, es impresionantemente grande", dijo. El cocinero señaló que la imagen que mucha gente tiene del país se limita a la capital: "la gente conoce Buenos Aires, que es una gran ciudad con 10 o 12 millones de habitantes, pero el resto de los 20 millones están repartidos por toda Argentina". Y ese resto, según él, es lo más impresionante: "provincias de ensueño, maravillosas".
Sus aventuras por carretera
El momento más especial del relato de Arguiñano fue cuando describió las carreteras de ripio del interior. "Carreteras de ripio son sin asfaltar, como de piedrita", explicó, y recordó la experiencia de conducir por ellas de noche. "Tú veías una luz y no sabías si era un pueblo, una gasolinera, o qué era aquello, una luz". La distancia a la que se veía esa luz era desconcertante: "seguías a 60 o 70 km por hora y otros 10 o 15 minutos, y la luz, y la luz, y la luz, en una recta de 200 o 300 kilómetros".
"Al final, de pronto, dos luces, hombre, es un coche, o un autobús, o un camión, pero en la lejanía, cuando ves esa luz a 40 km, solo ves una luz". Lo que parecía un pueblo podía ser simplemente un vehículo acercándose por la llanura argentina. "Era el descubrir qué era aquello al final", recordó Arguiñano. "Muy curioso".
El cocinero cerró el monólogo afirmando que "me acuerdo mucho de mi tiempo en Argentina cuando preparo carbonada argentina. Qué país tan bonito, lleno de paisajes espectaculares, y qué bien se comía".
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