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Itziar Ituño: “Diría un ‘no’ rotundo a interpretar a una mujer florero”

En su nueva serie recién estrenada, la actriz Itziar Ituño da vida a Elena Mugika, un personaje irreverente en la comedia-thriller vasca que combina humor y misterio

Itziar Ituño: “Diría un ‘no’ rotundo a interpretar a una mujer florero”Borja Guerrero

No le interesa hacer de adorno. A estas alturas de su carrera, Itziar Ituño (Basauri, 1974) tiene el privilegio de elegir quién quiere ser en pantalla. Y, ahora, ha elegido a Elena Mugika, la estrambótica protagonista de Argi Gorriak, una comedia en euskera con tintes de thriller que se ha estrenado este 20 de marzo en la plataforma de streaming de EITB, Primeran

Regresa a EITB como protagonista de Argi Gorriak. ¿Qué nos puede contar sobre Elena Mugika? 

-Es una mujer que está en un periodo de crisis existencial, y esto la empuja a hacer cosas un poco insospechadas como, por ejemplo, mangar en un bazar. Tiene una especie de pulsión cleptómana. La ansiedad, a veces, te obliga a hacer cosas rarísimas. También tiene un hijo y una hija con quienes tiene una relación muy peculiar: se quieren mucho, pero también se agreden verbalmente. Tienen una relación un poco…

¿Disfuncional? 

-¡Total! Pero me hacen muchísima gracia. Son el trío calavera. Elena ha tenido problemas gordos con su marido y, por circunstancias, a ese hombre le pasa algo, le dan de alta en el hospital y se lo plantan en casa. Un tipo al que no soporta. 

 ¿Qué es lo que más le atrajo de este personaje frente a otros posibles proyectos?

-Que fuese actriz de doblaje. Es una dobladora de la antigua escuela que sigue metodologías que se han quedado un poco obsoletas. En Elena se juntan un montón de factores para que la vida le dé bastantes patadas, y ella debe salir a flote como puede. Contamos todo esto en clave de comedia, pero es algo que nos ha pasado a muchas mujeres que llegamos a cierta edad, pasados los 40. 

Itziar Ituño durante la entrevista en Bilbao antes del estreno de la nueva serie.

La serie aborda temas como la precariedad laboral o la familia elegida, entre otros. ¿Cuál de ellos le ha tocado más de cerca? 

-A mí me apasionan todos. Me parece que están muy bien guiados, además. La serie rompe muchos esquemas, también con la comunidad china. En un momento, Elena se hace amiga de una mujer de origen chino que lleva toda la vida viviendo en Basauri y es euskaldun. Desde el humor, la serie pone muchas cosas encima de la mesa. Además, ese humor es muy especial, tiende a la ironía y la acidez. He leído muy pocos guiones así. Me he reído muchísimo. 

En un contexto marcado por el auge de la extrema derecha, ¿considera que proyectos como Argi Gorriak pueden ser útiles para generar empatía y visibilizar derechos? 

-Yo creo que sí. Es una manera de ponerle a la gente un espejo delante con sus propios prejuicios, que surgen al lidiar con la otra o el otro que es diferente. 

En esta misma línea y todavía al calor del reciente 8M, ¿qué valoración hace de la jornada de ese pasado domingo? 

-Estuve en Bilbao y me dio mucha pena que exista esta escisión entre las mujeres. Se convocaron tres marchas distintas. Sé que existe el debate, que es fenomenal, porque enriquece muchísimo las distintas maneras de percibir la lucha por la igualdad de las mujeres. Pero me dio mucha pena ver esa división. Y es que ahí está el “divide y vencerás”. Esa es la lectura que hago. Esa y esta: estaba en la marcha más grande con mis amigas cuando comencé a leer los carteles que había llevado la gente. Salvo dos, todos estaban escritos en castellano. Vale, sé que en ese momento se estaba reivindicando el feminismo, pero, ¿y los derechos lingüísticos? Saltaron todas mis alarmas. Sentí una gran tristeza en el corazón. En ese sentido, creo que esta serie aporta también a la normalización del euskera. 

Por otro lado, es inevitable preguntarle por esto: tras el éxito internacional con La Casa de Papel, ¿influye el personaje de Lisboa en su manera de elegir proyectos locales? 

-Para nada, ni en los locales, ni en los internacionales, ni en ningún otro. Este personaje influye en mi vida porque ahora me llegan muchísimos proyectos y tengo el gran lujo de poder elegir, aunque no siempre. También hago castings donde me eligen o no, pero hay compañeras y compañeros que no tienen esa misma posibilidad. Yo tengo el privilegio de elegir con el corazón: si la historia me conmueve, me implico en ella. 

Al hilo de todo esto, ¿cómo ha cambiado su forma de seleccionar trabajos con los años? En este momento de su carrera, ¿cuáles prioriza y a cuáles responde con un “no” rotundo?  

-Diría un “no” rotundo a interpretar a una mujer florero, a la comparsa del protagonista, a quienes están ahí anecdóticamente. Para hacer bonito. Cuando me llegan ese tipo de ofertas me pongo hasta de mala hostia. Y esto no tiene que ver con que una siempre quiere ser protagonista, también me he implicado con papeles muy pequeños. 

Itziar Ituño acaba de estrenar nueva serie en la plataforma Primeran.

¿Cómo han cambiado las plataformas la manera de producir y consumir series? Como actriz y espectadora, ¿cree que esa transformación ha sido positiva o ha tenido también costes para la industria?

-Todo tiene sus luces y sus sombras. La existencia de las plataformas ha reactivado todo el panorama audiovisual y generado empleo. Aquí, ha habido épocas en las que se hacían, con suerte, cuatro cosillas. Si tenías suerte, eras una de las afortunadas a las que llamaban. Ahora, hay muchas opciones, a veces demasiadas. Por otro lado, se está haciendo daño a los cines. Para mí, que un cine cierre es como si se muriera un hada. 

Hablando de películas, ¿en qué film ya grabado le hubiese gustado participar y con qué papel? 

-¡Bua! Memorias de África, Thelma & Louise, El paciente inglés… ¡Cómo elegir! Creo que me quedo con Thelma & Louise y con el personaje de Thelma, maravillosa. 

También es cantante. Cuando está sobre el escenario, ¿hay alguna canción que le emocione desde el mismo instante en que suena el primer acorde?

-Elegiría Zantiritu, una canción que habla de la capacidad ancestral para sanar de las mujeres de Euskal Herria. Todo eso se ha perdido o, más bien, nos lo han arrebatado. La canción habla de una vuelta al Zantiritu -que era una manera de volver a poner los tendones en su sitio-, de volver a poner el mundo en su sitio. 

Usted siempre ha compartido públicamente sus posicionamientos políticos. ¿Ha habido algún precio a pagar? 

-Sí, claro: se han caído trabajos, se ha tratado de censurarme, ha habido persecuciones y linchamientos públicos, dos de ellos muy grandes… Luego, el goteo de haters, trolls y mierders, que han sido bastantes. De hecho, he llegado a interponer una denuncia por insultos y amenazas. Ese ha sido el precio por dar mi opinión, siempre de manera respetuosa, además. Nunca he insultado a nadie. Yo solo digo lo que pienso cuando quiero. Ya está. Creo que es mi derecho. 

Si pudiera volver al primer día de rodaje en Goenkale y decirle algo a aquella Itziar que empezaba, ¿qué le diría?

-Le diría: “Maja, no te vas a creer qué te va a pasar”. Yo entré acojonada, con mi euskera kaskarra. Todavía no tenía el EGA y estaba estudiando en AEK. Hablaba muy poco para no meter la pata y no me imaginaba que iba a llegar un día en el que sería la prota de una serie en euskera. Le diría que no tenga miedo.