El 23 de diciembre de 2025, en plenas navidades, una joven foca gris de aproximadamente un año de edad apareció en la playa de Zarautz. Presentaba una marca en la cola, pero su estado general parecía óptimo. Más adelante, los veterinarios del Centro de Recuperación de Fauna de la Diputación Foral de Bizkaia, situado en Gorliz, comprobarían que en realidad estaba “enferma” y “muy débil”. Anteriormente, el animal había sido avistado en Hondarribia, visitó Zarautz y regresó de nuevo a este municipio. Normalmente, las focas grises (su nombre científico es Halichoerus grypus) tienen una esperanza de vida de entre 32 y 40 años. 

Se trata de una especie gregaria que vive en colonias de varios cientos e incluso miles de individuos. Pero tiene una particularidad: no son ejemplares especialmente sociales, lo que los lleva a abandonar sus colonias en busca de alimento hasta un total de 20 días, pudiendo alejarse 75 kilómetros. Las focas grises que se dejan ver en diferentes puntos del litoral vasco provienen, mayoritariamente, de las costas británicas y las Islas Faroe (Dinamarca) y Shetland, en el punto más septentrional del Reino Unido. 

Varamientos más o menos inusuales 

No es demasiado común encontrar cerca de la línea de la costa vasca ballenas o tortugas marinas, ya que es una zona de migración para ellas. Pero a veces ocurre. En esos casos, estos impresionantes ejemplares aparecen en las aguas cantábricas y pueden terminan varados en la arena. La mayoría de los rescates en los que participa SAREUS son de focas y delfines. Denis Benito apunta a que estos últimos son especies “residentes y muy numerosas”, de modo que es frecuente verlos recorrer el Cantábrico. Los varamientos masivos no son nada habituales en las costas vascas: los animales marinos que se avistan en las playas lo suelen hacer de manera individual. Denis explica que estos episodios se dan por causas naturales, pero también están relacionados, en algunos casos, con las interacciones de algunas especies con pesquerías.

Tres meses después, el pasado 24 de marzo, Argi (el nombre que le han puesto a la foca) fue devuelta al agua en perfecto estado de salud para que pudiera emprender su viaje de vuelta a las frías aguas del norte de Europa. En el momento de su liberación, a tres millas de la costa de Plentzia, pesaba unos 38 kilos. No es mucho, pero es que al llegar a Zarautz su peso era de 18,2 kilos. Un ejemplar adulto de una foca gris oscila entre los 170 y 300 kilos. 

El biólogo Denis Benito (Usurbil, 35 años) es coordinador de la Red de Varamientos de Euskadi SAREUS que gestiona la Estación Marina de Plentzia (PIE, por sus siglas en euskera) de la Euskal Herriko Unibertsitatea. Argi fue rescatada por el personal de SAREUS, que en 2025 llegó a atender un total de 31 varamientos en nuestras costas, sobre todo delfines y focas. En el primer trimestre de 2026 han realizado 12 intervenciones. ¿Qué debemos hacer en caso de encontrar una foca o un delfín en la playa? ¿Es aconsejable interaccionar con ellos?

Benito es tajante: “Siempre recomendamos prudencia y autopreservación. Hay que tener mucho cuidado. Las focas nos producen mucha ternura, pero son animales que pueden morder y transmitir enfermedades tan graves como la Gripe A. Con los delfines, exactamente lo mismo. "Pueden hacernos daño con algún golpe". Así que se debe mantener una distancia prudente con los ejemplares y llamar al 112 para que se ponga en marcha el protocolo de atención de varamientos. “Nunca pedimos a la gente que haga nada en estos casos, pero si nos comunican su deseo de ayudar al animal, les orientamos para que lo hagan con la mayor seguridad posible”, añade Benito.  

En el primer trimestre de 2026 SAREUS han realizado 12 intervenciones [Fotos: Cedidas]

Donostia, a la cabeza de los varamientos

La liberación de Argi se retrasó varios días debido a la climatología adversa. Los técnicos e investigadores tuvieron que esperar a que llegase el buen tiempo para que las condiciones del mar fueran las adecuadas. La mañana del 24 de marzo lucía el sol. Tras una travesía de una hora a bordo de una pequeña embarcación de la empresa TRAGSATEC, Argi salió de una caja lista para saltar al agua y emprender su viaje de vuelta. Aunque lo más habitual es que la foca “vuelva a su lugar de origen” y se integre “con el grupo que allí encuentre”, Benito no descarta que en su trayectoria de retorno se tome algún descanso y termine de nuevo deambulando por el Cantábrico. “Podría ocurrir, pero somos optimistas y esperamos que haya seguido su camino hacia el norte”, afirma el biólogo. 

Desde 1993, Donostia encabeza claramente el número de varamientos registrados con más de 80 casos. Le siguen a bastante distancia Zumaia y Zarautz, con más de 40; y Getxo, Sopela, Bermeo y Getaria, que superan los 30. Según Benito, el destacado liderazgo donostiarra tiene una explicación muy sencilla: sus tres playas, además de extensas, son muy frecuentadas, lo que aumenta las probabilidades de detectar varamientos y se avise al 112. La curvatura natural de la costa guipuzcoana “hace un poco de sumidero o fondo de saco” y esto podría provocar la llegada de más individuos que en Bizkaia.