Hasta hace algunos años, Felix Buff era ese batería competente y simpático conocido por tocar en distintas formaciones vascas (Willis Drummond, Joseba Irazoki, Atom Rhumba, Gorka Urbizu y Ruper Ordorika, entre otras muchas) al que solo veías al fondo del escenario aporreando su instrumento.
Pero a finales de 2020, radicado en Bera, Felix dio un paso al frente y sorprendió con la creación de su proyecto en solitario Rüdiger -en realidad, el nombre viene de su segundo apellido-, con el que guitarra en mano empezaba a explorar el pasado, presente y futuro del pop con una gran riqueza musical. De la mano de su alter ego, Rüdiger ha lanzado ya dos álbumes (Before it`s Vanished y The Dancing King) y el EP del año pasado Wild Cotton Glow, todos ellos alabados por la crítica y que le han granjeado una pequeña parroquia de seguidores.
Se define en sus redes sociales como “un actor discreto pero esencial” de la escena independiente vasca.
-Es una frase para poder situarme un poco en el panorama musical y está dirigida a alguien que no sabe nada de lo que musicalmente está pasando por aquí. Creo que fue mi hermano el que dio con la frase. Pero sí, desde que empecé a tocar en 2006 como batería he podido hacerlo con muchísimas bandas de horizontes muy diferentes. La lista sería demasiada larga, pero en Euskadi he tocado entre otros con Monarch, Willis Drummond, Joseba Irazoki, Atom Rhumba, Ke Lepo, Gorka Urbizu, Ruper Ordorika, Rafael Berrio, Joseba B. Lenoir, y en el Estado y Francia colaborando con bandas como Duncan Dhu, Petit Fantôme, Botibol y ahora Fyrs. He participado en proyectos que van del doom metal al folk-pop, pasando por la música electrónica, casi siempre al margen de la cultura mainstream, donde para mí se encuentra la música más interesante.
¿Qué le parece la etiqueta del Kevin Morby vasco?
-Es gracioso porque la primera vez que escuché a Kevin Morby me pareció que sonaba como un Bob Dylan joven. Me parece un poco reduccionista la etiqueta. Hay dos canciones que tienen claramente un deje a lo Kevin Morby (me encanta su música), pero puedes encontrar en mí influencias de Neil Young, Bill Callahan, The Drones, Kurt Vile, The Beatles, Radiohead, Robert Wyatt, Low… Lo que te nutre como oyente se encuentra inexorablemente en tu música.
Exquisiteces de Iparralde
Muy bien conectado con la escena musical de Iparralde y del conjunto de Francia (graba su música en Shorebreaker studios de su hermano Johannes, ubicado en la localidad de Tarnos en las Landas), Felix Buff recomienda al 100% “cosas increíbles” que vienen del otro lado de la muga como Bloñ, Xak, Lumi, Odei, Noiz, Palecoal, Mahumak, Orbel, Haira, David Chalmin… Sobre el actual panorama musical vasco, en general, afirma que la calidad “es muy buena. Ya no hay prejuicios ni problemas en mezclar géneros ni idiomas diferentes en un mismo disco”. Aunque se siente cercano a una generación de bandas ya de largo recorrido (Anari, Mursego, Gailu, Harat, Kazkezur, Akauzazte o Jupiter Jon), Buff reconoce que últimamente se ha sentido atraído por los sonidos de propuestas más jóvenes como EZEZEZ, Ibil bedi, Eire y Mahl Kobat.
¿Rüdiger es el proyecto de un fan de la música pop que hace su propia música pop?
-¡Totalmente! Es también el proyecto donde puedo hacer las canciones que no tienen cabida en ninguna otra banda en la que toco. De hecho, empezó así: tenía temas que no encajaban en Willis Drummond o Joseba Irazoki, así que empecé a tocarlos con la guitarra y cantarlos.
No sé si todavía le siguen conociendo más en su faceta como batería o como cantante y compositor...
-No lo sé, pero es verdad que se hace raro que no me conozcan como batería. Sigo siendo batería, sin ninguna duda. La mayor parte de mis conciertos los hago como tal. Últimamente, he girado con Gorka Urbizu, Ke Lepo, Ruper Ordorika, Fyrs, Izukari y Joseba Irazoki. También he grabado discos en el estudio de mi hermano Johannes (de Shorebreaker studios) y he coproducido bandas sonoras para cine y televisión con Elena Setién.
¿Qué es lo que más miedo le daba de tocar la guitarra y cantar?
-Nunca había hecho algo así en mi vida y fue todo un reto. Todavía no grabo mis guitarras en los discos, porque tengo tanta suerte de estar rodeado de excelentes músicos que perdería tiempo en el estudio para llegar a sonar tan fino. Casi todas me las graba Vincent Bestaven. Por suerte, hacía ya 15 años que tocaba todas las semanas encima de un escenario, por lo que no he tenido pánico escénico. La responsabilidad de estar en primera línea y hablar con la gente sí que era algo nuevo para mí. Es agotador pero también gratificante: puedes manejar el ambiente de tu concierto, interactuar con el público, o no…
Se está convirtiendo en una especie de artista de culto. A los que les gusta Rüdiger no son legión, pero les apasiona.
-¡Artista de culto suena a viejo! (ríe). Tengo, entre comillas, solo 40 años y tampoco he publicado tantos discos como para poder encajar en esa definición. Así que de culto nada, esto es solo un work in progress. Poco a poco voy haciendo un camino y se agradece que las criticas sean buenas, eso siempre. Los discos que he hecho hasta ahora han sido bastante distintos entre sí, y creo que me gusta que sea así. Siento que cada canción es un mundo en sí mismo.
Es un gran seguidor de los Beatles. ¿Cuál es su disco favorito de ellos?
-El White album, porque hay tantos mundos y sonoridades diferentes que ningún productor actual haría ni loco un disco así. Hay que tener valor para juntar esas canciones y decir: “Esto es lo que hay, esto es lo que somos. O lo tomas o lo dejas”. Exige atención y escucharlo repetidamente, precisamente lo que no está de moda hoy en día en la música comercial. Aunque es verdad que Rosalía lo ha hecho a nivel internacional con su último disco. Respeto total.
¿El EP del año pasado fue un aperitivo o una excusa para poder tocar en directo antes de la llegada del tercer álbum?
-Era una excusa para seguir con la gira y también para sacar tres temas que tocábamos desde hacía 2 o 3 años en directo y que no habían salido en ningún disco. A estas canciones les hemos añadido tres versiones que tocaba en solitario (Too Many Birds de Bill Callahan, If You Get to Feel de Unai, el cantante de EZEZEZ ; y Lose the Baby de Lost Animal).
¿En qué punto está el nuevo disco?
-El disco está ya masterizado. Pronto habrá noticias. Este disco será más luminoso que los anteriores. Seguramente, le disguste a la poca gente que le gusta mi música, ¡pero que así sea, qué le voy a hacer! Con este disco tenía ganas de hablar de amor, de cambios, temas más optimistas que el fin de nuestra civilización. Quizás se deba a la crisis de los 40 (ríe). Ah, y por fin tengo una canción en euskera.