¿A qué edad deben tener móvil nuestros hijos?

Durante el confinamiento, el uso de las pantallas se ha incrementado por parte de los más pequeños, como ha ocurrido en casa de Leire Retuerto. Los psicólogos recomiendan que los niños no tengan móvil antes de los 14 años, como mínimo

14.06.2021 | 08:51
Durante el confinamiento, los niños se han acostumbrado a interaccionar a través de pantallas

Uno de los principales enemigos de la comunicación familiar son las pantallas. "Irónicamente, en la era de las conexiones, no existe ningún dispositivo tecnológico que mejor nos conecte con nuestro hijo que nuestra propia piel", advierte María Luisa Ferrerós, psicóloga infantil y miembro de Top Doctors. Las nuevas generaciones son nativos digitales, crecen rodeados de toda suerte de dispositivos. Por eso, cada vez resulta más habitual ver a niños pequeños con móvil propio. Muchos padres muestran su preocupación y tratan de retrasar su iniciación en este mundo, pero, ¿qué edad es la recomendable según los expertos?

Es en 4º de Primaria, sobre los nueve o diez años, cuando muchos txikis piden un móvil, aunque no lo quieren para llamar, sino para jugar y ver vídeos en TikTok y YouTube. "En ese momento, la mayor parte de los padres se hacen con un móvil antiguo, sin tarjeta, con el que los niños pueden conectarse en casa a través del wifi. Sin embargo, no se dan cuenta de que han abierto una brecha de no vigilancia, ya que los niños han encontrado un hueco no reglado socialmente por sus padres", alerta Ferrerós. Esta experta advierte de que "muchos progenitores restamos importancia a las redes y a los juegos, por desconocimiento , y no somos conscientes de los problemas de privacidad que pueden tener los menores de edad, ya que a través de su dispositivo pueden proporcionar información como dónde están o a qué colegio van".

Por ello, el 99% de los psicólogos recomiendan que los niños no tengan acceso a un móvil con conexión a internet, como mínimo, hasta los 14 años. Es a partir de esa edad cuando tienen autorizado hacerse un perfil en redes sociales, aunque si puede retrasarse su salto a las redes hasta que sean algo más maduros mucho mejor. ¿Pero, y qué pasa si todos sus compañeros tienen móvil y el nuestro no? ¿Será el rarito de la clase? "El criterio de la mayoría, el de todos tienen o todos van, no es válido. Porque luego nos pasará que como todos fuman o todos beben nos dirá que él también. Pero diciéndole no ahora, reafirmamos la autoridad de nuestro criterio propio", argumenta Ferrerós, autora de Dame la mano: Descubre cómo conectar con tus hijos para que crezcan seguros y felices y otra quincena de títulos.

Otro de los errores que cometen algunos padres es comprar a sus hijos el último modelo. Lo ideal es que usen un teléfono infantil, diseñado para ellos. "Los niños no se traumatizan por no tener móvil ni por no tener las mejores bambas del mundo", asegura Ferrerós.

Además, nosotros debemos enseñarles a hacer un uso responsable de ese dispositivo. Es muy importante que carguen el móvil en una zona compartida, no en su habitación y nunca emplearlo como despertador para que no interfiera en sus horas de sueño. De esta forma, evitaremos que se pasen toda la noche en vela jugando, recomienda Ferrerós.

Y nada de aprovechar que nuestro hijo se ha ido a la ducha para revisar su teléfono a escondidas. Según esta experta, es necesario explicarle desde el primer momento que el teléfono es nuestro y somos nosotros quienes les permitimos utilizarlo, a cambio de tener la clave de desbloqueo del móvil y las contraseñas de sus perfiles en redes sociales. "Es mejor naturalizarlo para que no sientan invadida su privacidad y luego no haya rabietas", aconseja.

Otro de lo s problemas que cada vez más se están dando es el uso de las pantallas desde que nacen, lo cual hará que interioricen el uso de dispositivos tecnológicos desde la cuna. "Es muy fácil recurrir al móvil para calmar a los niños, y, por desgracia, cada vez es más común ver a unos padres cenando, mientras su hijo, de un año, está agarrado al iPad. El recurso es comprensible, pero el problema surge cuando le acostumbramos y lo convertimos en un hábito porque es más fácil para nosotros", critica esta psicóloga. "La solución no es poner una tirita en forma de pantalla", subraya, sino estar pendientes de él e incorporarle a nuestro plan. Si no se puede, deberemos adaptarnos a sus requerimientos y hacer ese plan más adelante.

Hay que tener en cuenta que hasta los 3 años de vida de nuestro bebé, su motor motivacional de desarrollo es la sensorialidad con el mundo motriz: moverse, jugar, interactuar con el ambiente... Por eso, a estas edades, coinciden los expertos, cuantas menos pantallas mejor. "Lo ideal es jugar nosotros directamente con él. Si le damos la posibilidad de jugar con nosotros, dejará todo de lado, porque con quien más quiere interactuar es con sus padres", garantiza Ferrerós.

en el confinamiento

La tecnología ha abierto una ventana al mundo exterior en estos tiempos de restricciones por la pandemia. Y de esta forma, el acceso a los móviles por parte de los menores se ha multiplicado a raíz de la pandemia, ya que se ha convertido en una herramienta cotidiana para verse con sus familiares y amigos. Pero esto también tiene una cara B, según advierte Ferrerós. Se han acostumbrado a otra manera de interaccionar. "Las conversaciones y juegos cara a cara se han suplido por perfiles que en una foto y descripción definen cómo son. Han entrado en contacto con una forma de socialización digital, distinta de la real. Y esto, es algo que nosotros, los adultos, sabemos, pero ellos no", subraya. Mientras que en el patio del colegio cada uno es como es, en Internet se aplican filtros y se retocan fotos para parecer más guapos, más delgados o más morenos, por ejemplo. "Por eso es importante proteger a nuestros pequeños, para que no aprendan a definir sus vidas por esos códigos y no lleguen a pasarse horas preparándose para proyectar una imagen ideal de ellos", concluye esta experta.

Niños caracol

Los hikikomori o niños caracol se han convertido en un problema global, pues este fenómeno surgido en Japón ya existe en nuestro país. "Sí que nos hemos encontrado casos aquí en consulta", asegura la psicóloga infantil María Luisa Ferrerós. "Estos jóvenes no salen de su habitación para absolutamente nada, incluso piden a sus padres que les lleven la cena a la habitación porque están jugando una partida en el ordenador, por ejemplo", explica. Entre las cuatro paredes de su cuarto se encuentran seguros y tienen todo tipo de dispositivos tecnológicos que les "conectan" con el mundo digital.

Esta experta es consciente de la incidencia de la pandemia en los hábitos de nuestros adolescentes. "Hemos tenido que ser más permisivos en el confinamiento, pero lo que me preocupa es que se hayan acostumbrado a esta zona de confort. Incluso muchos han generado ansiedad, fobia social, agorafobia, miedo o pesadillas y perciben que el mundo exterior es peligroso y catastrófico. Espero que con la llegada de las vacunas estos desórdenes desaparezcan", indica.

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