Temblad, rojos: la reconquista empieza en Castilla y León... gracias a Vox

11.03.2022 | 06:33
Los felices contrayentes, García-Gallardo (Vox) y Fernández Mañueco (PP), muestran su contrato matrimonial

Por fin una buena noticia en el ultramonte diestro. Las plegarias por un gobierno de coalición de "centro-derecha" (risas enlatadas) han sido atendidas. Alberto Núñez Feijóo estrena su casillero, aún sin estar oficialmente al mando, bendiciendo la santa alianza PP-Vox para gobernar en Castilla y León. "Un pacto legítimo", corre a excusarse preventivamente el editorialista de ABC. Y la cosa es que, al ir deslizándose por los párrafos, se diría que no hay gran convicción: "Es imprescindible para el PP que su pacto con Vox en Castilla y León se mantenga en los límites de las políticas propias de una sociedad plural, sujeta a una Constitución democrática y en el contexto de una Europa que reivindica, como nunca, sus valores de convivencia frente al populismo totalitario y agresivo de Putin". Pasando por alto lo de meter a Putin con calzador, ahí huele a duda.

Quizá para conjurar esa impresión de titubeo, el director del vetusto diario, Julián Quirós, invierte la carga de la prueba. Si les joroba a los malos, tiene que ser bueno: "Ayer, tal como era previsible, muchos periodistas y medios de comunicación se echaron las manos a la cabeza por el pacto del PP con Vox. Son los mismos que nunca llamaron extrema izquierda a Podemos, ni golpistas a los de ERC ni herederos de ETA a Bildu. Son, de hecho, los mismos que le han regalado programas de televisión a Otegi y libros de conversaciones a Pablo Iglesias; justo quienes declararon de palabra o de hecho que se proponían desmontar el Estado, combatir a España y derribar el sistema constitucional". Antes del punto final ya verán cómo van a leer más veces cosas parecidas.

El editorialista de La Razón moja la pluma en lejía para blanquear a los abscálidos: "Vox es un partido político democrático, que acertará o se equivocará como cualquier otro, y con el que se puede acordar o discrepar sobre sus iniciativas. En su historial no aparecen golpes contra el orden establecido, integración o colaboración con bandas terroristas o sinergias con algunos de los regímenes más detestables del planeta como ocurre con quienes cohabitan en La Moncloa u orbitan en su espacio". Ahí vuelven a tener lo del "pues anda que tú".

Y aquí, lo de la sartén y el cazo, en versión del director del periódico azulón, Francisco Marhuenda. Según sostiene, han sido los villanos rojos los que han creado el mito de Vox como partido de ultraderecha: "La izquierda es muy propensa a la desinformación y cuenta con unas terminales mediáticas siempre dispuestas a ser fieles propagandistas, porque la verdad no importa, ya que la información y la opinión están al servicio de su militancia partidista".

En el editorial de El Mundo, más bendiciones al matrimonio Mañueco-Gallardo y, cómo no, más sapos y culebras contra los que se quejan: "Nula es la autoridad moral de un PSOE entregado a la izquierda antisistema de Podemos y sostenido en Moncloa por independentistas y hasta por los herederos políticos de ETA, para poder afear ningún pacto de los populares. Pero es que detrás de tanta sobreactuación lo que aflora es el verdadero temor del sanchismo. Porque los españoles tienen a estas alturas muy claro que PP y Vox son dos agrupaciones condenadas a entenderse si quieren dotar a España de una alternativa a la alianza del inquilino de La Moncloa con las fuerzas que aspiran a derribar la Constitución".

En la página anterior, a Federico Jiménez Losantos le sale un brillo del ojo al pronosticar que esto es solo el principio de la reconquista. Con aviso a Feijóo incluido: "Lo mejor de este primer pacto PP-Vox, necesario, pero no suficiente, para echar a la Izquierda del Poder, es que se ha impuesto por el peso de la realidad, que se venga de quienes no la reconocen. Y la realidad es que Vox es un socio más fiable que Ciudadanos. Cataluña, Madrid y Castilla y León son hitos electorales de la recomposición del voto de derecha y del camino que puede llevar a Feijóo a la Moncloa. O a la vicepresidencia del Gobierno PP-Vox, si se emperra en hacer muecas de asco a ese pacto". ¿Has tomado nota, Alberto?

Pese a lo que llevamos leído, en ninguna cabecera la alegría es tan grande como en El Debate. "PP y Vox firman un Gobierno de coalición necesario y esperanzador", se deshace en olés y requeteolés el editorialista. Eso sí, de nuevo el argumento de peso es que los otros son peores: "Ni se alejan de la Constitución, todo lo contrario, ni desde luego suponen una amenaza para mujeres, homosexuales o inmigrantes, como denuncia un Gobierno formado por comunistas y sostenido por dos partidos separatistas, Bildu y ERC, cuyos líderes han sido condenados en el pasado por pertenencia a banda terrorista o sedición y malversación de fondos".

Por si no se ha captado la idea, el subdirector del digital catolicón, Luis Ventoso, viene con dosis de recuerdo: "Resulta un sarcasmo que el «regresismo» promulgue «cordones sanitarios» antidemocráticos contra un partido con más de tres millones de votantes, mientras vive encamado con el exterrorista Arnaldo, el delincuente sedicioso Oriol y una caterva pop de ministros comunistas, incapaces de distanciarse de un Putin que está exterminando a inocentes a sangre y fuego".

Como ya es costumbre, la nota discordante la pone Pedro J. Ramírez. El director de El Español nunca ha sido muy proclive al encamamiento del PP con Vox. No deja de ser curioso uno de los motivos de su recelo: "Es probable que el contacto con la maraña burocrática del poder frustre a un partido de activistas y de amateurs como Vox y lo reduzca a la irrelevancia de la propaganda, como ha ocurrido en cierta manera con Podemos. Pero es precisamente eso lo que más daño puede hacerle a Feijóo: la utilización propagandística del pacto con Vox en su contra".

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