el Real Madrid no supo perder en el Camp Nou. Lo hizo con estrépito en lo deportivo y alguno de sus jugadores terminó desquiciado -el mejor ejemplo, la expulsión de Sergio Ramos por agredir a Puyol después de haberle propinado una patada a Messi-. Pero lo que vino después resultó peor. El único que dio la cara ante los medios de comunicación fue su entrenador, Jose Mourinho. De los jugadores, ni rastro. No dijeron ni pío, al contrario de lo que había ocurrido hasta la fecha. Por eso se puede afirmar que los jugadores del Madrid sólo hablan cuando van bien las cosas. Y no se trata de una práctica adecuada cuando se cobra tanto dinero y se vive de la imagen de uno mismo.