El viaje esperpéntico del Barça a Pamplona y su justificación posterior se sostienen sobre una mentira que ni ha colado ni va a colar: es falso que Aena le garantizara que podría viajar a tiempo en avión a Pamplona. Y a partir de esa mentira vino lo demás: mantener el entrenamiento matinal en vez de viajar tranquilamente por tierra y llegar a comer; exigir por supuesta fuerza mayor un aplazamiento; y acabar a la carrera y llegando tarde cuando Osasuna dijo que nones. Y, después, mentiras en nota de prensa, mentiras de los directivos, mentiras de Pep y, ayer, mentiras de Rosell. El sábado conocimos la prepotencia del Barça. Ahora sabemos también que miente. Eso sí, lo hace muy mal.
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