Rumbo al Atlántico
Por primera vez, un equipo navarro se embarca en un desafío de dimensiones transoceánicas. El objetivo final es competir en la TRANSAT, una regata de 30 días entre Francia y Brasil a través del Atlántico.
NAVARRA no tiene mar, pero sí cuenta ya con un proyecto de vela transoceánica en solitario. Un plan que se inicia ahora (ayer se presentó en la plaza del Castillo de Pamplona) y que culminará en 2013 con la participación en la TRANSAT 650, una regata de 30 días a través del Océano Atlántico con escala en Madeira (Portugal). Un proyecto inédito en la Comunidad Foral y que sólo tiene dos antecedentes en el Norte de España, uno en Cantabria y otro en Asturias, pese a que esta clase, la de prototipos, comenzó en 1977.
Este proyecto ha sido posible gracias al patrocinio de Azysa, que ha permitido la compra de un barco completo y su remolque, con un coste total de 50.000 euros.
Sus protagonistas serán los navarros Carlos Charli Lizancos y Ana Nagore, que compiten por la Federación Navarra, y los donostiarras Santi Pablos y Juan Carlos Jiménez, que lo hacen por la Vasca. "Hace tres años lo intentamos también, pero por un exceso de imprudencia mío, por no llamarlo chulería, el barco no estaba bien de electrónica y no tenía el equipo que tengo ahora -explica Lizancos, primer patrón y que será quien compita en la TRANSAT-. No funcionó, me creó muchos problemas y acabé en las rocas".
En esa regata transoceánica compiten 80 barcos en la categoría de la embarcación navarra. Pese a plantearse el proyecto "en plan amateur", Lizancos se propone un objetivo ambicioso. "Aunque nuestro barco no es de última generación -tiene 7 años-, porque no podemos acceder a los modernos, si lo hacemos bien tendríamos que estar entre el quinto y el décimo. Y eso sería un éxito, porque es una clase de muchísimo nivel".
La TRANSAT se divide en dos etapas. La primera, entre Francia y Madeira (Portugal), de 8 días, y la segunda, entre Madeira y Brasil, de 22. En total, un mes de navegación en solitario. "Se vive mal. Llevas un calentador de gas, un infiernillo como el de la montaña, calientas agua y la metes en los sobres de comida liofilizada y con eso te alimentas".
Otro de los grandes problemas llega a la hora de dormir. O, mejor dicho, de no dormir. Por seguridad, para evitar incidencias en el barco, Lizancos no podrá dormir más de 20 minutos seguidos. Para habituarse, además de practicarlo en las regatas, acudirá a un hospital de Baiona en el que se realizan estudios de sueño, que calculan en qué tramos puedes rendir más y descansar mejor. "Por suerte soy de los que duermen poco", explica el navarro, que asegura que es común el dopaje para aguantar lo máximo posible despierto, aunque parece que este año habrá controles. Eso sí, en el barco no cabe ni un camastro, con lo que tendrá que dormir sentado con la espalda doblada contra el casco.
A la soledad, que "te hace pensar todo el rato en qué hacer para que el barco corra más, y eso es lo que más desgasta", y la incomunicación (está prohibido el contacto vía Internet o teléfono, y sólo se puede llevar un VHF de seguridad con apenas 30 kilómetros de alcance), se añaden los peligros del mar. Además de la posibilidad de chocar con ballenas, cachalotes o orcas, a Lizancos le preocupan sobre todo los OFNI (objeto flotante no identificado): "Hay miles de contenedores medio hundidos que se han caído de mercantes, maderas..., y si te chocas, estos barcos, que son de carbono, muy delicados, se rompen y se acaba la travesía. Y no se detectan con ningún sistema electrónico".