Aestas horas no hay noticias de una nueva operación de la Guardia Civil en los alrededores de Mestalla. El doctor Fuentes no ha abandonado su domicilio en los últimos días y tampoco queda constancia de que la preparación física de Juanfran esté en manos del señor Pascua. Pero en la redacción de L"Equipe, el diario deportivo francés, vuelven a estar mosqueados después de observar este sorprendente Valencia-Osasuna. "¡Transfusión, transfusión!", dicen que gritaba un periodista que ha montado una diana con las fotografías de Valverde, Contador, Domínguez, García... ¿Transfusión? Quizá Camacho tenga guardadas en algún banco de plasma muestras de su aguerrida sangre juvenil para casos de emergencia, de profunda apatía. Y el de ayer era uno de esos días. O quizá no, y se puso enrojecido de gritar en el descanso porque había querido colocar sobre el campo a un equipo y aquellos once futbolistas de rojo no llegaron a la categoría de cuadrilla. O alguien entre el grupo tomó la palabra y recordó que había que sacar la mala sangre de esa vergonzosa herida de la primera mitad y recobrar la dignidad, el orgullo y hasta el buen nombre. Sea lo que fuera lo que ocurrió durante ese cuarto de hora, Osasuna optó por poner en práctica su Operación Galgo porque el ridículo había sido de tal calibre, sobre todo en las tareas defensivas, que avergonzaba a sus propios seguidores. El desempeño de los cuatro defensas y de los dos pivotes no alcanzaba el nivel mínimo de exigencia y dejó particularmente en evidencia a Flaño y Nelson, empeñados en pases atrás y consumidos por sus continuos errores en las marcas. Pandiani, flojito todavía, no daba la referencia en ataque. Y, con todo perdido, los rojillos decidieron comportarse como galgos: con inteligencia, con sensibilidad, con paciencia... Dicen que los galgos no sólo son rápidos a la carrera, sino también aprendiendo. Y parece que Osasuna aprendió de sus múltiples errores, de tal forma que la cuadrilla de la primera parte (ahora sin Nekounam y con Aranda) volvió a ser un equipo, sin fallos, codicioso, compacto y, sobre todo, muy combativo. Empató un partido que parecía imposible unos minutos antes y puso tanto empeño y tanta determinación en ganarlo que los tres minutos finales de prolongación los consumió en el área del contrincante. Dudo, a estas alturas, si los pañuelos que asomaron en las gradas de Mestalla protestaban por las decisiones de Emery o reclamaban una investigación ante el extraño comportamiento del equipo de Pamplona. No hubo, sin embargo, control antidopaje a ningún futbolista. Si Camacho sigue en libertad el próximo domingo, deberá aplicar la misma medicina. Esta vez toca Operación Puerto: Osasuna debe salir a flote e intentar hundir un poco más al Zaragoza. Hará falta fútbol, pero también buenas dosis de sangre.
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