los periódicos se hacen viejos y nos hacen viejos. Hace ocho años y medio aparecieron por el aeropuerto de Noáin Javier Aguirre y Manuel Vidrio. Ahí estuvo entonces Izco esperándoles como corresponde a la llegada del nuevo entrenador y a uno de los fichajes. De aquella imagen a la actual, Aguirre ha echado un montón de canas -qué decir del presidente de Osasuna- y ha sumado similar cantidad de experiencias como para saber, de sobra, que el cambio de aspecto es el de un entrenador veterano, bregado en la traicionera Liga española -con cátedra por su paso por el Atlético- y que hoy planteará dificultades con el equipo que le toca. El mexicano siempre supo poner las pilas.
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