Tesón sin límites
El escritor Sergio Fernández Tolosa incluye en su último libro, "Vidas sin límite", 20 historias de superación con el deporte como acicate. Entre los protagonistas de estas historias están los navarros Antxon Arza y Serafín Zubiri.
A los protagonistas de las 20 historias que conforman el libro Vidas sin límite (Saga editorial) les une su excepcional afán de superación. Desde su nacimiento o en un momento determinado de sus vidas el destino se empeñó en cortarles las alas y ponérselo más difícil que al resto. Lejos de quedarse en el lamento de lo que ya nunca podría ser, se dedicaron a avivar ese fuego interior que, como alguien decía, la mayoría trata de aplacar a medida que avanzan los años, cargarse de ilusiones y hacer que cada día valiese verdaderamente la pena. 20 historias de superación a través del deporte entre las que se encuentran las de los navarros Antxon Arza y Serafín Zubiri.
antxon arza
Volver a nacer
El navarro Antxon Arza (Pamplona, 1962) vive con la sabiduría y la dosis de realidad que da haber vuelto a nacer un par de veces. El primer susto gordo se lo llevó a los 22 años, cuando se trajo un extraño tifus de una visita a Katmandú que le acabó perforando el intestino. Tras superar una operación a vida o muerte, un mes en el hospital y un año en casa sin fuerzas ni para moverse, Antxon volvió a levantar la cabeza. Y de aquella experiencia nació también su pasión por el piragüismo.
Hasta entonces su gran afición había sido la montaña. Aunque también había practicado natación y esquí, Arza había llegado a titularse como monitor de escalada en roca y en hielo. Sus problemas en Katmandú le dejaron hecho un "saco de piel y huesos" de 53 kilos -como señala Sergio Fernández Tolosa en su libro-. Para reforzar su musculatura en el tren superior se compró una piragua. Antxon no volvería separarse de los ríos. En los últimos 25 años el piragüismo se ha convertido en un modo de vida para Arza. En 1987 fundó la empresa Urkan Kayak, líder en el sector, ha filmado para Al filo de lo imposible y ha bogado por ríos de medio mundo.
En una de esas ocasiones en las que Arza navegaba a miles de kilómetros del Arga, en uno de esos saltos que tantas veces había solventado sin problemas, a Antxon le llegó su segundo punto de inflexión. Fue en aguas del río Yuruaní, en Venezuela. Arza cayó mal de una catarata de unos 15 metros, un quinto piso, y se partió dos vértebras. Desde entonces, aunque conserva abductores, aductores y vértebras "casi íntegros" necesita muletas o silla de ruedas para caminar. Pero tampoco este accidente valió para cortarle las alas a Antxon Arza.
Su lesión, "poco completa", le permite esquimotear en la piragua y todavía sigue navegando, ahora casi siempre con mujer e hijos, y también nada a diario e incluso cubre travesías a mar abierto como la Getaria-Zarautz. "El motor de las personas no son las piernas ni los brazos. Es el cerebro", sostiene. Su accidente en Venezuela también le valió para buscar nuevas ilusiones. En su caso las canalizó buscando una nueva afición, el quad. "Te cortan las alas, pero tú sigues soñando. Tus ilusiones siguen siendo las mismas, pero hay que buscar la manera de llevarlas a cabo", añade. Ahora, una o dos veces al año cubre varios miles de kilómetros a las puertas del Sahara y se reencuentra con las que eran sus ilusiones hacer varias décadas, antes de que la vida le golpease por partida doble
"El quad me ha devuelto la vida. Disfruto de la vida nómada, de vivaquear en cualquier parte, de perderme entre las dunas... Y he podido regresar a lugares en los que estuve con la bicicleta de jovenzuelo, se me caían las lágrimas", afirma Arza en Vidas sin límite.
serafín zubiri
Un adicto al deporte
Por mediático, quizá sea más conocido el ejemplo de superación de Serafín Zubiri, el otro navarro que aporta su testimonio a este libro. Serafín Lizoain Vidondo nació en Zubiri hace 46 años, aunque la afición por el deporte le llegó mucho más tarde. Al igual que dos de sus cinco hermanos nació ciego, algo que, gracias a su "optimismo genético", "nunca fue un problema grave" para él. Acostumbrado a tener las cosas más complicadas que el resto y, según dice, adscrito a la "cultura del esfuerzo", lo suyo fue conocer el deporte y convertirse en adicto. "Al hacer deporte el cuerpo segrega endorfinas, también conocidas como la hormona de la felicidad. Se lo recomiendo a todo el mundo. Es la droga más sana que hay", explica el músico navarro.
Con su carrera musical ya en buena marcha, Zubiri empezó a practicar deporte de manera tardía con un amigo del pueblo, al ver que tenían esa misma inquietud. Lo primero fue una caminata de 10 kilómetros por el entorno de Zubiri. Tardaron una hora y media en hacer diez kilómetros, pero eso no fue más que el principio. La progresión fue espectacular y en 1991, cuatro años después de aquella salida por el prepirineo navarro, era el invidente más rápido de España en 1.500 metros.
Zubiri, no obstante, decidió no volcarse de lleno en la competición y tomarse la música como profesión y el deporte como afición. Algo que, sin embargo, no signifícó bajar el listón en lo que a proyectos deportivos se refiere. Y así le llegaron algunas de las aventuras más espectaculares de su vida. La más dura de todas fue la ascensión junto a un grupo de invidentes al Aconcagua, una oportunidad que le llegó después de conocer a Mari Ábrego, quien le animó a intentarlo. "Llevábamos media hora y se me ocurrió preguntarle a mi guía por el paisaje. Me contestó que ni se había fijado. Entonces comprendí que lo importante de la montaña no es lo que ves hacia fuera, sino lo que ves hacia dentro. Te ves a ti mismo con tus miserias y tus potencialidades", explica Serafín Zubiri en Vidas sin límite.
También le surgiría la oportunidad de ir al Kilimanjaro -la ascensión en la que más disfrutó-, recorrer 500 kilómetros en bicicleta por el desierto del Sahara o participar en multitud de maratones. Según dice, la vida es una continua carrera de obstáculos" en la que los fracasos solo valen para coger impulso. "Afronto los fracasos sin derrotismos, como vicisitudes que me impulsan y motivan a seguir luchando", sostiene Zubiri.