Bubba Watson se enfundó en la madrugada de ayer la chaqueta más preciada del deporte mundial, la que le proclamaba campeón del Masters de Augusta. El jugador de Bagdad (Florida), de 33 años, no paró de llorar desde que embocó el último putt, el ganador, en el segundo hoyo del desempate que disputó con el sudafricano Louis Oosthuizen, campeón del Open Británico de 2010.

Bubba fue hombro por hombro secándose las lágrimas. Desde ahora podrá jugar de por vida el Masters. El club le da la bienvenida eterna al pegador más potente del Tour estadounidense, famoso por su driver rosa, heterodoxo también en sus formas y gustos, pero golfista de pies a cabeza.

Poco antes de los sollozos incontrolables de Bubba, su aproach en el segundo hoyo del desempate bajo los árboles, tras su escapada desde el tee, fue el segundo mejor golpe de la jornada y del torneo. Las ramas, las hojas, la tierra bajo sus pies y al fondo el verde de la calle y el green. Bubba lo tenía francamente mal. Necesitaba casi un milagro. Pero tras el chasquido del golpe, la bola fue a parar al green en vuelo perfecto y no peor aterrizaje. Bubba convertía una posición imposible en una ocasión para birdie. La cara de Oosthuizen era ya un poema. Sabía que ese golpe había acabo con él.

El golpazo de Bubba Watson fue solo el segundo mejor del torneo porque el honor de golpe del día, y del año y del siglo, fue para el propio Louis Oosthuizen, aunque no le sirviera para llevarse a casa la chaqueta verde.

Oosthuizen embocó un albatros (-3) en el hoyo 2 (par 5) -el primero de la historia del torneo en este hoyo y cuarto en el global-. El hierro 4 que dio el sudafricano quedó para la historia, y le empujó hasta un liderato que mantuvo hasta la eclosión de Watson. Bubba se coló en la fiesta que Louis Oosthuizen fabricó en el hoyo 2 porque el norteamericano encadenó cuatro birdies entre los hoyos 13 y 16.

La serie demoledora llevó a ambos hasta el desempate, en el que no se pudo meter el estadounidense Phil Mickelson, que se quedó a un palmo, el que le separó del birdie en el hoyo 17. El zurdo de San Diego buscaba una chaqueta con la que hubiera igualado las cuatro de Arnold Palmer y Tiger Woods.

Y en el desempate, ese segundo golpe de Bubba en el hoyo 10, entre la hojarasca, bajo los árboles y con solo una posibilidad de éxito, destrozó a Oosthuizen y su histórico albatros.

Schwartzel, vencedor en 2011, ayudó a Bubba a colocarse la chaqueta verde, como manda la tradición, y el rostro iluminado del campeón quedó para la historia del torneo.

En lo que a los españoles se refiere, Miguel Ángel Jiménez cayó hasta el puesto 56º, pero Sergio García se repuso de su mala tercera ronda y acabó en una buena 12ª plaza.