Los rostros de satisfacción de María Chivite, de Mikel Irujo e incluso del propio Pedro Sánchez, durante la firma del acuerdo con Hithium en China, ni podían ni querían disimularse. La llegada de una nueva fábrica a Navarra, en un sector industrial en claro desarrollo, complementario con nuestro actual mix energético, y con capacidad para generar entre 700 y 1.000 empleos, supone una extraordinaria noticia.
Y explica la presencia del presidente del Gobierno, especialmente interesado en que se le vincule con una inversión notable, que encaja en un ecosistema industrial como el navarro pero que resulta casi inaccesible para otros territorios, donde los empleos industriales fueron sustituidos por los servicios, en la mayor parte de las ocasiones de mucho menor valor añadido. Es el caso los turísticos, que están contribuyendo además a reventar el acceso a la vivienda en muchas ciudades. Sánchez es listo y sabe mejor que nadie que los buenos datos macroeconómicos y de empleo no bastan para asegurarle una reelección que a día de hoy parece lejana.
La sociedad ya no se conforma con escuchar que el PIB sube o que el empleo crece. Poder trabajar se da por descontado, pero trabajar debe servir no solo para llegar a fin de mes, sino para algo más. Exactamente lo que empleos como los que ofrecerá Hithium en Navarra deberían facilitar.