Valerio Rocco es de esas personas que transmite convicción en lo que comunica porque pone pasión en lo que hace. Filósofo, profesor Universitario y desde 2019 Director del Círculo de Bellas Artes de Madrid, estuvo esta semana en Pamplona en Civican para hablar de lo suyo, de la Cultura, del papel transformador del Arte, de la necesidad de decrecer, de la manera en que la IA nos afecta y del egoísmo que marca nuestros días. Llegó directo desde Oviedo tras formar parte del Jurado del Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales.
En la conferencia que impartió en Pamplona en Civican abordó el vínculo de la cultura con el bienestar, entendiendo la Cultura no solo como refugio individual, sino como herramienta para reconstruir el bien común.
Sí, es nueva concepción del concepto de bienestar. En un mundo que cada vez está más atomizado, más fragmentado, en el que estamos cada vez más aislados como individuos y faltan vínculos significativos que nos unan, es imposible, y creo que además es moralmente equivocado, pensar el bienestar como un asunto meramente individual. La cultura yo creo que puede servir para reconstruir vínculos significativos y hacernos pensar el bienestar como bien común.
Estamos hablando de tratar de fortalecer lo social en un mundo marcado por los ismos, por el individualismo, el egoísmo... y una creciente cultura del yo.
Primero hay que estar bien con uno mismo y a veces nos quedamos en ese bienestar con uno mismo, pero hay que abrirse para que sea esa suma colectiva. Yo creo que aquí entra en juego también mi faceta de filósofo, de profesor de Filosofía. A esos ismos a los que has aludido se podrían añadir más, al individualismo, al egoísmo, el especismo, que concibe al ser humano independientemente del resto de seres vivos, o el racismo o el machismo... son todos ismos que parten de una perspectiva filosófica que es el sustancialismo. Es decir, la concepción según la cual hay cosas y personas, ya hechos, ya formados, que establecen relaciones entre sí en un segundo momento.
¿Y qué propone frente a esa idea?
Frente a esta idea de sustancialismo, que nos hace concebirnos como individuos, como especies, como géneros, como religiones, como razas, nos hace concebirnos como separados de los demás, yo propongo más bien un concepto de la visión relacional del mundo. Primero están las relaciones. Las relaciones familiares, de amor, de amistad, profesionales, que son las que van formando a los individuos. El mundo es un conjunto de relaciones y no un conjunto de individuos y cosas aisladas.
Esa idea a la que alude lleva implícita el valor de los cuidados.
Sí, el cuidarnos también, pero no tanto el cuídate a ti mismo, como te enseña un poco la autoayuda, sino cuidar las relaciones que generas a tu alrededor.
¿Cuáles son los grandes retos a los que se enfrenta el mundo actual y cómo desde la Cultura se puede incidir en esos grandes retos?
Bueno, yo creo que hay retos a nivel social, como es este que he dicho del individualismo y del egoísmo y la división, que está muy conectado con el gran reto de qué hacemos con el mundo digital.Qué hacemos con esas redes sociales que no nos conectan, sino que nos aíslan, que no generan relaciones significativas, sino que nos encierran en cámaras de eco, que nos devuelven una y otra vez nuestra propia voz, nuestra propia imagen, nos refuerzan en nuestros prejuicios. Tiene que ver también con un problema crucial, que es el de la Inteligencia Artificial y su auténtico carácter innovador o no. Yo creo que lo más innovador no es la tecnología y la digitalización, en contra del pensamiento establecido.
Entonces ¿qué es lo más innovador en este momento?
Si uno le pregunta a cualquier persona en la calle ¿qué es la innovación? Te va a contestar, digitalización, tecnología, inteligencia artificial. Pero realmente la tecnología solo sirve para contestar a las preguntas que ya nos hacemos, sirve para solucionar los problemas que ya hemos identificado. Eso ya es muy importante, pero no es lo más innovador. Lo más innovador es cambiar esas preguntas, transformar los puntos de vista, identificar nuevos problemas que estaban ocultos y preguntarse por qué estaban ocultos. Y esto no lo hace la tecnología, no lo hace la Inteligencia Artificial, esto lo hace la cultura, entendida como humanidades, artes, filosofía... Entonces, si pensamos en este punto de vista, nos daremos cuenta de que la IA y la tecnología en su conjunto no es lo más innovador y que si queremos sociedades verdaderamente innovadoras hay que apostar por la cultura en todas sus manifestaciones.
“Vivimos un extraño momento en el que a veces el regreso al orden es lo subversivo.Y eso se está viendo mucho en los jóvenes”
Habla a menudo de esta idea de que la filosofía es lo que nos hace generarnos nuevas preguntas, no tanto darnos respuestas como quizás te las da la tecnología.
Si. Y en ese sentido, la cultura, la filosofía, las ideas, es lo único a lo que nos podemos agarrar. Y también el arte, con su carácter absolutamente transformador de la perspectiva. De repente el arte en todas sus facetas, un libro, una película, una determinada música o una obra de arte plástica nos hace ver e el mundo de otra manera, nos cambia nuestra manera de ver el mundo. Y eso es muy importante cuando se pretende que nuestro pensamiento sea cada vez más estandarizado y cuando se da tanto valor a las respuestas.
Y entonces llega Chat GTP con sus respuestas a todo.
El propio Chat GPT o la IA generativa deja claro que nosotros simplemente tenemos que introducir una pregunta en el cuadro de mando y ahí se nos dará una magnífica respuesta. Pero qué pregunta hacer es lo relevante. Y sobre todo preguntarnos por qué nos estamos haciendo esa pregunta. ¿Qué es lo que nos induce a hacer una determinada pregunta y no otra? Y para esto, las humanidades, la Cultura, la Filosofía y el Arte siguen siendo fundamentales y por eso es tan triste que también en el sistema educativo en general se le haya quitado peso y se haya entendido la educación solo como la capacidad de responder, cuando es antes y ante todo una capacidad de saber preguntar.
Tampoco es fácil llegar con este mensaje a la gente joven.
Bueno, eso en gran medida es por otra pregunta. ¿Por qué se han despreciado tanto estos saberes? Porque son potencialmente peligrosos y subversivos, porque casi todas las disciplinas humanísticas han defendido una creación del conocimiento de manera compartida, de manera dialógica. Es decir, saber preguntar es también preguntar al otro, escuchar sus preguntas, formular juntos nuevas preguntas.
Pero, ¿qué ocurre con el sistema educativo actual?
Que es tremendamente individualista y competitivo. Desde las más tempranas etapas de nuestra educación estamos puntuando cuantitativamente a los estudiantes, haciéndoles competir entre sí, no fomentando colaboración. Y eso es tremendo, porque cuando luego llegan al mundo del trabajo y al mundo de la política, como ciudadanos y ciudadanas y como trabajadores y trabajadoras, ¿qué queremos? Queremos que antepongan el bien común a su propio interés individual. ¿Cómo van a ser capaces de hacer eso? Si en el sistema educativo les hemos enseñado a ser ellos y ellas los que sacaran matrículas de honor, los que sobresalieran entre todos, los que hicieran una actividad extraescolar más. Entonces hay que cambiar completamente este paradigma individualista y competitivo de la educación si queremos formar personas que puedan aspirar a la consecución del bien común.
En ese sentido también le quería preguntar sobre el consumo cultural, muchas veces se consume como un entretenimiento, pero también es una poderosa herramienta de transformación social en este momento.
Yo distingo mucho entre entretenimiento y cultura, creo que hay una línea divisoria muy clara. La cultura yo creo que por definición es aquella forma espiritual de cualquier tipo que aspira de alguna manera a transformar el mundo. No directamente de manera política, pero sí presentando un determinado retrato de la realidad y queriendo transformar esa realidad. Yo creo mucho en esa frase de Bertolt Brecht cuando dice, en su caso decía, el arte, yo diría más ampliamente la cultura, no es un espejo para reflejar la realidad, sino un martillo para transformarla. Eso es la cultura, y la cultura por su voluntad de transformación social muchas veces incomoda, perturba, asusta, pone al ser humano entre sus contradicciones, y por eso muchas veces no es agradable. Y en cuanto no agradable, difícilmente puede ser un objeto de consumo en el sentido del mercado.
Está claro que el entretenimiento es otra cosa.
El entretenimiento tiene una función completamente distinta, también importante en nuestras sociedades, que es una función no movilizadora, no transformadora, sino narcotizante y quietista. No aspira a cambiar a las personas, no aspira a cambiar la realidad, sino simplemente a entretenerlas, a divertirlas. Y en ese sentido sí puede ser objeto de un consumo cultural y de lógicas de mercado.
"Frente a la imposibilidad de parar que te da el mundo contemporáneo y una lógica del éxito que es acumulativa, hay que volver al concepto clásico de vida buena"
Dice que la Filosofía nos transforma, transforma las preguntas que nos hacemos, los puntos de vista, ¿cómo lo hace?
Nosotros como seres humanos hoy en día estamos absolutamente volcados en las cosas. O sea, la sociedad nos impone tener nuestra atención puesta en las cosas. O bien para conocerlas con nuestro conocimiento, o bien para desearlas con nuestro deseo, o para consumirlas con lo que se llama nuestra apetencia. Este sistema que promueve, por cierto, y fomenta y multiplica la tecnología, implica una imposibilidad de la vuelta a una y uno mismo. Y de la pregunta más fundamental sobre quiénes somos. Hoy en día alguien respondería a la pregunta “quién eres” mencionando toda una serie de requisitos externos, las cosas que tiene y no lo que es. Yo por eso reivindico, y ha sido polémico en algunas ocasiones, el valor filosófico y hasta político del aburrimiento. Ese momento en el que no hay cosas exteriores que nos atrapen, que nos distraigan, que nos movilicen, y en el cual necesariamente tenemos que volver a nosotros mismos para hacernos preguntas más fundamentales. Ese valor filosófico y político del aburrimiento es fundamental y por eso nuestra sociedad nos lo pone cada vez más difícil. Saber aburrirse es una heroicidad y es lo más revolucionario que podemos hacer hoy en día, lo más contracorriente. Y yo mismo confieso que, aunque intento practicarlo, fallo muchas veces, porque el mundo nos lo pone muy difícil. Nos lo pone muy difícil porque vivimos en una velocidad, que es absoluta, en la cual el tiempo está para ocuparse más que para vivirlo-
Siempre decimos que no tenemos tiempo, pero el tiempo está.
Es que el tiempo nos tiene a nosotros. No es que nosotros hemos perdido dominio sobre el tiempo y capacidad de hacerlo nuestro, es que el tiempo nos tiene a nosotros. Y esa falta de autocontrol es una enorme desgracia del mundo contemporáneo.
¿Cree que hay cierto adormecimiento en lo cultural, en lo social, que la Cultura se ha vuelto extremadamente complaciente o todavía cree que puede ser esa herramienta de disidencia?
Creo que la Cultura es una poderosísima arma de transformación personal y social. Pero eso no implica necesariamente que sea revolucionaria. Puede ser un arma de transformación en un sentido reaccionario o conservador. No es casual que no solo en España, sino en Europa y en todo el mundo, las fuerzas de ultraderecha, cuando llegan a los gobiernos, por cierto, con mucho más interés a veces que los de izquierdas, quieren hacerse con las administraciones que tienen que ver con la cultura. Porque han entendido perfectamente ese carácter transformador. Pero no necesariamente las personas más cultas, las personas más leídas, son las que van a transformar la sociedad para bien. Entonces, yo sí creo en el poder transformador de la cultura, pero también creo que se está haciendo un uso reaccionario y a veces conservador de ella. Y también creo, en línea con el comienzo de tu pregunta, que vivimos un extraño momento en el que a veces el regreso al orden es lo subversivo. Y eso se está viendo mucho en los jóvenes. Una vuelta a una cierta espiritualidad, incluso a la iglesia como un momento de control, a determinadas ideas políticas, a determinadas concepciones racistas o machistas, homófobas, que creíamos desaparecidas de la sociedad. Esa vuelta al orden, reaccionaria, está siendo vista como subversiva. Y eso es peligroso.
Lleva desde el 2019 como director del Círculo de Bellas Artes de Madrid, ¿Cuál es su balance? Creo que ha tenido duros recortes por parte del actual Gobierno en Madrid.
El balance de estos años es muy positivo. Nos hemos marcado todos los objetivos que yo tenía en el proyecto por el que fui elegido director. Hemos rejuvenecido muchísimo nuestro público. La edad media del público de la programación ha bajado 23 años, de 56 años a 33 en estos 7 años. Nos hemos internacionalizado mucho. Hemos generado redes europeas muy importantes, captando fondos europeos también significativos. Y esto se ha hecho sin desatender la proximidad, lo local, el barrio, lo que nos circunda, del mismo modo que en el primer eje esa atracción de los jóvenes se ha hecho sin perder el público senior y también intentando generar programaciones intergeneracionales.
¿Cómo se ha conseguido ese rejuvenecimiento del público, uno de los grandes retos para los espacios culturales?
Bueno, pues de muchísimas maneras: programación digital, mayor incorporación de jóvenes a la propia actividad cultural, voces jóvenes, una internacionalización . Y sin perder excelencia y rigor, también afrontar de manera explícita los grandes temas, los grandes retos sociales, que son los que preocupan a la juventud. La cuestión de la igualdad de género, de la crisis climática, nos hemos posicionado mucho en cuestiones geopolíticamente complejas, como es el insoportable violencia que está ocurriendo en Gaza. Todo ese tipo de posicionamiento social explícito creo que ayuda mucho a atraer a los jóvenes, y luego que esos jóvenes también vayan a las partes no explícitamente sociales o políticas de la programación.
En su horizonte está la idea del decrecimiento, redimensionar el Círculo de Bellas Artes, no solo por la reducción presupuestaria. Es una reflexión que nos puede servir también en otros ámbitos de la vida.
Totalmente. Y está en consonancia de nuevo con lo que decía al principio de la entrevista, es decir, frente a la prisa del mundo contemporáneo que te impone ir más rápido, frente a la imposibilidad de parar que te da el mundo contemporáneo y una lógica del éxito que es cuantitativa y acumulativa, hay que volver al concepto clásico de vida buena, también porque ese concepto es un concepto que está basado en la mesura, en la proporción, en la calidad, más que en la cantidad. Y si nosotros queremos calidad de vida de nuestros empleados y de mí mismo, si queremos calidad indubitable de las propuestas, entonces hay que reducir la cantidad, hay que bajar los ritmos y creo que es una manera también de explicar a la sociedad que esto debería quizá aplicarse a todo orden de la vida. Así que sin duda parte de este decrecimiento se debe a circunstancias externas, como esa reducción drástica, prácticamente la supresión de la subvención nominativa que recibíamos de la Comunidad de Madrid, pero también se debe a una convicción sincera de que el Círculo debe hacer menos cosas y todas buenas.
Intentar bajar el ritmo…
Sí, lo que decimos, la idea del decrecimiento también como filosofía de vida.Yo publiqué un artículo en Revista Occidente que se titulaba Recuperar la demora: la gran revolución de nuestro tiempo. Entonces yo esto lo creo en el plano personal, lo creo en el plano institucional y la verdad es que mi propia plantilla me anima a ello y yo creo que poco a poco lo estamos consiguiendo.
¿Hasta qué punto hoy son libres los espacios culturales o hasta qué punto están muy sujetos a los intereses económicos, a los intereses políticos? ¿Cómo conseguir esa necesaria libertad en la acción?
Bueno, yo tengo la enorme suerte de dirigir un espacio cultural seguramente el único, la única gran institución cultural en España absolutamente independiente. Porque solo recibimos un 7% de financiación pública. Las administraciones públicas no tienen ninguna decisión en nuestra gobernanza. Este carácter de asociación que tiene el Círculo de Bellas Artes, este carácter democrático, lo hace independiente y lo hace más resistente a las presiones. Aún así, evidentemente, el espacio de la cultura está sometido a presiones políticas y empresariales justamente porque se dan cuenta perfectamente del enorme poder transformador que tiene y entonces es difícil. Hay que hablar. Y es difícil muchas veces hablar cuando uno está en el cargo, cuando uno pertenece a una institución. Pero yo creo que sí que hay que hablar con normalidad de los casos de presiones o de censura que uno recibe también cuando uno se va de los sitios. No para criticar a un político determinado o a un empresario en concreto, sino para mostrar prácticas que existen y que no deberían existir. Compañeros de profesión, artistas de todas las disciplinas por ejemplo que han sufrido este tipo de censuras, pues no siempre hablan .