un niño no es homúnculo, no es un hombre pequeño. Cuando un equipo infantil sale al campo no es un equipo de hombrecitos, por más que quieran, en un esfuerzo de imitación, parecerlo. Lo que vemos en el terreno de juego es un grupo de libros con muchas páginas por escribir, unos niños desarrollando cimientos físicos y emocionales que necesitan imperiosamente orientación experta y ejemplo apropiado.
Su monitor no es un entrenador en el pleno sentido de la palabra, es un adulto que forma equipo con sus padres y su maestra, y que es plenamente consciente del valor que tiene como referencia en la formación del jugador-niño. Por supuesto que su papel es diferente al de padres y educadores pero no puede ser contradictorio y necesariamente debe ser complementario.
Cuando los padres y madres dejan a sus hijos en manos de un club de fútbol y los monitores que éste controla deben asegurase de que los mensajes que reciben encajan armónicamente dentro de su proyecto educativo.
Basta mirar en un entrenamiento o en un partido los ojos abiertos con que un pequeño jugador mira a su monitor para hacerse idea de la importancia que tiene el comportamiento de ese adulto en la formación del niño. Sus palabras y sobre todo su ejemplo son definitivos en la formación de sus valores; con él aprenderá a ganar y perder, a controlar la frustración, a encauzar sus impulsos a respetar a sus compañeros, adversarios, instalaciones, a conocerse a sí mismo, a aceptar sus limitaciones y las decisiones de quien le arbitra.
Es vital para nuestro deporte que las escuelas de entrenadores y los clubes seleccionen y cuiden con mimo a los jóvenes que dedican a estas funciones, es evidente que en los últimos años se ha conseguido un enorme avance en este aspecto y que ésta es una tarea continua.
Vaya desde estas líneas mi admiración y aliento para tantos y tantos entrenadores de niños y niñas que, lejos de los focos mediáticos pero armados de ilusión, estudian y trabajan para darle a sus chavales lo mejor de sí mismos, ese fútbol que tanto nos gusta está en deuda con vosotros.
El autor es vocal de Formación y Relaciones Sociales del Comité Navarro de Árbitros de Fútbol.