Si alguna frase se ha repetido machaconamente después de la primera vitoria de Marc con Ducati la semana pasada en Aragón, es esa de “a río revuelto, ganancia de Marc”. Aquel asfalto nuevo, poco agarre, noche de lluvias y circuito a izquierda parecía justificarlo. Por lo tanto, tampoco es tanta novedad que si el río sigue revuelto, o incluso se agita más, el que mejor pesca en estas condiciones acabe llevándose el trofeo mayor otra vez.

Es verdad que el mérito esta vez es mucho mayor. Todo acontece en pleno patio de juego de los chicos de la VR46, los discípulos de Rossi, en cuya nómina se encuentra Pecco. Todo estaba preparado para darle la réplica a la pasada victoria aragonesa de Marc, y festejarlo como nunca. Incluso el gran mesías estaba allí para repartir bendiciones y saludos a diestro y siniestro. Pero a quienes por edad conocemos la cara de Rossi, desde que empezó a despuntar sobre aquellas 125, pudimos reconocer que esa sonrisa que mostraba ayer al termino de la carrera destilaba vinagre por doquier. No me hubiera gustado estar a solas con él. Porque nada puede dolerle más que la segunda victoria de su archienemigo, en la puerta de su casa, cuando ya le había dado la estremaunción.

Sigo creyendo que a condiciones normales, día soleado, buena temperatura y asfalto previsible, Márquez no tenía posiblidades. No ya solo contra Pecco o Martín, incluso contra Bastianini o Morbidelli. Contra las 2024, vamos. Pero de nuevo bastó solo ya que la carrera saliera flag to flag, que permitía a los pilotos entrar a boxes a cambiar de moto si la lluvia aparecía. Eso generó una dosis de nervios que no todos saben gestionar. Luego cuatro contadas gotas, una decisión de Martín que ni él la entiende, y ya tenemos el río bien espumoso. Ahí, con todo el grupo de nuevo reunido, sólo él sabe qué hacer, y cómo hacerlo bien. Un ritmo rápido (pero no ultra rápido) fue sufiente para que Bagnaia pensara más en el campeonato que en su orgullo ( y el de su padrino) y le dejara marchar.

Puede que la repetición de este GP en Misano, dentro de dos semanas, también haya hecho efecto en esta falta de ambición. De forma improvisada, se decidió por parte de Dorna organizar un segundo GP en Misano ante la caída del circuito de Kazajistán. Una solución barata y fácil, pero que evidentemente favorece las opciones de Pecco frente a Martín, acostumbrado como está el italiano en gastar neumáticos como loco a lo largo del año en este circuito. Pero la primera, agua, o mejor dicho, vinagre. ¿Habrá revancha?