No nos pregunten por qué, pero es el sino de La Roja en todos los Mundiales, incluso en el que ganó: llevarse una buena bofetada en la fase de grupos. Que a veces viene bien para espabilar y ponerse las pilas, pero otras veces es solo para comprobar que este año, tampoco. Y el partido contra Arabia Saudí dará indicios importantes. Entre otras cosas, porque existe una seria posibilidad de que la selección asiática imite el planteamiento de catenaccio de Cabo Verde, y pocos equipos le crean tantos problemas a La Roja como los que se cierran atrás sin pudor ni complejos. El caso es que De la Fuente ha tenido casi una semana para plantear algo más que el tiki-taka estéril del primer partido en el caso de que los saudíes se cuelguen del larguero. Y el margen se agota. Y solo una victoria –a ser posible, rotunda– no se sentiría como una nueva bofetada.
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