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Irán y EE.UU. afrontan las últimas 24 horas para evitar el reinicio de la guerra

Crece la incertidumbre ante el silencio de Teherán, el retraso de la delegación de Washington y la negativa de Trump a prorrogar la tregua

Irán y EE.UU. afrontan las últimas 24 horas para evitar el reinicio de la guerraEfe

Islamabad se ha convertido esta semana en el epicentro del suspense geopolítico. En su tercer día de parálisis total, la capital paquistaní no es más que una "Zona Roja" blindada, un enclave de embajadas y sedes gubernamentales sellado al tráfico, con escuelas cerradas y el hotel Serena —habitual sede de la diplomacia de alto nivel— convertido en un fortín bajo custodia militar.

El motivo de este despliegue es tan urgente como incierto: el alto el fuego entre EE.UU. e Irán encara sus últimas 24 horas mientras la delegación estadounidense ha retrasado su partida a Islamabad y el silencio de Teherán respecto a su participación es atronador, haciendo aumentar exponencialmente la incertidumbre sobre la ronda.

Y es que la frágil tregua, que expira oficialmente este miércoles 22 de abril a las 20:00 (hora de Washington), se ha visto erosionada por una escalada de hostilidades en las rutas marítimas. Irán ha denunciado lo que califica de "piratería marítima y terrorismo" tras el abordaje del buque comercial Toska en el mar de Omán el pasado domingo. Según Teherán, la tripulación ha sido tomada como "rehén" tras un ataque que dejó "un agujero en la sala de máquinas" del navío.

Por su parte, el Pentágono no solo ha confirmado el uso de la fuerza, sino que ha redoblado la presión. Este martes, el Departamento de Guerra informó de una nueva operación en el Indopacífico con el abordaje del petrolero M/T Tifani, un buque sancionado y sin bandera vinculado a la República Islámica. Con más de 10.000 militares, 12 barcos y 100 aeronaves patrullando la zona, Washington ha dejado claro que las aguas internacionales no serán un refugio para Irán mientras no se alcance un acuerdo nuclear y de navegación.

Trump no extenderá la tregua

Además, desde Washington, el presidente Donald Trump ha enfriado cualquier esperanza de una extensión del alto el fuego. En una entrevista con la cadena CNBC, el mandatario fue tajante: "No quiero extenderlo. No tenemos tanto tiempo". Trump osciló entre el elogio al "increíble pueblo" iraní y la crítica feroz a sus líderes "sedientos de sangre", a quienes instó a que usen "la razón y el sentido común".

Pero el mandatario no se detuvo ahí y en un alarde de sus capacidades Trump defendió su gestión como comandante en jefe asegurando que él habría ganado la guerra de Vietnam "muy rápidamente" y "lo mismo en Irak", poniendo como argumento para su defensa la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, la cual, según sus palabras, "tomó en 45 minutos y era un país militarmente muy fuerte".

Sin embargo, mientras Trump defiende su desempeño, la realidad política es más compleja: la ofensiva contra Irán, iniciada el 28 de febrero, empieza a pasar factura en las encuestas y genera fricciones incluso dentro del movimiento MAGA, ante el temor de un conflicto prolongado que afecte a las elecciones de medio mandato en noviembre.

Retraso del viaje de EE.UU. y el vacío iraní

A la tensión que ya se respiraba, se suma además el retraso del viaje de la delegación estadounidense. El vicepresidente JD Vance, acompañado por Jared Kushner y el enviado especial Steve Witkoff, tenía programado aterrizar hoy en Pakistán con el objetivo de obligar a Irán a renunciar al enriquecimiento de uranio a cambio de un alivio de las sanciones que asfixian su economía dependiente del petróleo.

Sin embargo, el éxito de la misión no depende ya únicamente de ese viaje pospuesto sin una nueva hora, sino que además Mohamad Baqer Qalibaf, presidente del Parlamento iraní, ya ha advertido que su país no acepta "negociaciones bajo la sombra de la amenaza". El portavoz de Exteriores, Ismail Bagaei, fue aún más directo al afirmar que Irán no tiene planes de acudir a la cita, denunciando que el bloqueo naval de EE.UU. —que dice haber interceptado 27 buques— invalida cualquier espíritu de tregua.

En el centro de esta tormenta, el Gobierno de Pakistán agota sus cartuchos diplomáticos. El viceprimer ministro Ishaq Dar ha mantenido reuniones de urgencia con la encargada de negocios de EE.UU., Natalie A. Baker, y el embajador de China, Jiang Zaidong, buscando un apoyo internacional que fuerce a Teherán a sentarse a la mesa, con Egipto y Arabia Saudí participand tambiñen en este eje de mediación desesperada.

El primer ministro, Shehbaz Sharif, supervisa personalmente un dispositivo de seguridad que parece prepararse tanto para una cumbre de paz como para el estallido de un conflicto mayor. La incertidumbre logística es total porque las infraestructuras están listas, pero los asientos frente a la delegación de JD Vance siguen vacíos.

Con el estrecho de Ormuz bajo un control intermitente y amenazas de destrucción de infraestructuras críticas sobre la mesa, las próximas horas decidirán si la diplomacia en Islamabad logra un milagro de último minuto o si el mundo asiste al reinicio de la guerra. El reloj marca la cuenta atrás y, por ahora, en Islamabad solo se escucha el paso de las patrullas militares.