LEITZA. Leitza puso ayer el broche final a la 34º edición de la semana cultural con la tradicional feria de artesanía, que volvió a reunir a cientos de personas en la plaza.

Desde bien entrada la mañana, artesanos de toda Navarra, Gipuzkoa y Bizkaia fueron llegando al municipio para exhibir, vender y enseñar al público cómo trabajan sus creaciones. Durante todo el día, se pudieron ver demostraciones de talla de madera, fundición de hierro, elaboración de piezas de vidrio, bronce y otras curiosidades con las que los artesanos, volvieron a llenar la plaza del pueblo.

En total, participaron 120 artesanos y se colocaron 50 puestos de venta de productos, que recibieron múltiples visitas durante todo el día. Sin embargo, hubo algunos, como el de Argia Badago, que atrajeron a un mayor número de personas, puesto que el responsable del puesto se pasó la mañana fundiendo vidrios y elaborando artesanías in situ.

Otro de los de atractivos de la jornada, sobre todo para los más pequeños, fue el puesto de gigantes, cabezudos y kilikis, donde los niños pudieron observar, y en el mejor de los casos, comprar todo tipo de alegres figuras.

Como viene siendo habitual, la feria también contó con la participación de varios leitzarras, como las amigas de Liñu Putzu, que pasaron la mañana haciendo encaje de bolillos, o los integrantes del taller de personas con discapacidad Okille, que acudieron para vender las cartas y los sobres que fabrican a partir de papel reciclado.

Una joven artesana local, Amaia Agirre, también colocó por primera vez su puesto para dar a conocer los anillos, ganchos, pulseras y demás adornos que elabora en su tienda Bortxia.

No en vano, como explicó Esperanza Aimaga, que acudió por segunda vez a Leitza desde la tienda Patchwork de Pamplona, "estas ferias son la mejor oportunidad para enseñar los productos y conocer a futuros clientes".

Víctor Arrieta y su compañera también lo piensan y por eso, no dudaron un instante cuando les propusieron participar en la cita de ayer. "Trabajamos con la madera en un polígono de San Sebastián y estas ferias nos permiten abrir las puertas y recibir encargos", explicó el donostiarra mientras tallaba un bastón con una cabeza de águila.

Para Joxe Mari Buldain, Arantza Azpiroz, Rocío y Josune también era la primera experiencia en la feria de Leitza. "Pertenecemos a un agrupo de artesanos aficionados de Araitz Betelu y hemos venido a enseñar las creaciones que hemos ido haciendo en los últimos meses", informó Buldain.

Junto a ellos, Mireia, del taller Mai-Kyk, tejía telas para hacer camisetas infantiles, mientras Joseba Rodríguez cosía pelotas ante la atenta mirada de unos muchachos. Era el cuarto año de este pamplonés en Leitza y se quejaba de que, curiosamente, en un pueblo tan aficionado a la pelota a mano, las ventas iban "un poco flojitas".

Para Jacoba Van-Jaarsuelo tampoco fue un día de grandes ventas, pero disfrutó de una bonita jornada que se prolongó hasta el anochecer con música, gaiteros, gigantes, cabezudos, talos y sorteos. Además, esta XXXIV edición, todos los participantes de la feria fueron invitados a una comida popular de la mano del grupo cultural Alke que, además de organizar la feria, cocinó los alimentos y sirvió la comida. En representación de todos los integrantes, Julián Zabaleta y Koro Makatzaga agradecieron la ayuda prestada por el Ayuntamiento, los comerciantes, los hosteleros y varios particulares del pueblo, ya que sin su ayuda, aseguraron, sería muy difícil organizar una feria como la de ayer.