ACERCARSE hasta la villa romana de Arellano es todo un privilegio que te transporta a tiempos romanos de mágica creatividad y mistéricos ritos. Aquí mismo, en la bella olvidada que es Tierra Estella, en el término de Arellano conocido como Alto de la Cárcel, enmarcados por un paspartú de la tríada mediterránea, como hace 2.000 años, de cereales, vides y olivos sobre onduladas tierras y por el borde de las cumbres de Montejurra, la pequeña alhambra de Monjardín, Sierra de Codés, Sierra de Arrosia, Cortabacoy y los Montes de Sesma, se encuentran los restos, muy bien recuperados, de este antiquísimo (siglos I a V) asentamiento agrario de época romana. Es obligado mentar que su visita debe establecerse a través de Guiarte (www.guiartenavarra.com). La visita alcanza altas cotas de conocimiento, inserción y espectáculo por la expresión y sentimiento que aporta la guía Nuria Osés Etxeberria; esta experta de Arróniz se convierte en la décima musa de Arellano para total disfrute del recorrido.
En el siglo I se instalaron en estas tierras veteranos soldados de las campañas del emperador Augusto, a los que se les concedió tierras e incorporaron sus técnicas constructivas, agrarias y económicas. A ellos se debe la nueva estructura de la explotación de la tierra a través de las villas rurales y la racionalización y explotación de cultivos y ganado. La datación de esta villa es clara en mediados del siglo I a través del monedario y otros objetos hallados. La primigenia construcción disponía de grandes instalaciones y un complejo sistema para la elaboración de vino. Además, otras estancias y ajuares evidencian el poder social de esta bodega. A finales del siglo III la villa fue arrasada por un incendio, quizá provocado por tropas bárbaras que invadieron Hispania . La segunda época se sitúa en los siglos IV y V, en época tardoimperial. Con un nuevo dominus o señor, los edificios se superponen a los restos de la primitiva villa y aumentan el perímetro. Aunque se sigue trabajando la tierra, la villa tiene más una función de centro religioso y de descanso, con distintas comodidades y lujos. Por la calidad y tamaño de los mosaicos de esta época encontrados se considera que fue un centro religioso dedicado al culto de Cibeles y Atis. Algunas hipótesis proponen que el nombre de Arellano se relaciona con el patronímico romano Aurelianus, por lo que el dominus quizá fuera éste. Lo que si parece seguro es que el dominus coincidiría con algún jefe religioso del culto a Cibeles y Atis.
A comienzos del siglo V la invasión de la península por parte de los visigodos acaba con el esplendor de esta bellísima finca. Los últimos datos de su ocupación pertenecen al siglo VI, época en la que se utilizan algunas dependencias para actividades metalúrgicas del hierro.
La villa de Arellano responde plenamente al patrón romano. Se sitúa en el centro de una finca (fundus), disponía de agua por la cercanía de un embalse y la atraviesa una vía importante que unía Andelos con Varea. El caserío está en la parte más elevada y en disposición de terraza. Este complejo arquitectónico se articula en tres partes: pars urbana, destinada a la vivienda del dominus; la pars rustica, donde se alojaban los trabajadores y sus aperos; y la pars fructuaria, destinada a la elaboración y conservación de los productos del campo, como el vino. La villa abastecía de alimento y bebida a través de los mercados.
La luz hallada el día de los inocentes de 1882, y que dio lugar al posterior descubrimiento del universo de la villa romana, fue el musaeun (estancia de estudio de los siglos IV y V). Y fulgor in crescendo en su excavación al aparecer el tesoro escondido de las musas, que dotará para siempre el nombre del lugar: Las musas de Arellano. En 1942, Blas Taracena identificó los restos de los primeros edificios de la villa, que, hasta la actualidad, ha sido intervenida en 15 campañas arqueológicas. Definitivo en el inicio de las excavaciones de 1985 fueron la sensibilidad e interés de varios profesores del instituto de Estella y del Centro de Estudios de Tierra Estella. Las actuaciones (1985-2002) fueron promovidas por Cultura del Gobierno de Navarra y corrieron a cargo de la Sección de Arqueología del Museo de Navarra, cuya directora fue Mª Ángeles Mezquíriz. En la actualidad, el Gobierno de Navarra y Guiarte Servicios Turísticos velan por el mantenimiento, interpretación y disfrute de este maravilloso museo de sitio.
El mosaico de las musas y sus elegantes escenas reposan en el Museo Arqueológico Nacional, por lo que el que vemos en Arellano es una réplica. ¡Bueno sería que regresara! El mosaico tiene forma octogonal y está enmarcado con una franja trenzada de colores. Los compartimentos de las nueve musas son trapezoidales e irregulares y están delimitados por una línea de teselas blancas. Cada uno de estos espacios aparece una figura femenina identificada con una musa y, junto a ella, otra figura masculina que representa a un maestro de distintas actividades intelectuales (poesía, filosofía, música?). En todos estos compartimentos aparece como fondo un paisaje con una villa y variados motivos vegetales. Las musas son las siguientes:
Musa 1ª: Calíope, de la elocuencia, aparece acompañada de Homero.
Musa 2ª: Terpsicore, que porta una lira, está atendida por un maestro sin identificar, pero de virtud musical.
Musa 3º: Melpómene, que parece en actitud de declamar y está relacionada con la tragedia. Su maestro no se sabe quién es.
Musa 4ª: Talia es la musa de la comedia. Lleva máscara dorada. Está instruida por Menandro, máximo representante de la comedia.
Musa 5ª: Euterpe, es la musa del canto y la danza. El maestro es Hyagnis, al que la mitología le designa como el inventor de la música.
Musa 6ª: Clío, musa de la escritura y la oratoria. El maestro es Cadmo, descubridor de la escritura fenicia.
Musa 7ª: Polinia, de la poesía amorosa. No aparece ni la figura de la musa ni la de su maestro.
Musa 8º: Erato, de la pantomima y rezos paganos. Su figura no está; sí el maestro, que luce melena larga.
Musa 9ª: Urania, musa de la astronomía, siendo su maestro Arato, poeta y astrónomo.
Nueve musas que invitan a disfrutar de su belleza, inspiradora historia y mágico entorno. Si la fuerza del mosaico de las musas es colosal, no lo es menos el mosaico de Cibeles y Atis, cuya mítica leyenda de amor, celos y tragedia la cuenta con lujo de detalles la propia guía Nuria Osés.
el conjunto La villa o casa de campo en su primera época (I-II) enseña por este orden el fumarium o cámara de humo y el cortinale o sala de cocción, estancias para la elaboración del vino; el torcularium o sala de prensado de la uva; la cella vinaria o bodega, donde se conservan 18 de las 65 dolias o recipientes de 700-800 litros; el peristylium o peristilo, patio porticado de planta cuadrada; y cisterna para el abastecimiento de agua.
Ya de la segunda época (siglos IV-V) encontramos la entrada a la villa por el lado sur; las estancias superiores a la bodega; la cubicula o dormitorios; el oecus o salón principal, en cuyo suelo lucen los fenomenales mosaicos de Cibeles y Atis; el musaeum, sala de estudio del mosaico de las musas; el cubiculum o dormitorio principal del dominus; y, ya fuera del recinto cubierto, está el stablum o establo; y el taurobolium, gran edificio de planta rectangular y articulado sobre un patio en el que se rendía culto a Cibeles y donde encontramos (las originales están en el interior) dos aras grabadas con cabezas de toro. Allí se finalizaba con el rito de correr y apresar al toro, sacrificándolo degollado sobre una superficie agujereada, debajo de la cual se colocaba al elegido para un bautismo de sangre. Pisar este taurobolium e ilusionarse en el rito es una verdadera regresión a las entrañas de la tauromaquia. Aunque cruento, un placer sentir esta emotiva dimensión del rito taurómaco en la que la vida y la muerte se empapan una a la otra.
El luminoso hallazgo de las musas, nueve, y el rito mistérico del taurobolium inspiran el título de este reportaje: El hambre de conocimiento y los rituales para disfrutarlo y renovarlo son la raíz de la cultura. Y cultura hay para emborracharse en esta villa romana de Arellano.