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40 años de la Ikastola de Arbizu

COMENZÓ SU ANDADURA | Hace cuatro décadas, fruto del empeño de un grupo de vecinos, y mañana celebrarán el aniversario

40 años de la Ikastola de ArbizuCEDIDA

La Ikastola Andra Mari de Arbizu cumple 40 años y lo va a celebrar mañana en un acto que reconocerá a todas aquellas personas que han hecho y siguen haciendo posible que este proyecto que iniciaron un grupo de arbizuarras siga adelante. Será al mediodía en la plaza de Arbizu, donde se proyectará un audiovisual que recoge estas cuatro décadas de andadura, recorrido que también se mostrará en una exposición de fotografías. Mañana no faltará un aate, almuerzo imprescindible en todas las celebraciones de Arbizu.

Fruto del trabajo y del empeño de un grupo de vecinos, en 1974 abrió sus puertas esta ikastola. El primer curso no comenzó en septiembre sino en enero, después de Reyes. Las primeras aulas estaban en la mitad del edificio que en la actualidad alberga la escuela, que en aquellos años era la biblioteca. Si bien contaban con la autorización de la profesora del centro, cuando la Diputación de Navarra supo de la existencia de la ikastola, le llamó la atención. Así, el curso siguiente se trasladó a la casa del cura, donde estuvieron un año.

Desde sus inicios, al igual que en muchas otras ikastolas, uno de los principales objetivos era contar con unas instalaciones adecuadas y fijas. Lo cierto es que costó llegar a esta estabilidad. Así, tercer año y tercer traslado, esta vez a Mieltxonea, donde permanecieron otro año. De allí fueron a un piso de la calle Akarruntza y después al edificio que ahora ocupa Alda Bidea Elkartea. Pero el peregrinaje no acabó aquí. Volvieron al Ayuntamiento, a la antigua cárcel. Para habilitar el espacio se debió realizar una obra importante, tarea que se realizó, como otras muchas, en auzolan. Después de unos años, se trasladaron a su sede actual, cedida por el Ayuntamiento.

La ikastola comenzó con siete niños y niñas nacidos en 1971. Cantidad que fue incrementándose con los años. Pero convencer a las familias no fue fácil, ya que muchas consideraban que no eran necesario ir a la ikastola para aprender euskera, lengua mayoritaria en Arbizu. Así, los promotores argumentaban la necesidad de alfabetizarse.

Otra preocupación de las familias era si aquel proyecto iba a tener continuidad y la cartilla de escolaridad. Esta cuestión se resolvió los primeros años gracias una ikastola de Gipuzkoa y San Fermin Ikastola, que sellaban las cartillas de los alumnos de Arbizu.

En los años 80-90, la ikastola de Arbizu consiguió legalizar su situación para los alumnos de Infantil, de 3-6 años, que al acabar esta etapa prosiguen sus estudios en la ikastola Andra Mari de Etxarri Aranatz.

La financiación los primeros años fue a través de la Fundación Príncipe de Viana, en la que estaba José Mª Satrustegi, y de aportaciones de las familias.