En 1975, los antiguos chalés del Segundo Ensanche estaban ya en franco retroceso y en proceso de desaparición. Habían constituido la primera generación de edificios de la zona cuando, tras ser derribadas las murallas de la ciudad, las familias acomodadas de Pamplona huyeron del saturado Casco Antiguo, buscando mejores servicios y calles más amplias y desahogadas. Y a tenor de las fotografías que hemos podido ver podemos decir que fueron en general construcciones bonitas, imaginativas y llenas de encanto.
La fotografía muestra un tramo de la avenida de Roncesvalles, con el cruce con Carlos III hacia el final. Se ve al fondo la casa Berasain, en cuyos bajos estuvo durante años la pastelería Zucitola. El solar vacío de la derecha se corresponde con el derribo de la clínica del doctor Alcalde y de los chalés de Muniáin y Lasaga. En el lugar liberado había de erigirse el flamante edificio de la Caja de Ahorros de Navarra, joya de las finanzas forales.
Hoy en día es fácil contemplar lo poco que hemos evolucionado en los 40 años transcurridos. Siguen siendo derribados edificios antiguos y perfectamente integrados en la trama y el estilo del Ensanche, para construir bodrios de dudoso gusto y que chirrían en la trama que Serapio Esparza diseñara para el barrio a partir de 1916, con 99 manzanas de 70 metros de lado. Casos como los de la torre de 20 pisos que proyectan en Maristas o los rascacielos de Salesianos constituyen los últimos y más significativos ejemplos.
En cuanto al edificio de la CAN que se iba a levantar en 1975, no tenemos aquí espacio para explayarnos sobre el escandaloso desastre propiciado por nuestros actuales gobernantes en relación a este tema. Así que nos limitaremos a manifestar nuestra adhesión a la gigantesca y colectiva arcada, a la náusea que sacude a la ciudadanía conforme nos vamos enterando de los detalles de su gestión y su liquidación. Fin de la cita, que diría Mariano.