Síguenos en redes sociales:

Cien puestos en la Feria de Burguete

estrenaron ubicación en la calle principal, en un animado mercado que ni siquiera el chaparrón que cayó al mediodía del sábado pudo estropear

Cien puestos en la Feria de Burguete

fiel a su cita anual, Auritz/Burguete acogió el sábado la tradicional feria de artesanía. Más de 100 puestos se disponían en un espacio que este año resultaba novedoso. “Viendo el tapón que se formaba en la calle contigua al frontón, decidimos distribuir los puestos a lo largo de la carretera”, decía Mikel Gaztelu, presidente de Garaitzeko Asi. Y parece que han acertado. “La jornada ha sido todo un éxito. Ha venido muchísima gente y los aparcamientos se han llenado”, decía el alcalde Luis de Potestad Tellechea, Txiki.

Desde las 9 horas, los vendedores de queso, entre otros, se colocaban en la plaza. Por la carretera, en cambio, había más productos alimenticios y artesanales, desde patés y dulces hasta bisutería y ungüentos. Mientras, la nota festiva la pusieron la comparsa de gigantes de Aurizberri y los trikitilaris de Iruña.

Tanto los visitantes como los artesanos han visto muy positivo el cambio de distribución de los puestos. Desde la organización, reconocían que antes algunos quedaban escondidos, pero este año, “hemos logrado dar visibilidad a todos”, decía Anabel Erneta, del Ayuntamiento. A pesar de todo, hay artesanos que ya tienen su clientela. “Hay gente que venía preguntando por el de las conservas o el del pastel vasco”, confesaba Erneta.

Además de los habituales, gente de la zona colocó su puesto en esta feria por primera vez: patés Etxenike, hamburguesas de Trigo Limpio, Itziar Berruezo y su bisutería de macramé, Amaia Urtasun con sus muebles, Jean-Baptiste Etxarren y sus libros o Silbia Lerindegi vendiendo las memorias de su padre recién fallecido.

Asimismo, se pudo disfrutar de una demostración de forja. Llegados desde Izurdiaga, los Brun invitaron al público a trabajar el hierro a golpe de martillo. “Nuestro objetivo es que lo veáis y mantener la tradición de una empresa familiar de más de 300 años”, decía uno de ellos. Igualmente, los hermanos Murillo, de Orondritz, no querían dejar caer en el olvido una tradición como la de hacer sogas. “No venimos a vender, lo que queremos es conservar un oficio casi perdido”, decían.

La mañana terminó en el frontón con un zikiro elaborado por los auriztarras al que acudieron 140 personas y con una sobremesa amenizada por el mítico Luziano. Una exitosa acogida al cambio en una feria que ni el chaparrón pudo estropear.