En 1898 - Al tiempo que el vetusto y carcomido imperio español naufragaba en Cuba, Puerto Rico y Filipinas, un grupo de vecinos de la calle de San Gregorio, poco preocupados al parecer por la pérdida de las últimas colonias, se dirigió al ayuntamiento solicitando que se pusiera a su calle el nombre de Pablo Sarasate, argumentando que el músico había nacido en ella. El consistorio no atendió dicha petición, puesto que demostró que Sarasate, en realidad, había nacido en la contigua calle de San Nicolás. Cinco años después, en 1903, el antiguo paseo de Valencia recibiría el título oficial de ‘Paseo de Sarasate’, aunque en los rótulos se recogió el más cosmopolita nombre de ‘Boulevard de Sarasate’.
La fotografía reproduce el tramo final del paseo, con el palacio de Justicia que acababa de levantar el arquitecto municipal Julián Arteaga semitapado por los árboles, y algunas de las estatuas de reyes de Navarra delante.
Hoy en día - El paseo conserva el mismo título otorgado en 1903, aunque son aún muchos los pamploneses que usan con asiduidad el anterior nombre de ‘paseo de Valencia’, que databa al menos de 1850. Vemos que permanece en su sitio el edificio ecléctico que Julián Arteaga diseñara como sede de la Audiencia Provincial, hoy Parlamento de Navarra. Y comprobamos también que siguen en el paseo las estatuas de reyes, aunque no en el emplazamiento exacto de hace 118 años. Si los fieles lectores de Adiós Pamplona así lo quieren, prometo contar la semana que viene la sorprendente historia de estas extrañas esculturas.
Y es que esta vieja, castigada y maravillosa Iruñea de nuestros dolores continúa y continuará con su devenir milenario, por encima incluso de quien quiere pervertir su cultura más propia y auténtica, con un auto-odio derivado de la ignorancia y la más cateta de las fobias. La historia, a buen seguro, será muy dura con ellos...