En lo alto de la Barga, desde Etxarri Aranatz hasta Ziordia, los maiatzak, una tradición que se pierde en el tiempo y que al igual que otras, el cristianismo adoptó con sentido religioso, en este caso la festividad de la cruz de mayo. Lo cierto es que por estas fechas es cuando la Barga, la pared norte de Urbasa, se cubre de verde y el mayo avisa de que ha llegado el momento de llevar el ganado a pastar a la sierra.

El primero en asomarse fue el de Bakaiku, en Hartzabal, un hermoso tronco de haya de unos 20 metros que cortaron y prepararon el mismo domingo. Muy cerca, pero en el término de Etxarri, también levantaron su maiatza. En Ziordia hubo dos, uno en el monte y otro en la plaza. Ya por la tarde, en la plaza fue el de Iturmendi, dónde ponerlo en pie se ha convertido en una fiesta a la que se unen personas de otros pueblos, y más ayer con una tarde espléndida.

La cita era a las 18.00 horas. Minutos antes, un grupo de vecinos esperaba al inicio de la tarea alrededor del maiatza, un tronco de haya coronado por una rama de pino, 29 metros en total, que los quintos y quintas llevaron el día anterior a la plaza. También se encargaron de que todo el material necesario estuviera a mano. Alrededor, numeroso público también estaba a la espera. Las campanas de la iglesia y un cohete anunciaron que había llegado el momento de iniciar la operación. El capataz era Ignacio Arbizu, que se encargó de coordinar a los que arrimaron el hombro para levantar el tronco y los que tiraban de las cuerdas para que quedara recto, tarea a la que se apuntaron jóvenes y mayores, sangre nueva y veteranía en esta tradición que sigue muy viva.

Primero a pulso y luego con la ayuda de horquillas, escaleras y cuerdas; poco a poco, el tronco fue entrando en un orificio de metro y medio de profundidad que el resto del año está cubierto y es el centro de un reloj de sol. La tarea llevó 45 minutos. Así, el mayo marcará las horas hasta finales de mes, cuando será retirado con una grúa. La venta de su madera será para los quintos y quintas. Este año son siete. Igor Goikoetxea, Gorka Rubio, Iraitz Lopez de Zubiria, Julen Guerrero, Irune Goikoetxea, Izaro Goikoetxea e Izaro Sukia.

Tradición rodeada de simbología

El maiatza está rodeado de simbología, relacionada sobre todo con la fertilidad y la vida con diferentes interpretaciones. Así, sería símbolo de la juventud y expresión de la naturaleza que protege y da vida. El árbol también sería figura de la divinidad, un elemento que une las raíces de la tierra con el cielo. De origen profano, como culto a la fertilidad, más tarde adquirió sentido religioso. Esta tradición estaba muy extendida por los pueblos de Navarra y otras regiones. El historiador Rafael Carasatorre en su libro Barranca-Burunda da cuenta de diferentes documentos del siglo XVI que atestiguan que también se celebraba en Arbizu, Ihabar, Uharte Arakil, Hiriberrri y Urdiain. En Iturmendi, esta costumbre se interrumpió en 1962 por obras en la plaza pero pronto se recuperó, en 1977, el mismo año que en Bakaiku.