La poeta que rescata la belleza y la sencillez en lo cotidiano
La artista burladesa Anabel Iriarte publica ‘Atrapando sueños’, su tercer poemario en el que reivindica el amor humano y la sensibilidad como refugio vital
Escribir para decir “te quiero”, para aceptar la realidad, para encontrar la belleza colateral o para compartir las emociones de la vida. Así entiende la poesía Anabel Iriarte Lekunberri (Yelz, 1963), autora de Atrapando sueños, su tercer y último poemario publicado el pasado septiembre. Una obra que reúne 69 textos breves, de verso libre y vanguardista, donde el amor aparece como refugio e impulso vital. “Con pocas palabras puedes decir mucho y llegar directamente al corazón”, explica la artista, convencida de que la poesía no es un adorno, sino una forma de estar en el mundo y mirar con cariño y sensibilidad lo que, normalmente, no se ve.
Nacida en Yelz, Anabel llegó a Burlada con apenas nueve años y fue aquí donde echó raíces y ha construido, casi sin quererlo, una vida profundamente ligada a la gente. Durante cuarenta años trabajó en el Ayuntamiento de Burlada, primero como ordenanza y después como auxiliar administrativa. Desde la recepción fue, durante décadas, una de las primeras personas en atender a los vecinos de la localidad. “Mi trabajo era para el pueblo, para la gente”, expresa la poeta. El contacto diario con quienes acudían al consistorio le permitió escuchar, respetar y sostener la cercanía que caracteriza a la autora. “Traté siempre de atender con amor y paciencia a la persona que venía y a mis compañeras”, resume, reivindicando esa dimensión humana del servicio público que, con los años, también ha nutrido su mirada poética.
La sensibilidad ha sido siempre su manera de relacionarse con la realidad. “A veces ha sido una desventaja porque percibes detalles que otros no aprecian. Sin embargo, también es una fortaleza porque vivo la vida multiplicada por diez”, confiesa la navarra. De esta forma, Anabel antes de saltar al mundo literario, pasó una década vinculada al teatro, en donde los escenarios le permitieron “conocerse y disfrutar del arte desde una nueva perspectiva”.
No obstante, su niña interior le pedía más y la artista no pudo resistirse a escuchar la voluntad de su voz interior que se nutría de Rosalía de Castro, Machado, Bécquer, entre otros. Así, fue “hace unos 13 años” cuando la poesía dejó de ser para la autora solo lectura y se convirtió en escritura, tras apuntarse a “Pierde el miedo a la poesía”, un taller en Villava. “El primer año ya empecé a escribir, y al compartirlo vi que llegaba a los demás… Y a mí”, confiesa.
De ese proceso nació Reflejos de luz, su primer poemario, autopublicado en una edición artesanal de 50 ejemplares que se agotaron rápidamente. Poemas breves y acuarelas propias componen un libro inspirado en imágenes pequeñas pero reveladoras, “como el reflejo de la luna sobre el mar”, explica. Cinco años después llegó Afortunada, una obra más autobiográfica, donde revisa su propia historia con distancia y gratitud. “Lo que creía que era un problema hoy es lo que me hace ser quien soy”, subraya. Ese tránsito vital desemboca ahora en Atrapando sueños, un libro más libre, en el que ha elegido los poemas que más le representan y donde conviven textos largos con otros muy breves. “Un verso corto que diga mucho me encanta, porque el mensaje no se pierde”, aclara.
El amor es el hilo conductor de su obra. Así, en Atrapando sueños hay poemas dedicados a sus tres nietos. “Los niños son la vida misma, son pura poesía”, afirma. Esa mirada se extiende al conjunto del libro, que busca despertar al niño o la niña interior que muchas veces se silencia con el paso del tiempo. “Nos dicen: no cantes, no hagas tonterías… Y se nos olvida quiénes hemos sido”, reflexiona. Para Anabel, la poesía es también una forma de resistencia frente a una sociedad que corre demasiado rápido y que suele quedarse con lo negativo. “Si durante el día te pasan tres cosas malas y 97 buenas, por la noche recuerdas la mala. Pero lo bueno también necesita atención”, incide emocionada.
Jubilada desde hace dos años, Anabel vive una etapa activa pero consciente, en la que ha aprendido a bajar el ritmo y a cuidarse para seguir creando. Participa en recitales y continúa escribiendo desde la calma. Por ello, la autora no descarta nuevos proyectos. Así, Atrapando sueños, autopublicado, se vende a 15 euros y puede adquirirse en Burlada en la Librería Unzu y Regalos Gil y en Villava en la Librería Atarrabia, además de en sus propios recitales. Mientras piensa en su próximo proyecto bilingüe en euksera y castellano, Anabel continúa en la poesía para compartir que el mundo se sostiene, pese a todo, en el amor. “Somos luz, somos estrellas que hemos venido a brillar”, concluye.