Moratiel: Tecnología punta en la selección y el tratado de envases
La planta de reciclaje 4.0 de Peralta cuenta con un software de gestión para mejorar la trazabilidad, el rendimiento y la calidad. Líderes y ejemplo de éxito, la instalación, de gestión pública, apuesta por el desarrollo y la innovación junto a Ecoembes
Es la joya de la Mancomunidad de la Ribera Alta, y es que la planta de envases de Moratiel, situada en Peralta y en la que esperan invertir próximamente 4 millones de euros para su ampliación, ha dado un salto de calidad muy significativo en los últimos años gracias a una firme apuesta por el desarrollo, la innovación y la última tecnología que, en este caso, viene acompañada de la mano de Ecoembes. Y es que la planta 4.0 cuenta con instrumentos novedosos y punteros que le permiten obtener datos de los recursos que necesitan para conseguir los objetivos marcados.
En 2023, según informa desde la gerencia de la entidad, Miguel Ángel Arrastio, incorporaron un software de gestión, “un programa de la producción que controla todo; desde la materia prima que entra, los recursos que se deben utilizar, los consumos eléctricos, recursos humanos, los mantenimientos, así como un registro de la venta”. Lo que han hecho, añade el presidente de la misma, José Mª Palacios de Mier, “ha sido convertir un sitio donde se separaban diferentes tipos de plástico de un montón, en una fábrica”. Para ello han colocado, entre cámaras y módulos de control, cerca de 30 equipos nuevos. “Hay que poner en valor el hecho de que el personal se ha adaptado bastante bien a los cambios. Han visto que la aplicación de todo esto da sus frutos y tiene repercusión”.
“Somos un caso de éxito; un ejemplo de que se puede gestionar de otra manera y de que verdaderamente le damos un sentido a la economía circular; todo está sometido a controles, como en cualquier proceso industrial”, apunta Palacios de Mier. De hecho, han sido muchas las entidades que se han interesado y se han acercado hasta Peralta para ver cómo aplican tecnologías como las del proyecto Smart Waste con la instalación de sensores y sistemas GPS, junto con el Gemelo Digital, la visión artificial, el IoT o el big data.
Sin fecha de caducidad, puesto que se trata de un proceso de mejora continua, también aplican la inteligencia artificial.
El uso de la tecnología
La tecnología afecta a tres pilares; la trazabilidad es el primero de ellos y les permite conocer las características del material que entra en función de la procedencia. Y es que esta planta recibe envases de todo Navarra, excepto de Estella, Pamplona y Tudela; unas 5.000 toneladas al año de unos 150.000 habitantes. De esa cantidad, unas 3.700 toneladas se reciclan y el resto va al vertedero de El Culebrete de Tudela.
El segundo eje es el rendimiento de la planta y la mejora del proceso industrial; los envases no vienen igual de todos los sitios, ni son transportados de la misma manera. “Hay camiones con 9.000 kg procedentes de Sangüesa que llegan en un camión compactador de 10 m³, y eso no se procesa igual que lo que viene de Sakana, en un piso móvil de 40 m³ con 5 toneladas”.
Y, por último, está la eficiencia en el proceso, la calidad de éste. “Queremos clasificar mucho y clasificarlo muy bien. Y en este apartado es donde más estamos aplicando la inteligencia artificial; nos está permitiendo saber si el material cumple con los estándares de calidad que nosotros mismos hemos establecido”, apunta el gerente.
“Queremos demostrar que la aplicación de la tecnología en las plantas de clasificación de envases funciona y que hay casos de éxito. Además, queremos probar que el sector público, si se hace con rigor y profesionalidad, responde”. Para ello, recalca, es importante resaltar el papel de Ecoembes, “porque es como si fuese nuestro socio. A esta entidad le interesa, tanto como a nosotros, que estas plantas funcionen bien. Si a esta Mancomunidad, Ecoembes no le diera los 500.000 euros que recibimos por recoger y separar los envases, tendríamos que cobrarle al ciudadano medio millón de euros más por el servicio que prestamos, lo que supondría un aumento de la tasa anual que pagan de 30 euros”.
Recogida y personal
La basura orgánica se recoge dos días a la semana en cada una de las nueve localidades, y va a Cárcar; la fracción resto va a El Culebrete; el papel y cartón lo prensan en Moratiel y va a su distribuidor, así como la ropa (en breve, con el doble de contenedores gracias a un acuerdo con Traperos de Emaús) y el vidrio, que “para ofrecer un mejor servicio al ciudadano”, según apunta el presidente, lo recoge la propia Mancomunidad, una peculiaridad en Navarra. También está la recogida de voluminosos, que es gratuita una vez a la semana mediante aviso a la Mancomunidad, y los seis puntos limpios.
En la actualidad, si hablamos de personal, hay 16 chóferes para la recogida, más el jefe de servicio, y ocho peones; y en la planta trabajan 13 personas, más el responsable, con el apoyo de tres administrativos, el encargado general, el gerente, el técnico de medio ambiente y el presidente. “Hemos añadido perfiles muy técnicos y gente joven porque hay que adecuarse a los tiempos y a la legislación. No podemos concebir la gestión de los residuos como se ha hecho siempre”, indica el gerente.
A pesar de ello, “sigue habiendo margen de mejora y no paramos”, asevera el presidente, “se puede y seguimos mejorando”. De hecho, esperan hacerlo, por ejemplo, con el etiquetador automático de las balas, en el control de los recursos humanos, con el pesaje en continuo del rechazo y con una experiencia piloto de pago por generación.
Concienciación y sensibilización
Por último, la Mancomunidad también incide mucho en el trabajo de concienciación y sensibilización; tanto a nivel de comunicación, con boletines e información actualizada, como con campañas directas dirigidas a la ciudadanía.
Siempre van a existir envases, sin embargo, “las administraciones no deberían permitir el envasado con multi material, es decir, envases que contengan más de un tipo de plástico, el sobre envasado o el envasado innecesario. Los objetivos para las mancomunidades son cada vez más exigentes, pero estamos luchando contra unos hábitos de consumo y una regulación que no favorece para nada la economía circular”.