Los veinte años de Pablitomix detrás de la mesa de mezclas dan para escribir un libro –o toda una saga–. “No soy el típico DJ mueble”, dice. Baja del escenario para unirse a la conga, se marca una coreografía en medio de la fiesta o tira de micrófono, “pero sin dar la chapa”. Aunque en 2007 empezó trabajando como suplente en bodas, en el Señorío de Beraiz, y con un equipo modesto que le compró a un amigo de su hermano, Pablo Larraya es ahora todo un experto en unir, a través de la música, a todas las generaciones que coexisten entre el público; una tarea que le ha costado más de un susto a este pinchadiscos de Pamplona.
Una vez, cuando tuvo que ausentarse del escenario unos minutos para ir al baño, se encontró la clavija de los altavoces desenchufada. “Unos chavales la habían conectado a su móvil y estaba sonando tecno a todo trapo”, cuenta. “Es muy complicado complacer a todo el mundo. Si pones música de antes, que es lo que quiere la gente más mayor, los jóvenes se quejan; si pones reggaeton o cosas actuales, protestan los mayores”, explica. Por eso, él prefiere sorprender. “No llevo las sesiones preparadas”, revela, “observo al público, veo cómo reacciona, qué le apetece...”. De esta manera, en las fiestas a cargo de Pablo, artistas como Aitana, Bad Gyal o Sebastián Yatra conviven con éxitos ochenteros o con los recopilatorios de los noventa de Máquina Total o Blanco y Negro Mix.
Pero la música no fue su primer acercamiento al mundo del espectáculo. De hecho, además de definirse a sí mismo como “PTV” (pamplonica de toda la vida), Pablo se considera un “STV” (salsero de toda la vida). En 1997 se incorporó como locutor en Trak FM, una radio local de Pamplona, donde se dedicaba a hacer radio fórmula y a charlar sobre cine, televisión, cotilleos... De 2001 a 2004 se trasladó a Madrid, se formó como locutor y trabajó como figurante en algunas de las series más emblemáticas de la época, como Al salir de clase, Compañeros, Un paso adelante u Hospital Central.
Quiso dar un paso más y se presentó a “algún casting más serio”, pero surgió un inconveniente que le ha ido persiguiendo a lo largo de su vida. “No tener la carrera de Periodismo me ha resultado un hándicap en muchas ocasiones. Yo estudié Relaciones Laborales, pero nunca me ha llamado trabajar de ello”, reconoce. Aunque contaba con una larga trayectoria en el gremio, la realidad es que en la mayoría de proyectos a los que intentó acceder “pedían periodistas”.
Temática LGTBIQ+
Dejó Madrid para regresar a su tierra, Pamplona, y emprender Radio Gay Picture Show, un programa de Trak FM que ofrecía charlas de temática LGTBIQ+ durante dos horas a la semana. “Comentamos la aprobación del matrimonio homosexual, en 2005, o hablábamos acerca de la transexualidad, que por aquel entonces, todavía era tabú”, recuerda. Además, los oyentes podían llamar y plantear dudas sobre el uso de preservativo, la marcha atrás y el sexo entre hombres o entre mujeres. Aunque el programa tuvo una muy buena acogida, “lo hacíamos por amor al arte”, expone, así que tuvo que abandonarlo para iniciarse en el mundo de la música.
En estos momentos, Pablo trabaja como DJ en dos bares de ambiente LGTBIQ+ –Los Portales Pub y Atxiki Bar– y en El Niza. Según cuenta, el panorama en cuanto a este tipo de locales no tiene nada que ver con el de hace 25 años. “Antes, en San Juan, teníamos bares como el Alakarga, el M40 o el Reverendos”, cuenta, “e incluso una sauna gay”. Según explica, la gente “iba a lo que iba” a esos lugares, así que la llegada de las aplicaciones de citas los hizo volverse inservibles. “El ligoteo pasó a hacerse por internet”, bromea. A pesar de que este tipo de establecimientos son para el colectivo “lugares seguros que es importante mantener”, en 2023, la gran bandera arcoíris de la puerta del Atxiki amaneció vandalizada. “Nadie se libra de sufrir homofobia”, critica el DJ.
Ahora, además de estar colaborando con Essentiarts, una empresa de eventos musicales, Pablitomix se trae entre manos un proyecto que pretende cambiar el concepto de las sobremesas y de las fiestas de pueblo, de la mano de Circus Park y Aegory Kingdom. Esto no es un simulacro, como han bautizado a la iniciativa, ofrece una experiencia que combina un bingo musical, desafíos y pruebas para todas las edades que prometen “poner a disfrutar a todas las generaciones de pueblos, empresas o familias”.